Una buena alimentación es fundamental en todas las edades, pero especialmente lo es en la edad infantil ya que es el periodo de tiempo durante el cual se desarrolla nuestro organismo, adquiriendo la configuración que después va a tener de adulto. Para nuestro cerebro es una etapa fundamental y por lo tanto para todo el desarrollo de nuestras capacidades. Una buena alimentación para estudiar y por supuesto para que el niño crezca sano y fuerte, es muy importante.

Comer bien afecta no sólo a su crecimiento físico, sino también a su desarrollo intelectual. Una buena alimentación puede influir notablemente en su capacidad de estudiar y en su futuro. Pero si importante es el hecho de la composición equilibrada de las comidas en los más peques, tan importante es el hecho del hábito alimenticio que seamos capaces de inculcarles, tanto en lo relativo a horarios como en lo referente a sensibilidad sobre la importancia de la incorporación de determinados alimentos a la dieta.

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Tal es así que los expertos apuntan a que los niños pequeños que desarrollan un buen hábito de alimentación tienen más facilidad a la hora de estudiar y de ser buenos estudiantes en el futuro, y así lo ha asegurado recientemente a Europa Press la directora del Centro de Psicología para el Bienestar Emocional y profesora del Máster en Psicología Clínica y de la Salud y del de Psicología Clínica Infantojuvenil del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), Rocío Ramos-Paúl, también conocida como ‘Supernanny’.

La hora de la comida es, para muchos padres, una auténtica pesadilla. La mesa se convierte en un campo de batalla donde padres e hijos se enfrentan en un pulso para ver quién gana. No se trata solamente de una lucha de poderes sino de la verdadera preocupación de los padres por la alimentación infantil y cómo poder generar buenos hábitos alimenticios. Estudios recientes muestran que la manera como los padres manejen la situación tendrá mucho que ver con lo que nuestros hijos coman; es decir que según cómo nos acerquemos a ellos podemos influir positiva o negativamente en sus hábitos alimenticios.

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La alimentación de los más peques es muy importante para un buen desarrollo intelectual y mejora su capacidad futura para estudiar.

La experiencia demuestra que el 40% de los menores suelen tener problemas a la hora de comer, por ello, la experta ha destacado la necesidad de detectar si estas dificultades se deben a enfermedades de base, para lo cual aconseja acudir a un médico, o si, por el contrario, son sólo para llamar la atención de los padres. Aspecto este muy relevante puesto que una carencia afectiva motivada por la “falta de tiempo” y las “prisas” relacionadas con nuestro estilo de vida pueden ser una constante en nuestras vidas y eso el niño lo percibe y a veces trata de llamar la atención de los mayores con actitudes de este tipo

Ante este último caso, la experta ha asegurado que aunque “cada niño es un mundo” es importante que los padres intenten inculcarles el hábito de sentarse a comer. Para ello, ha recomendado que cuando el menor no quiera comer no se esté hablando continuamente del tema, sino que se ponga la mesa, se intente que esté sentado entre 20 y 40 minutos y, posteriormente, se pase a realizar otra actividad. Si esta actitud persiste en el tiempo y provoca problemas de nutrición, es muy importante acudir a la consulta de un especialista para que nos ayude a controlar y a superar este problema.

En este sentido, la psicóloga infantil ha rechazado las actitudes que pueden mantener algunos padres para conseguir que sus hijos coman, como por ejemplo distraerles con juegos mientras les meten la cuchara en la boca, ya que, según ha advertido, con estos actos se evita que el niño tenga sensación de saciedad, favoreciendo así la posibilidad de que en un futuro puedan padecer obesidad; con todo lo que significa el sobrepeso hoy en día en nuestra sociedad ya que en algunos casos está llegando a significar un problema de salud pública.

Hay que empezar a enseñar a los niños desde el minuto cero a tener un horario en las comidas, el cual debe ir ajustándose progresivamente al de los adultos. No obstante, no hay una receta mágica porque cada niño es diferente, por lo que si los padres detectan que no pueden lograr que su hijo adquiera este hábito es recomendable que acudan a un especialista” apunta la experta.

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