En la vida acontecen cambios que pueden ser esperados o inesperados. En ambos casos las personas reaccionamos de manera distinta.

Pueda ser que se tienda a reaccionar de una manera inmediata o impulsiva, por ejemplo, aquella persona que tras recibir la noticia de un cambio, inmediatamente se pone en acción para que se produzca cuanto antes. Le mueve la acción, sin tener un momento para pararse a reflexionar y tener en cuenta más perspectivas. La rapidez en su acción puede tener consecuencias desagradables que a priori ni siquiera habrían sido contempladas.

shutterstock_189431450En cambio, otras personas en igual circunstancia, se paran a pensar cuál puede ser la solución más eficiente. Acostumbradas a valorar pros y contras de cada opción abren un enorme abanico de posibilidades. Incluso hay momentos donde invierten tanto tiempo en sus razonamientos lógicos que al final se dan cuenta de que se tardaba menos en realizar el cambio, que en pensar en él. Y en situaciones extremas tanto dar la vuelta a las cosas, les impide reaccionar. Si perciben que la decisión a tomar no va a ser la más efectiva, les puede llevar a instantes de inmovilidad y paralización frente al cambio, por temor a no decidir lo mejor y entonces equivocarse. De manera que, por un lado, estaríamos hablando de personas que ante las decisiones tienen un tinte más emocional, lo que popularmente se denomina ese corazón caliente, y otras con uno más racional, esa cabeza fría.

La velocidad con la que nos adaptamos a los cambios, es muy diferente de un perfil a otro. Es decir, que el perfil con tendencia a la acción, el más emocional, está acostumbrado a saltar obstáculos sobre la marcha, ir haciendo y resolviendo, ese “ir cruzando el puente cuando se lo encuentra”. El perfil con tendencia a la reflexión, el más lógico tiende más a pensar y  buscar estrategias para cada cosa, “cada puente es un nuevo puente que cruzar y se necesita pensar qué puede pasar si se cruza y qué habrá la otro lado”. Por tanto, estas diferencias en la forma de percibir los cambios y las diferentes velocidades en la adaptación pueden ser los principales factores para que surja el conflicto entre las personas que afrontan estas situaciones esperadas o inesperadas.

Entonces, ante los cambios ¿podemos integrar emoción y razón de una manera más efectiva? ¿Es posible realizar una lectura de los acontecimientos que están pasando de forma que tengamos de nuestra parte ese corazón caliente y esa cabeza fría?

El termostato para conseguirlo la mejor regulación es la inteligencia emocional, esa capacidad para conocer, interpretar y regular las emociones propias y reconocer las ajenas para una mejor gestión de las relaciones interpersonales.

Está comprobado que las decisiones cuentan con racionalidad y emocionalidad y regularlo de una forma efectiva será la clave para conseguir resultados óptimos con la velocidad que cada cambio requiere, mejorando así nuestra capacidad de adaptación al medio, que como especie humana venimos realizando desde hace millones de años.

Una interesante propuesta consiste en no obviar las emociones, ni luchar o reprimirlas, sino aprender a gestionarlas. Conocerlas nos aporta información (más agradable o desagradable) y un significado propio a descubrir, incluso un enfado puede descubrirnos qué valor es vital para nosotros y en ese instante no está siendo respetado.

Ante los cambios, hay muchas emociones que necesitamos aprender a leer como quien aprende a leer en la escuela. Hay maneras sencillas de hacerlo, como por ejemplo, un proceso de coaching. El coaching es una metodología que se emplea para conseguir metas. Cuenta con un coach, un entrenador personal, que apoya en lo necesario al cliente para que consiga su meta de una manera sencilla, cercana y sintiendo que un profesional  presta su apoyo sin juicios, sólo con preguntas para que el cliente descubra lo que verdaderamente necesita y se posicione en su propia vida. ¿cómo? Pudiendo diseñar un plan de acción que pueda poner en marcha: el mejor cocktail:  Emoción + Reflexión + Toma de Decisión + Acción.

Un cambio en la vida puede suponer distintas direcciones, distintos trenes que tomamos, o que no tomamos, que dejamos pasar o que bien marchan porque así lo decidimos. Te animamos a que comiences tu propia aventura, y puedas llevar en tu mochila esa parte de razón y esa parte de emoción utilizando la inteligencia emocional: el mejor termostato para que cuentes con tu mejor energía para disfrutar del viaje.