Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) no siempre han ido de la mano, y la transferencia tecnológica como nuevo paradigma para garantizar la perdurabilidad del sistema de investigación ha supuesto un importante cambio de mentalidad en la sociedad científica

La conversión del I+D en I+D+i no es sólo una cuestión semántica, pues tiene detrás todo un proceso de cambio de mentalidad de la sociedad científica para concienciarse de la necesidad de transferir las investigaciones a la sociedad en forma de soluciones a sus problemas.

No fue hasta el año 1986 cuando se creó en España la primera Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (conocidas como OTRIs), que nació con el objetivo de facilitar la explotación de los resultados del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

shutterstock_213114376Desde entonces, el número de Oficinas de Transferencia aumentó vertiginosamente, siendo en sólo 3 años después 31 oficinas, y llegando a 67 en el año 1992. En la actualidad prácticamente todas las Universidades y Centros Públicos de Investigación españoles cuentan con su propia OTRI, y los esfuerzos durante los últimos años han ido enfocados a aumentar la calidad de las Oficinas y la especialización del personal gestor.

El camino para vencer los prejuicios de la comunidad científica frente a la comercialización de los resultados de investigación financiada con dinero público y las colaboraciones público-privadas, ha sido un proceso lento y arduo, facilitado en gran medida, desde mi punto de vista, por la creación de numerosas spin-off.

Una spin-off es una empresa fundada por personal ligado a una Universidad o Centro de investigación, que ha participado directamente en las investigaciones que van a ser explotadas por la empresa, y que han sido desarrolladas en el centro del que procede.

Aunque esta fórmula de transferencia es por lo general más aceptada que los modelos de colaboración público-privada tradicionales, no debemos olvidar que el objetivo de una spin-off es explotar la tecnología, que habrá sido licenciada o cedida por el centro a los fundadores de la empresa, y por lo tanto, existe un ánimo de lucro tan lícito como lo es el de empresas privadas que obtienen licencias para explotar una tecnología desarrollada en una Universidad.

En ambos casos de transferencia, un papel fundamental de la OTRI es garantizar que parte los beneficios obtenidos de la explotación de la tecnología revertirán directamente al centro del que proceden, para asegurar así el retorno de la inversión realizada previamente, en muchos casos procedentes de fondos públicos.

Estos pagos se pueden realizar en distintos momentos de desarrollo del proyecto: pago inicial (en el momento de la firma de la licencia o cesión), pago por consecución de hitos (cuando se consiga un volumen de ventas determinado o un suceso relevante como la entrada en un nuevo mercado) y royalties (porcentaje sobre los ingresos derivados de la tecnología).

Sin duda, una buena negociación y un seguimiento adecuado de los procesos de transferencia tecnológica son de gran importancia para asegurar la continuidad de la investigación futura, y lo que es más importante, para asegurar que la inversión que un país realiza en I+D+i revierte en beneficio de la sociedad.