La muerte de un ser querido impacta y mueve nuestro mundo emocional y en algunos instantes, con alta intensidad. ¿Cuenta el profesorado con recursos para afrontar estas intensidades dentro de un aula impactada?

Quizá compartes conmigo que un alumno es un ser querido tanto por su familia como por sus profesores y amigos de clase, incluso por las personas del centro educativo que cada día le ven pasar, desde el conserje hasta la señora de la limpieza. Si reuniéramos datos cuantitativos, la señora de la limpieza quizá vea más veces a un alumno que sus propios familiares de segunda línea (o tal vez de primera línea, según las familias y situaciones). Cada día el alumno va al cole, y cuenta a los demás, muchísimas cosas que a veces por falta de tiempo no comparte con sus padres, abuelos o tíos. El profe también es quien a veces resulta también esa figura de referencia, a quien incluso le cuenta algunas cosas que no quiere decir a sus padres para no preocupar. Profe y alumno entones crean un vínculo especial. Establecen lazos. Ya se sabe que son muchas horas juntos conviviendo.

En definitiva, para el alumno, el cole es su gran mundo, además de su familia. Esa es su principal visión del mundo.

shutterstock_134341289¿Cómo afrontar entonces dentro ese aula, las emociones que se despiertan cuando un alumno ya no está? ¿Cómo pasar por ese silencio de los compañeros, esas lágrimas, esas preguntas, ese por qué ha pasado esto, cuando a nosotros mismos como adultos nos cuesta encajar todo esto?

La vida enseña mucho y hoy, os quería compartir y dedicar mi gran aprendizaje de VIDA:

Mi primer trabajo fue en una empresa de seguros durante los fines de semana, donde realizaba la atención telefónica de fallecimientos. En aquel momento yo era estudiante de Psicología, y me di cuenta rápidamente de que me sentía sin recursos emocionales para atender una llamada de este calibre. Ayudaba todo lo posible, pero me quedaba mucho tiempo impactada. Fue entonces cuando supe que algo no estaba funcionando. Que apenas tenía formación en competencias emocionales y no sabía cómo superar esa inundación empática que me afectaba tanto. Recuerdo que quedaba atónita sobre todo por las muertes de niños, accidentes en la mayoría de los casos. En los cursos de Formación de la empresa comentaban que la muerte de una persona afecta a unas 150 personas más. Esto me hizo reflexionar.

¿Hacemos lo que podemos, o bien estamos formados para gestionar algo que con toda probabilidad va a suceder un día u otro en nuestro entorno? Me formé fuera de la Universidad en temas relacionados con la gestión de las emociones. Cuánto aprendí. Cuánto viví. Cuánto entendí. Incluso desterré creencias que había oído desde pequeña: “Por ley de vida un niño tiene que morir después que sus padres”.

Bueno, pues la realidad a mi me enseñaba cada fin de semana que ese “Por ley de vida” no sé de a qué Vida se referiría, pero desde luego que en esta eso no era del todo cierto, porque la muerte llega en cualquier instante y a cualquier edad. Aún desterrando creencias tan potentes como estas, sabía que me quedaba por aprender todavía porque aún, casi veinte años después de esos primeros momentos, ya Psicóloga, formada en Emociones y Duelo, formadora en estos temas, habiendo ayudado en talleres emocionales a personas afectadas por el 11-M e incluso estando junto a familias inmersas por el dolor el día de la tragedia de Spanair, … aún así… la noticia de una muerte me sigue sorprendiendo y me deja impactada y con la boca abierta.

¿En qué entonces me ayuda haber vivido estas experiencias? Pues creo que puedo decir que ha mejorado mi manera de procesar y gestionar esos instantes con las emociones que vienen, con su distinto color. No siempre puedo hacerlo como me encantaría, pero eso sí, ahora, me siento con muchos más recursos y confianza para afrontar este largo proceso al que llaman Duelo. Ha mejorado mi forma de entender la vida, y puedo decir que ahora la VIVO CADA MINUTO, sea del color que sea. Cada instante es una oportunidad para SER Y ESTAR.

shutterstock_200319443Desde estas líneas, deseo que cada profesor pueda sentir que hay recursos, que se puede gestionar un aula impactada: ¿Y cómo?

Ventilando las emociones: sorpresa, enfado, tristeza y los sentimientos que estén presentes en nuestros alumnos.

Permitiendo que expresen sus emociones: los niños y las niñas lloran cuando están tristes, es normal, impedir su llanto encapsularía la emoción.. es importante el consuelo, el contacto e incluso un bálsamo como el abrazo.

Dando un espacio a sus temores, su curiosidad: es tiempo para preguntar, para aclarar las dudas que puedan generar esta situación.

Guardando ese minuto de silencio con recuerdos positivos vividos, aunque ahora duelan y lloren, es sano llorar cuando las personas estamos tristes. Dar lugar a normalizar sus sentimientos ante los demás.

Dejar sitio a la palabra para ir transformando las emociones. Redactar una carta de agradecimiento por lo vivido, dejando que salga todo sin pensarlo demasiado, siendo sintiendo cómo les hacía sentir, cómo lo pasaban a su lado y qué es lo que han aprendido tras convivir a su lado.

Leer en voz alta a los demás compañeros esa carta de agradecimiento, para compartir la despedida de nuestro ser querido, dando palabras a los sentimientos. Aprendiendo a despedirnos desde el corazón. Compartiendo desde las emociones, las que cada día existen en el aula.

Y una vez más, no son teorías, lo digo todo esto desde la increíble experiencia de poner en marcha estas pautas de intervención en un aula incluso de un Master Universitario. Porque todos los alumnos independientemente de la edad, necesitan atención emocional porque son seres humanos y el humano siente.

Cuando una alumna llega tarde, llorando y entre sollozos consigues entender que otra de sus compañeras ha sido la última víctima mortal por violencia de género… en ese justo instante…. sólo queda atender las emociones.

Cuando algo así sucede y mientras estás impartiendo una clase, una alumna llega tarde, llorando y entre sollozos consigues entender que otra de sus compañeras ha sido la última víctima mortal por violencia de género… En ese justo instante…. sólo queda atender las emociones. Y después ya se proseguirá la clase. Y Repito: en este orden, no al revés.

shutterstock_174891719Además cuando se atiende a la emoción y se concede este espacio, los alumnos se sienten escuchados. Sólo entonces, después de esto, el alumno y su atención pueden estar más presentes en el aula.

Oí decir en un velatorio que cuando el corazón se rompe, es más fácil remendarlo en compañía, de hecho, la función de los tanatorios aún en estos tiempos modernos, sigue estando vigente por este motivo y otros más. Los duelos, son de siempre, de toda la vida por eso sabemos que atender a las emociones necesita su tiempo y su espacio. Y para finalizar, como profe, dejo mi mensaje de AGRADECIMIENTO a los alumnos con los que compartí esta impresionante experiencia:

“Gracias: Por enseñarme a convivir en el aula y aprender a no mirar a otro lado cuando el corazón está roto y algo se nos muere en el alma”.