Te propongo esta sencilla práctica antes de entrar a un lugar: Si vas a entrar a un lugar donde tu sueño no esté protegido, deja tu sueño en el felpudo. Hemos descubierto que los felpudos son excelentes cuidadores de sueños. Tienen la práctica función de aguardar tu salida para hacerte de nuevo entrega de lo más preciado que tienes.

¿Cómo? Un día sentí que mi trabajo no era el que deseaba para toda la vida. Era el primero, sí, pero no era mi lugar. Trabajé en un departamento de reclamaciones de una empresa Aseguradora. Cada llamada era una aventura emocional para mi cuerpo. Qué montaña rusa. Para sobrellevarlo, me prometí repetirme cada mañana las mismas frases antes de entrar por la puerta de la oficina, mientras limpiara mis pies en el felpudo: “Esto es sólo un medio para alcanzar un fin mayor”, “adelante con tus sueños, ¡siempre adelante!”

Aprendí mucho sobre mi capacidad empática y la necesaria combinación con la asertividad para afrontar cada día lo mejor posible y acabar la jornada con una sonrisa. No era magia, era cuestión de actitud. Quería hacerlo porque después de tantas horas de vaivén: me lo merecía.

Con el tiempo he aprendido a escuchar al otro para saber si ha entendido lo que he querido trasmitir, para evitar interpretaciones erróneas

No quería irme enfadada de allí, porque pasara lo que pasara sentía que al menos, SÍ podía elegir la actitud con la que salir por esa puerta. Por eso jugué a visualizar que la mejor entrega a domicilio estaría allí: en el felpudo. Mi sueño de ser Psicóloga y ayudar a más personas a ser felices me ayudaba. Ese sueño que cada mañana dejaba ahí y al salir ahí me esperaba.

shutterstock_123444988Diez años después, al mirar atrás agradezco lo vivido.

Viví muchas tensiones, incluso por primera vez, sentí ganas de querer pegar a una compañera que se permitió el lujo de descolocar 100 expedientes que habían sido colocados minuciosamente durante semanas. Llegué a conocer la ira en mis puños, notaba cómo latía el corazón en mi palma de la mano con una fuerza increíble. Sí, es necesario enfadarse para aprender a poner límites. Por suerte, no hice algo impulsivo. Supe parar, ver EL ROJO de ese semáforo que tanto explicamos en el mundo emocional para fomentar el autocontrol. ¿Quieres saber tú también cómo funciona? A mí me salvó la vida:

EL ROJO: Parar y respirar profundamente. Cerrar los puños y no lanzarlos contra alguien, contra algo. Parar. Respira, sal de ese lugar y quédate un ratito fuera, desconecta en el baño… lo que quieras, pero no hagas algo de forma automática de lo que luego te puedes arrepentir. No grites ni descargues con vehemencia la ira que te envuelve. Porque el enfado sube como la espuma y se viene arriba mientras se genera una enorme espiral. Entonces, es cuando la emoción te secuestra. Desde aquí te lo recuerdo porque ¿sabes una cosa? Al final, es tu cuerpo el que se activa y se llena de sustancias en sangre que lo dejan activado de manera desagradable. ¿Sabías que tu enfado puede durar más de tres horas en tu sangre? Las responsables son las queridas catecolaminas (neurotransmisores que se vierten al torrente sanguíneo). Además, a nivel fisiológico, también tu mente puede sentir culpa por haber reaccionado impulsivamente y no haber elegido otra posibilidad, como puede ser: EL AMARILLO.

