A diferencia del hombre moderno, los pueblos prehistóricos de Europa no utilizaban sustancias que alteran la mente simplemente por el placer hedonista. El uso de alcohol y drogas de plantas – como la amapola y las setas alucinógenas – estaba altamente regulado.  Elisa Guerra-Doce de la Universidad de Valladolid en España sostiene que su uso era una parte integral de las creencias prehistóricas, y que estas sustancias se observaron para ayudar en la comunicación con el mundo espiritual.

En la investigación, se examinaron cuatro tipos diferentes de documentos arqueológicos: macrofósiles de las hojas, frutos o semillas de plantas psicoactivas; los residuos sugestivos de bebidas alcohólicas; los alcaloides psicoactivos hallados en artefactos arqueológicos y restos óseos a partir de épocas prehistóricas; y representaciones artísticas de las especies de plantas que alteran el humor y escenas de beber (estos restos incluyen restos de adormidera en los dientes de un adulto de sexo masculino en un yacimiento neolítico en España, semillas de cannabis carbonizadas en recipientes que se encuentran en Rumania, rastros de la cerveza de cebada en varios recipientes de cerámica recuperados en Iberia, y diseños abstractos en los Alpes italianos que representan el uso ritual de setas alucinógenas.

Este contexto arquetípico y vinculado a la trascendencia del ser humano se ha transformado en nuestros días en un consumo compulsivo vinculado en unos casos al componente social y relacional y en otros a la necesidad de evadirse del entorno, de los problemas, o incluso y lo que es peor, de uno mismo. El patrón de consumo ha cambiado en los últimos veinte años. El consumir drogas forma parte de la cultura del ocio y de la diversión de los fines de semana, para muchos jóvenes supone una ruptura, un “corte” con los días del resto de la semana y sus rutinas.

Según las conclusiones de la mesa “Tóxicos y alcohol en la adolescencia” dentro del curso de avances en pediatría 2014 de la AEPap (Asociación Española de Pediatría en Atención Primaria), “una parte considerable de la mortalidad prematura en España se relaciona con el uso de sustancias adictivas: tabaco, alcohol y drogas de uso no institucional y la adolescencia es un período clave para la adopción de las pautas de uso de sustancias adictivas. Las drogas más consumidas son el alcohol, el tabaco, el cannabis y los tranquilizantes (Alguna vez en la vida, un 77,2% han tomado bebidas alcohólicas, un 36,7% tabaco, un 17% cannabis, un 2,5% tranquilizantes con receta, un 1,9% el speed o anfetaminas, un 1,3% tranquilizantes sin receta, un 1,1% éxtasis, 1% cocaína y el 0,7% inhalantes volátiles)”.

Los estudiantes que consumen drogas suelen consumir varias sustancias y no una sola. Constituye un patrón de consumo cada vez más prevalente. De hecho en la encuesta presentada, “el 22% de los jóvenes de 13 a 18 no ha consumido ninguna sustancia en ningún momento, el 39,7% una sola sustancia, 23,3% dos sustancias, el 11, 1% tres y el resto tres o más. La edad media de inicio del consumo de alcohol y tabaco se sitúa entre los 13 y los 14 años. En las drogas ilegales, entre los 15 y 16 años y en general, en España, se observa una tendencia estable en la evolución de la edad media de inicio del consumo de estas sustancias.

Respecto al patrón de consumo, el consumo diario en general está muy poco extendido entre los jóvenes, solo un 2,1% de escolares consumen alcohol a diario y un 10,4% tabaco. El consumo de cannabis está presente en el 4% de los escolares en los últimos 30 días. El consumo de estas sustancias se concentra en el fin de semana, fundamentalmente durante la noche, con sus grupos de iguales, en espacios o lugares de ocio (calle, bares, pubs o discotecas) y el “botellón” lo practican un 30,8% de los encuestados”.

La extensión de consumo de las drogas ilegales se mantiene en tendencia descendente, debido al consumo esporádico. Las sustancias tipo psicoestimulantes (éxtasis, anfetaminas), cocaína y alucinógenos presentan altos porcentajes de consumo junto a otras sustancias, lo que puede hacer pensar que son sustancias de consumo ocasional, “añadidas” a otras sustancias, sobre todo el alcohol. También aumenta la tendencia a beber de forma más intensiva entre los que beben (borracheras y bingedrinking), la prevalencia de borracheras en el último año entre los que han consumido alcohol es del 64%.

El estudio apunta a que “La prevención de las conductas de riesgo tóxico debe comenzar desde las primeras edades e integrarse dentro de la formación general de los niños y adolescentes de una forma sistemática y continua. Lo que se pretende es evitar o retrasar la edad de inicio en el consumo. En ese sentido, el trabajo interdisciplinar de la consulta médica, la familia y el colegio son fundamentales”, tratando de informar, educar e identificar el consumo incipiente por parte de un joven.


Diego Mugarza

Diego Mugarza

Licenciado en administración y dirección de empresas, master en marketing y direccion comercial. Amante de todo tipo de deportes, de la musica, la naturaleza y viajero empedernido. La felicidad es su objetivo de vida, entiende la salud como una herramienta más para poder llegar a ser feliz.