El pasado 2 de junio saltaba a los medios la noticia de que un pequeño de 6 años se encontraba ingresado grave en la UCI pediátrica de un hospital de Barcelona. Se trataba del primer caso de difteria desde 1987 en un niño no vacunado.

Y así vuelve a surgir el debate sobre las vacunas, ya que ésta enfermedad llevaba casi 30 años sin manifestarse. “La difteria es una enfermedad contagiosa muy grave producida por una bacteria que afecta a las vías respiratorias altas provocando inflamación y formación de membranas. Esto provoca obstrucción de la vía aérea y gran afectación del estado general con consecuencias muy graves, incluso mortales, para quien la padece”, según explica la Doctora Romero, coordinadora de la Unidad de Pediatría de HM Hospitales.

Gracias a los avances de la medicina, la supervivencia y la calidad de vida de la población es mucho mayor que en épocas anteriores. Gran parte del éxito en la lucha contra las enfermedades la tiene el desarrollo de nuevos fármacos, entre los que se encuentran las vacunas. “En España, gracias a las políticas sanitarias de financiación de vacunas y al esfuerzo durante muchos años de pediatras, médicos puericultores y enfermeras, se han conseguido coberturas vacunales cercanas al 95% de la población, hecho del que siempre nos hemos sentido muy orgullosos”, declara la Dra. Romero.

La pediatra añade que desde hace unos años “vivimos con preocupación el aumento de padres que no desean vacunar a sus hijos”. Con esta negativa ponen en riesgo real de enfermar a sus hijos y provocan de forma intencionada (no por falta de recursos ni extrema pobreza) que las magníficas coberturas vacunales alcanzadas desciendan.

Ante esta realidad la pediatra realiza las siguientes aclaraciones para rebatir aquellos argumentos que defienden la no vacunación.

1. “Es mejor pasar la enfermedad que vacunarse”

Con la vacunación se evita la enfermedad o en el caso de que ésta se contraiga, que sea siempre mucho más leve. Incluso las enfermedades consideradas tradicionalmente benignas pueden tener complicaciones gravísimas (por ejemplo, varicela, gastroenteritis por Rotavirus…) por lo que la vacunación es siempre recomendable.

2. “Las vacunas no producen inmunidad duradera”

Muchas enfermedades tampoco. Por eso es preciso vacunarse y repetir dosis cada cierto tiempo, es decir, cumplir la pauta que los profesionales recomendamos.

3. “La industria farmacéutica tiene intereses comerciales”

No hay industria, negocio o actividad empresarial que no tenga intereses comerciales, pero no por ello hay que desconfiar de la profesionalidad, de la seriedad, de la eficacia y de la utilidad indiscutible de las vacunas.

4. “Las vacunas no son seguras, puede ser peor el remedio que la propia enfermedad”.

En la actualidad el desarrollo de los medicamentos y en especial de las vacunas, es muy riguroso y pueden pasar muchos años antes de que se comercialice (siempre es preciso contrastar la eficacia contra la enfermedad y la ausencia de reacciones adversas).

5. “Las vacunas tradicionalmente se han relacionado con enfermedades como autismo y encefalopatía”.

Los avances en el campo de la Medicina (pruebas genéticas, determinaciones de laboratorio, estudios de neuroimagen) han permitido poner “nombre y apellido” y conocer la causa de muchas enfermedades que hace años desconocíamos, y que por ser niños vacunados se relacionaba de forma incorrecta con la vacunación.

6. “Mi hijo no está vacunado y nunca se ha puesto enfermo”.

Cuando las coberturas vacunales son muy altas, la enfermedad no puede propagarse y “desaparece”. Los niños vacunados protegen al que no lo está. Sin embargo, si aumenta el número de niños no vacunados, o lo que es lo mismo, disminuyen las coberturas de vacunación, la enfermedad volverá a resurgir porque se facilita el contagio entre niños no protegidos por la vacuna.

Con este caso se ha abierto un debate social sobre la conveniencia de que sea obligatoria la vacunación infantil. “El que en los últimos 30 años no haya habido ningún caso de difteria implica que una gran parte de los médicos que actualmente ejercemos, los que tenemos menos de 50 años, nunca hemos tratado pacientes con esta infección. Sólo conocemos la enfermedad a través de los libros de texto, igual que por fortuna no hemos visto Peste ni Viruela, y sería un retraso enorme volver a luchar contra enfermedades que ya teníamos superadas” concluye la Dra. Romero.