El consumo de bebidas con cafeína o azúcar puede afectar el metabolismo del cuerpo, causando cambios en la frecuencia cardiaca y respiratoria, así como aumento de peso. Los resultados de un nuevo estudio trata de poner blanco sobre negro sobre si las personas responden de manera diferente a las bebidas con cafeína que contienen azúcar o no.

 

El artículo titulado “La cafeína con y sin azúcar: Las diferencias individuales en las respuestas fisiológicas durante el descanso,” desarrollado por Elaine Rush, PhD y varios coautores, de la Universidad Tecnológica de Auckland (Auckland, Nueva Zelanda) ha sido publicado en la revista científica Journal of Caffeine Research, una publicación revisada por pares de Mary Ann Liebert , Inc., editores.

El consumo de bebidas refrescantes que contienen cafeína es muy elevado en el mundo, encontrándose ahora en el mercado disponibles aquellas que tienen una concentración determinada de azúcar, o que tienen un sustituto en forma de edulcorantes de diferente perfil y composición.

En el estudio realizado, el resultado ha sido que la respuesta fisiológica a la cafeína complementada con y sin azúcar varía ampliamente en dependencia del fenotipo individual, los niveles de actividad física, la ingesta y la respuesta metabólica de cada individuo, etc… por ello se hace preciso seguir investigando en esta materia. En cualquier caso lo que sí parece probado es que tanto la cafeína como el propio azúcar y el gas de las bebidas carbónicas producen un efecto neurológico y metabólico que puede llegar a ser adictivo si el consumo es excesivo.

Independientemente de este fenómeno potencialmente adictivo, que hemos de tener muy en cuenta sobre todo a la hora de que nuestros hijos nos pidan incansable e insaciablemente, de forma reiterativa y “machacona” un refresco tras otro, hemos de considerar la importancia de que estamos contribuyendo a suplementar su alimentación con cantidades importantes de glucosa, lo cual incide directamente en su metabolismo y por supuesto en una ingesta calórica y energética elevada, lo cual puede ser la génesis de un potencial sobrepeso y llegado el caso de obesidad. Además se pueden producir otros trastornos relacionados que pueden derivar en la edad adulta o bien en una diabetes tipo dos o diabetes del adulto, o bien en un síndrome metabólico de consecuencias conocidas por todos en forma de incremento del riesgo cardiovascular o de sufrir alguna de sus graves complicaciones.

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Tengamos en cuenta que vivimos en una sociedad y en un entorno donde el sedentarismo, la alimentación desequilibrada y la falta de una educación para la salud y la nutrición imprescindible campan por sus respetos y están haciendo estragos en la salud de muchos jóvenes y niños tal y como apuntan los informes más recientes elaborados por expertos.

Hemos llegado a un punto en el que hay niños y jóvenes que piensan en la comida asociada a un refresco y no al agua, que es el producto natural más sano, más saludable y más eficaz a la hora de quitarnos la sed y rehidratarnos, siendo además inocuo en términos del incremento calórico de nuestra dieta.

En conclusión e independientemente de los efectos asociados al consumo elevado de cafeína y carbónico, es necesario que tomemos conciencia de que el consumo excesivo de refrescos ricos en estos componentes y en azúcar puede ser una mala elección, puesto que además de las consecuencias y riesgos comentados, a ellos se añaden la posibilidad de producirse otros trastornos dispépticos en el aparato digestivo, caries y alteraciones en las encías, generación de cálculos renales por bajo consumo de agua, fenómenos de intolerancia a la glucosa y por supuesto sobrepeso y obesidad.

Al final y como en todo la virtud está en ser conscientes de ello, que nunca un refresco sustituya al agua y que en caso de que los consumamos se haga con moderación y prudencia, estando especialmente atentos a su composición y evitando en lo posible la sobreingesta de cafeína y otros estimulantes que pueden tener consecuencias desagradable e incluso nefastas en un momento determinado.

Ante la duda, siempre consultar con el especialista en nutrición, el pediatra en el caso de los niños o con un dietista titulado. El consejo del médico o del profesional sanitario ha de ser determinante, ha de ser quien oriente nuestra conducta en temas de salud y nutrición que pueden derivar en problemas severos a medio y largo plazo.