La semana pasada se celebró el Día Europeo del uso Prudente de Antibióticos y el Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría (AEP) quisó llamar la atención en torno al mal uso que pudiera estar haciéndose de estos fármacos en el ámbito de la pediatría.

“No hay duda de que un alto porcentaje de los antibióticos prescritos no son necesarios”, asegura el doctor Roi Piñeiro Pérez, miembro de dicho Comité. “Más del 90% de las infecciones que tienen los niños durante los 2-3 primeros años de vida son virales, y por tanto no precisan antibióticos; sin embargo es raro encontrar un niño español menor de 3 años que no haya recibido 2 o 3 ciclos antibióticos, como mínimo, a lo largo de su corta vida”.

En este sentido los pediatras recuerdan que, los antibióticos son medicamentos que se utilizan para tratar infecciones producidas por bacterias y que no son efectivos frente a virus u otros microorganismos.

El riesgo del uso indebido y el abuso de antibióticos se debe al desarrollo de resistencias a los mismos por parte de los microorganismos, de tal forma que “si no los cuidamos entre todos, mañana no servirán para curar.  De hecho, hay algunos antibióticos, como la penicilina, que ya solo son efectivos en algunas enfermedades.

Cuando no sirvan para curar ninguna infección, será como si se hubieran extinguido, pues no tendrá sentido fabricarlo” -advierte el doctor Piñeiro, y añade que: “El ritmo de desarrollo de nuevas resistencias por parte de las bacterias es mayor que la aparición de nuevos antibióticos por lo que, si no invertimos esta tendencia, existe el riesgo potencial de volver a la era preantibiótica, y a la llegada de infecciones frente a los que no existiría ningún tratamiento eficaz.  No es ciencia ficción. En realidad, ya hay algunas enfermedades infecciosas frente a los que no existe curación, como por ejemplo algunas tuberculosis extremadamente resistentes”. No en vano, la resistencia a los antibióticos está catalogada como un “riesgo global” dentro del informe anual del  World Economic Forum.

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Así, además de llamar a la responsabilidad de los profesionales de la salud de utilizarlos adecuadamente y basándose en la evidencia científica actual, los pediatras apelan a la de los padres, quienes “deben confiar en su pediatra. Solo reduciendo el uso inapropiado de antibióticos nos protegeremos de las infecciones por bacterias multirresistentes. Cada antibiótico que nos ahorramos es una nueva opción terapéutica para el futuro”, asevera el doctor.

 Presión de los padres

“Los antibióticos no son analgésicos y no pueden aliviar el dolor de cabeza, garganta, curar un resfriado ni quitar la fiebre. La gran mayoría de las infecciones invernales que afectan a la nariz, los oídos, la garganta o los pulmones es producida por virus, por lo que administrar antibióticos al menor no va, en ningún caso, a aliviar esta sintomatología”, indica el doctor Piñeiro a la vez que recuerda que, en ocasiones, existe presión de la familia que exige un determinado antibiótico para que se cure el catarro de su hijo. Los síntomas de los catarros se pueden aliviar con otros medicamentos, como los analgésicos que disminuyen el malestar o el dolor. En el caso de la gripe, la única manera de prevenir su aparición y síntomas es a través de la vacunación”, añade.

Por otro lado, este experto subraya que las enfermedades son evolutivas y recomienda esperar a un tiempo prudencial que permita observar la evolución de las patologías y tener un diagnóstico, antes de administrar un antibiótico. “Ante un síndrome febril de menos de 6 horas de evolución, con buen estado general y exploración física normal, lo indicado es esperar. La mayor parte de las enfermedades invernales mejoran al cabo de dos semanas”.


Lorena Pérez

Lorena Pérez

Licenciada en Periodismo, lleva diez años escribiendo en distintos medios sobre salud, ocio y cine. Aficionada a la buena cocina y la buena comida (sólo si es sin gluten), deportista y cinéfila sin remedio, se acerca al mundo de la salud desde un punto de vista amable y riguroso, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los lectores de Knowi.