En España y según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) el gasto interno en Investigación y Desarrollo (I+D) ascendió a 13.012 millones de euros en 2013, lo que supuso un descenso del 2,8% respecto al año anterior. Dicho gasto representó el 1,24% del Producto Interior Bruto (PIB), frente al 1,27% del año 2012.

Este es un asunto recalcitrante que cada cierto tiempo, coincidiendo con la estimación y publicación de los datos por parte del INE salta de nuevo a la palestra para volver a decir lo mismo un año sí y el otro también, que nuestro país está abriendo una brecha en términos de I+D muy notable respecto a países de nuestro entorno y de otros que nos pillan más a trasmano como son EE.UU, Singapur, Corea del Sur, Indonesia, Japón, etc…

Estas últimas cifras nos sitúan en una posición deficitaria respecto al resto de países de la Unión Europea, ya nos supera nuestro país vecino, Portugal con un 1,35% respecto de su PIB. La palma en Europa se la llevan los países nórdicos como Finlandia con cifras que rondan el 3% sobre su PIB, Alemania alcanza el 2,94% y Austria el 2,81%. La media europea se situó en 2013 en el 2,02%.

Corea del Sur y Japón, dos grandes líderes mundiales en inversión en I+D, alcanzaron en 2011 el 4,04% y el 3,38% respectivamente de su PIB, en 2012, EE UU invirtió el 2,81% y China el 1,98% de su producto interior bruto. Estos datos nos ofrecen una muestra fiel de que si no variamos el rumbo, seguiremos siendo dependientes de la innovación y la tecnología que vendrá patentada desde fuera, aunque a lo mejor haya sido investigada por profesionales y expertos españoles que en su momento tuvieron que “hacer las maletas” para encontrar un futuro más prometedor en aquello que más les apasiona, investigar e innovar.

Estos datos nos ofrecen una muestra fiel de que si no variamos el rumbo, seguiremos siendo dependientes de la innovación y la tecnología que vendrá patentada desde fuera,

Por sectores, el sector Empresas representó el mayor porcentaje sobre el gasto total en I+D, con un 53,1% (lo que significó el 0,66% del PIB). Le siguió en importancia el sector Enseñanza Superior, con un 28,0% del gasto total (el 0,35% del PIB). Por su parte, el gasto en I+D del sector Administración Pública supuso el 18,7% del gasto total (el 0,23% del PIB) y el 0,2% restante correspondió al sector Instituciones Privadas Sin Fines de Lucro (IPSFL).

Respecto al empleo, un total de 203.302 personas se dedicaron a actividades de I+D, en equivalencia a jornada completa en el año 2013, lo que representó el 11,9 por mil de la población total ocupada (El colectivo de investigadores alcanzó la cifra de 123.224,7 personas, un 7,2 por mil de la población total ocupada).

Las dos comunidades autónomas que presentaron tasas de crecimiento en el gasto en I+D respecto al año anterior fueron Extremadura y Comunidad de Madrid. Por su parte, Castilla y León (–14,0%), Cantabria (–12,8%) y Castilla-La Mancha (–12,6%) registraron los mayores descensos.

Las comunidades autónomas con mayor porcentaje de gasto en actividades de I+D sobre el PIB en 2013 fueron País Vasco (2,09% del PIB), Comunidad Foral de Navarra (1,79%), Comunidad de Madrid (1,75%) y Cataluña (1,50%). Por el contrario, las que dedicaron menor porcentaje de su PIB a gasto en actividades de I+D fueron Baleares (0,33% del PIB), Canarias (0,50%) y Castilla-La Mancha (0,53%).

shutterstock_184359812Las empresas del sector Servicios concentraron el 49,9% del gasto en I+D empresarial en el año 2013, mientras que la Industria concentró el 47,5%. Por ramas de actividad, destacaron “servicios de I+D”, con un 21,3% del total del gasto; “programación, consultoría y otras actividades informáticas” así como las denominadas “actividades profesionales, científicas y técnicas excepto Servicios de I+D”, ambas con un 8,9%. Por detrás figuran farmacia, aeronáutica y aeroespacial, automoción, química….

Esperemos que estas cifras y esta tendencia hagan reflexionar a más de uno y el año en curso nos dé la grata sorpresa de un cambio de tendencia que haga que España sea admirada también por su apuesta decidida por la investigación y la innovación. Un binomio sin el cual los países se encuentran hipotecados en su futuro.