Conseguir no comerse enfados, ayuda a una silueta más ajustada con quien tú eres y eso te aportará mucha felicidad

AMARILLO: Pensar. Es legítimo sentirse enfado, que no te avergüence ser humano y sentir emociones. Evalúa si debes responder ahora que estás enfadado, o bien no es urgente y puede esperar. Si no es urgente la respuesta, piensa en las opciones que en ese momento son más convenientes y ecológicas (benefician a todos) y que estén más ajustadas a lo que sucedió. Crea nuevos caminos, sus pros y contras, sopesa en qué momento te viene mejor decir algo, cuándo ni merece la pena. Si descubres que a futuro no te gustaría que se comportaran igual, es preciso que puedas expresar tu enfado. Encuentra el valor para expresar enfado de una forma serena y con un lenguaje sencillo, claro y conciso, dentro de un contexto de respeto, con la persona adecuada y en circunstancias alejada de escenarios públicos, para cuidar que pueda sentirse intimidada. Antes de hablar, piensa en la estrategia para conseguir tu objetivo. Espera a que baje tu enfado y después verás cómo puedes decir lo que te sucede, porque será el momento de ese VERDE.

shutterstock_165375131VERDE: Actuar. Ahora sí. Para ello, te apoyará un patrón sencillo que aún utilizo: “Cuando tú no me preguntas por un expediente y pasas a descolocar los que hay en la mesa, yo siento enfado, mucho enfado. Para que evitar que vuelva a pasar, me gustaría que la próxima vez pudieras antes pedirme lo que precises y yo, te podré comentar al respecto”.

Se trata de un mensaje que cuenta con el comportamiento que no te ha gustado, la emoción que te ha producido, la petición para próximas veces y el comportamiento que a partir de ahora realizarás.

A lo largo del tiempo, he aprendido a escuchar al otro para saber si ha entendido lo que he querido trasmitir, para evitar interpretaciones erróneas. Pero también, he aprendido a que a veces, no se entiende el mensaje porque cada uno tiene su visión distinta de las cosas.

De lo que más orgullosa me siento es de no sentirme arrastrada por los arrebatos de ira y poder PARAR sin golpear (ni siquiera con palabras o gestos), PENSAR (evaluar y sopesar el objetivo a conseguir, mi coste emocional y la relación que hay en juego) y ACTUAR. Sobre todo HACER LA OPCIÓN ELEGIDA y mentalmente descansar, cerrar el asunto con bienestar.

¿Qué me lo impedía hasta entonces? El miedo al rechazo: “el qué dirán” o frase como “a ver si se van a enfadar y no me hablan luego”. Descubrir que expresar emociones es lo más auténtico y me aporta bienestar, me anima a seguir adelante. La alegría que me daba no salir enfadadísima, no perder tiempo después para “ventilarme” y simplemente que se me pasara y salir contenta a “recoger mis sueños que me esperaban a la puerta”, hizo que cada día tuviera más energía y la alegría de irme tranquila fuera MI MAYOR PREMIO. Agradecida hoy por los múltiples enfados que en el día a día nos provoca la agitada convivencia laboral, aprendí lecciones de vida que aún hoy me ayudan a tener mejor calidad de Día, por tanto, de Vida.

Si te llama la atención todo esto, te reto a que lo pongas en práctica, como quien empieza una dieta. Conseguir no comerse enfados, ayuda a una silueta más ajustada con quien tú eres y eso te aportará mucha felicidad. Además, el felpudo puede ser uno de los grandes aliados como anclaje para recordártelo cada día. No olvides que en él puedes dejar todo y al finalizar la jornada, salir con ganas de recogerlo de nuevo y caminar hacia tu horizonte de futuro. La esperanza, aguarda para que traspases el umbral de tu puerta, pises fuerte y con energía hacia tu bienestar. Protege tus sueños, protege tu bienestar, sé tu propio guardián: el guardián de los sueños que habitas.

 


 

ElenaElena Fernández. Afrontando retos y con ganas de vivir, contagiada ferozmente por el fascinante mundo del cerebro, se licenció en Psicología, consiguió el DEA y sigue investigando en la tesis doctoral. Emprendedora y socia co-fundadora de N-Acción.Coach y formadora de coaches desde el Master de Coaching, Inteligencia Emocional, Relacional y Ciencia Cognitiva en la Universidad de Alcalá. Con ganas de transmitir en los artículos que comparte en Knowi los beneficios que puedan aportar sus granitos de arena para ser feliz.