Y muchos diréis ¿y para qué? Y no sois los únicos…El acto de bostezar ha traído de cabeza a los expertos por varias razones, pero la principal es que en realidad no parece tener ningún efecto, e igualmente desconcertante es la naturaleza contagiosa del mismo. Bostezas, y quien te ve, también bosteza. Cuando bosteza un chimpancé, también bostezan otros chimpancés. Si bostezas y un perro te ve, él también lo hace. Lo más probable es que hayas bostezado mientras leías la palabra “bostezo” varias veces. ¿Por qué?

La teoría predominante del por qué bostezamos, que se remonta a la época de la antigua Grecia, es que éste es provocado por exceso de dióxido de carbono y falta de oxígeno en la sangre. El tronco cerebral al detectar esto genera el bostezo. La boca se ensancha y los pulmones inhalan profundamente, trayendo oxígeno hacia los pulmones y consecuentemente a la corriente sanguínea.

Otra teoría sostiene que los bostezos son provocados por las sustancias químicas del cerebro (neurotransmisores) que afectan las emociones, el sentido del humor, el apetito y otros fenómenos. Sin embargo una hipótesis más reciente afirma que el bostezo sirve para regular la temperatura corporal, en concreto para regular la temperatura del cerebro.

Científicos de la Universidad de Princeton, proponen en su novedosa teoría (publicada en la revista Medical Hypotheses) que como al bostezar se expanden y contraen las paredes del seno maxilar, ésto sirve para bombear aire al cerebro, lo que hace disminuir su temperatura. Ubicado en nuestros pómulos, el seno maxilar es una de las cuatro cavidades más grandes de la cabeza del ser humano y el por qué el cerebro necesita refirgerarse es por el mismo motivo que un ordenador lo necesita. El cerebro humano es muy sensible a las temperaturas y debe pernmanecer “fresco” para funcionar con normalidad. Esta teoría podría explicar por qué tenemos seno maxilar.

El estudio que realizaron se llevó a cabo mediante sondeos de temperatura en los cerebros de ratas. Registraron los cambios de temperatura del cerebro antes, durante y después del bostezo de los animales. El equipo descubrió que la temperatura cerebral sufría cambios abruptos de subida de temperatura en los prolegómenos de un bostezo, donde la temperatura empezaba a declinar y finalmente se retomaba la temperatura estándar al finalizar el bostezo. Esto sugiere que los bostezos se provocan por un aumento en la temperatura cerebral y ayudan a enfriar el cerebro.

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Esta función de termorregulación también la comparte el experto en comportamiento animal Jorg Massen y sus colegas de la Universidad de Viena (Austria), quienes dicen que el bostezo explicaría por qué cuando nos estresamos por algo que está a punto de suceder (y que nos preocupa) es habitual abrir las fauces como leones. Y también aclaran por qué bostezamos justo antes de dormir, ya que se ha demostrado que reducir la temperatura corporal y cerebral ayuda a conciliar el sueño.

Por otro lado, Massen demostró que las personas abren la boca incontroladamente cuando la temperatura ambiental ronda los 20ºC. En estas condiciones, explica el investigador, el bostezo “propicia el intercambio de calor con el aire al inhalar profundamente, a la vez aumenta el flujo sanguíneo al cerebro por el estiramiento de la mandíbula, lo que también favorece que la temperatura en el interior de la cabeza descienda”. Sin embargo, cuando llega el caluroso verano y el termómetro supera los 37 grados centígrados apenas bostezamos, lo cual tiene una explicación muy sencilla desde el punto de vista científico: es inútil intentar enfriar el cerebro introduciendo una bocanada del aire cuando hace más calor fuera que dentro de nuestro organismo.

Esto también explicaría el llamado bostezo contagioso, que no es otra cosa que el fenómeno por el que la mitad de los adultos bostezan cuando ven a otro ser humano abrir la boca, y no sólo los humanos, entre otras especies animales también ocurre. De acuerdo con los estudios llevados a cabo por Massen, que la temperatura cerebral baje aumenta la eficiencia mental. Y si el comportamiento se extiende a todo un grupo de personas se incrementan sus niveles de alerta y vigilancia, algo que pudo suponer una gran ventaja para la supervivencia de nuestros antepasados humanos cazadores-recolectores.


Sara G. Blanco

Sara G. Blanco

Bióloga de nacimiento le apasiona la naturaleza, viajar, conocer gente y comer fabada como buena asturiana que es. Especializada en biotecnología y con más de cinco años de experiencia en comunicación corporativa, aporta a Knowi frescura y dinamismo sin perder su visión científica.