Ahora que ha llegado el otoño, con sus días grises y ese frío que ya va calando, apetece pensar en vacaciones pasadas o motivarse con destinos futuros, y Azores puede ser una gran elección para próximos viajes.

Azores es un archipiélago portugués formado por 9 islas y situado a unos 1.400 kilómetros de la costa de Lisboa. Aunque en nuestra memoria aparecerá aquella famosa foto de presidentes, lo cierto es que es una región cercana pero desconocida, tranquila y distinta, con mucho que ofrecer. Cada isla cuenta con paisajes singulares y multitud de opciones, pero sólo voy a hablar de São Miguel, la mayor de las islas y donde se encuentra la capital (Ponta Delgada).

Sus inmensos cráteres que forman bonitos lagos (incluso de dos colores, como el de Sete Cidades), miles de hortensias que van marcando los caminos y carreteras y una vegetación exuberante hacen de esta isla de origen volcánico un auténtico paraíso.

Piscinas Furnas

Piscinas en Furnas

Sin prisas ni multitudes, la isla invita al disfrute de la naturaleza: un sinfín de rutas, paisajes diferentes y espectaculares, aguas curativas… La localidad de Furnas aprovecha la actividad volcánica de la zona para su vida diaria: preparan guisos en las caldeiras (“geiseres” de donde sale agua hirviendo y azufre) y cuentan con aguas termales, saludables y beneficiosas. Allí se encuentra el Terra Nostra Garden, con un impresionante jardín botánico y una piscina de agua ferruginosa. Aunque su color amarronado y su alta temperatura no inciten al baño, resulta una experiencia agradable y diferente, y hay que pensar en todos los beneficios que dicen  tiene…

El mar, visible en (casi) todo momento, al tratarse de una isla alargada y estrecha, ofrece multitud de opciones a los visitantes: excursiones para avistar ballenas y delfines, submarinismo, deportes acuáticos, viajes a otras islas… Lo que no ofrece son muchas playas (las que hay son pequeñas y de arena negra), pero sí piscinas naturales en la costa o simples accesos al mar.

Plantacion Te Azores

Plantación de té.

Ponta Delgada da la sensación de un pueblo costero grande, donde todo el mundo se conoce. En el casco antiguo de la ciudad predominan el blanco y el negro (de la piedra volcánica), tanto en los edificios como en las aceras; con diferentes dibujos cada una. Iglesias, casitas bajas o mansiones de aspecto colonial contrastan con el toque moderno de los grafitis, que abundan en la ciudad (siempre respetando el patrimonio y el entorno).

Turismo de naturaleza y relax, pero también gastronómico. Interesante y variada oferta, con restaurantes de todo tipo, mucho encanto y buen precio. ¿Lo más típico? Diría que las lapas (¡muy ricas!), pero también mucho pescado y marisco, quesos, dulces… y, por supuesto, té (cha, en portugués). Gracias a la singularidad de su clima, es el único lugar de Europa donde se cultiva, y se pueden visitar varias plantaciones en la isla. Parada obligada.

Clima agradable (todo el año, dicen), tranquilidad, paisajes espectaculares, buena comida… ¿qué más se puede pedir? Ah sí, también vuelos directos desde España. No hay excusa para no viajar a esa gran desconocida, que tiene tanto que enseñarnos. Obrigada.