La verdad es que la palabra “transgénicos” bonita, desde luego, no es. Y si a esto le sumamos el desconocimiento que rodea a todo lo relacionado con este término, pues peor lo ponemos. Y es que el significado de alimento transgénico no puede ser más complicado de entender si no se tiene cierto conocimiento sobre ciencia.

 

Ahí va: los alimentos transgénicos son aquellos que han sido producidos a partir de un organismo modificado mediante ingeniería genética y se le han incorporado genes de otro organismo para producir las características deseadas. En la actualidad tienen mayor presencia de alimentos procedentes de plantas transgénicas como el maíz o la soja. Vamos a intentar arrojar algo de luz sobre este tema al que normalmente, y por desconocimiento, se le coloca siempre en la sombra.

El ser humano lleva miles de años trabajando para conseguir mejorar las especies que sirven de alimento. Entre el 12.000 y 4.000 a. de C. ya se realizaba una mejora por selección artificial de plantas o, simplemente, selección. Es decir, el hombre separa para distinto uso reproductivo los ejemplares de una especie vegetal o animal basándose en sus características. Esta actuación, llevada a cabo a lo largo de varias generaciones, consigue la aparición de variedades razonablemente estables, que son empleadas posteriormente con fines agrícolas o ganaderos. Mediante este tipo de selección surgieron -por ejemplo- todas las variedades de perros modernas, que están orientadas a tareas específicas como la vigilancia y la compañía, así como a satisfacer preferencias estéticas, por la apariencia del pelo o por su figura entre otras. Las características de los productos agrícolas también están determinadas en gran medida por efectos de la selección artificial que ha realizado el hombre a lo largo de los años, proceso gracias al que se han logrado variedades vegetales que se pueden aprovechar fácilmente para usos alimenticios del ser humano, como es el caso del maíz y el plátano, cuyos frutos tienen un rendimiento comestible mayor que las variedades silvestres de las que proceden. También en las plantas ornamentales se han llegado a desarrollar variedades de gran belleza gracias a la selección artificial de las características deseadas.

shutterstock_110154599Pues bien, con la aparición de la ingeniería genética en 1970 se abrieron nuevas perspectivas en el campo de la biotecnología gracias a la elaboración de nuevas técnicas que permiten llegar directamente al material que está en el origen de todas las características y procesos vitales, es decir, el ADN. El objetivo de estas nuevas técnicas es la manipulación in Vitro del ADN, y la introducción de este ADN así modificado en células vivas y la incorporación del mismo como parte del material hereditario de dichas células. De este modo, ADN de diversas procedencias, por ejemplo, la fracción de ADN humano que regula la síntesis de insulina, puede introducirse en bacterias; de manera que pasa a formar parte de su genoma y logramos así que la bacteria adquiera la capacidad de producir insulina.

Centrándonos en los alimentos transgénicos, contamos en la actualidad con plantas transgénicas de más de cuarenta especies. Gracias a la ingeniería genética se han conseguido plantas resistentes a enfermedades producidas por virus, bacterias o insectos, lo que conlleva la disminución de la contaminación debido al uso de insecticidas en acuíferos y suelo. También se han conseguido otro tipo de mejoras, como la producción de distintas sustancias en los alimentos que aumentan su calidad nutricional, mejorar las cualidades organolépticas de un producto o que ciertas plantas sean más resistentes a determinados factores ambientales, como el frío.

Las aplicaciones farmacéuticas son otro gran punto de interés. La biotecnología permite desarrollar plantas transgénicas que producen sustancias de interés farmacológico, como anticuerpos, ciertas proteínas y hormonas, como la hormona del crecimiento.

El debate queda abierto. Los transgénicos tienen muchos detractores, pero desde mi humilde opinión confío en los avances científicos y tecnológicos y en las instituciones que evalúan los riesgos de dichos avances. Aunque cierto es que, como todo en la vida, los excesos se pagan y el abusar de este tipo de cultivos en detrimento de los cultivos tradicionales puede que esté afectando a ciertas especies de insectos polinizadores tal y como abogan las asociaciones de ecologistas. Esperemos que el tiempo y la razón pongan, como siempre, las cosas en su sitio.