El asma es una patología respiratoria de carácter inmunológico que  afecta alrededor del 3 al 7% de la población adulta, siendo más frecuente en edades infantiles. En los últimos veinte años se ha registrado un aumento en su incidencia debido en parte a la contaminación ambiental y las consecuencias de esta, y al aumento de la población mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que en la actualidad hay 235 millones de pacientes con asma.

Es una enfermedad en la que se produce una inflamación y estrechamiento de las vías respiratorias inferiores, los bronquios. Como consecuencia existe dificultad para respirar, la cual se manifiesta mediante tos, o presión en el pecho y unos ruidos agudos o pitidos llamados sibilancias. La mayoría de los enfermos también presenta síntomas nasales como estornudos, moqueo y obstrucción. Es muy frecuente que al principio de la enfermedad sólo se presenten síntomas nasales y tras un tiempo aparezcan los síntomas bronquiales.

El asma puede estar provocado por el contacto con un alérgeno, como el polen, el pelo de animales o los ácaros, (asma alérgico) o por otra causa que pueda provocar el estrechamiento de los bronquios, como por ejemplo el frío, el humo del tabaco, el estrés, el ejercicio o una infección (asma no alérgico). En la mayoría de los casos el asma es de tipo alérgico. En este caso, la inmunoglobulina E específica que se produce en los procesos alérgicos es la responsable de que se contraigan los músculos bronquiales y se inflame las mucosas respiratorias, dificultándose el paso del aire por estas vías.

shutterstock_190040588La predisposición a sufrir alergia respiratoria y asma puede ser de tipo hereditario. Dentro del asma alérgico, se considera más severo el que está provocado por la alergia a los ácaros del polvo que el que está provocado por la alergia al polen. La razón es que el enfermo de asma alérgico a los ácaros está en contacto con el alérgeno durante todo el año, mientras que el enfermo alérgico al polen sólo está en contacto con el alérgeno durante periodos limitados de tiempo, por lo que descansa el resto del año. De manera menos frecuente, el asma alérgico también puede estar provocado por el látex o por ciertas sustancias químicas.

Los ataques de asma pueden durar de unos minutos hasta días y suelen presentarse o ser más agudos al estar en contacto con el alérgeno, durante la noche o a primeras horas de la mañana, al hacer ejercicio o respirar aire frío. Requieren de atención médica, sobre todo si hay signos de alarma como dificultad respiratoria extrema, labios o cara azulados, somnolencia, confusión, ansiedad, pulso acelerado o sudoración abundante.

El asma alérgico necesita un tratamiento de mayor alcance que el de una alergia al tratarse de una enfermedad más grave. Por supuesto, y como en todas las alergias, hay que evitar el contacto con el posible alérgeno, pero si esto no es posible, habría que considerar seriamente el uso de una vacuna. El tratamiento del asma tiene dos vertientes:

  • Medicamentos de control del asma: Son medicamentos que se toman todos los días, aunque no haya síntomas. Sirven para tener controlada la enfermedad y evitar en lo posible la aparición de las crisis. Se trata de inhaladores que contienen de forma combinada corticosteroides y broncodilatadores de acción prolongada. También se utilizan otro tipo de fármacos, como los inhibidores de leucotrienos o los cromoglicatos.
  • Medicamentos de alivio rápido o “de rescate”: Son medicamentos que se administran cuando se empieza a sufrir un ataque de asma, o de manera preventiva antes de hacer ejercicio o exponerse a algún factor que pueda desencadenar un ataque. Se trata de broncodilatadores de acción rápida en forma de inhaladores y corticosteroides orales.  El paciente debe estar siempre provisto de estos medicamentos y asegurarse de llevarlos en cantidad suficiente.

Puede ser conveniente disponer de un aparato llamado espirómetro que ayuda al paciente a controlar la enfermedad y saber si se encuentra ante un próximo ataque. Este aparato mide la capacidad para exhalar aire desde los pulmones y, por tanto, si los bronquios están obstruidos.

Los síntomas de asma se pueden reducir evitando los desencadenantes y las substancias que irritan las vías respiratorias cubriendo las camas con fundas “a prueba de alergias”, quitando las alfombras y aspirando regularmente, usando sólo detergentes y materiales de limpieza sin fragancia, manteniendo los niveles de humedad bajos, manteniendo la casa limpia y conservando los alimentos en recipientes. Si una persona es alérgica a una mascota que no se puede sacar de casa debe mantenerse fuera del dormitorio y en las salidas de calefacción (si es climatización por aire) es conveniente colocar un filtro que atrape la caspa y pelo del animal. Eliminar de la casa el humo del tabaco es muy importante, así como evitar en lo posible la contaminación atmosférica, los polvos industriales y otros vapores irritantes.