En algunos textos se describe la crisis de pánico que sufren un número creciente de personas como una sensación de ansiedad extrema que nos lleva a tener sentimientos o sensaciones de “muerte inminente”, una percepción que agobia y termina agotando a quien la padece.

 

Nuestra mente es como una especie de pozo sin fondo del que solo sabemos ver lo que hay en la superficie, es todavía y a estas alturas ese gran desconocido especialmente en lo psíquico, las emociones, la ansiedad, la angustia, el pánico, la depresión, los desórdenes mayores relacionados con el entorno de la psiquiatría, etc..

A esa incógnita que todos llevamos encima de nuestros hombros le hemos de añadir el perfil de la sociedad en que vivimos, una sociedad exigente, competitiva, dinámica, individualista y en cierta forma insolidaria, o más que eso insensible a los problemas cotidianos que pasan por nuestro lado, no es aquello de “ande yo caliente, ríase la gente”, pero de alguna forma sí.

El número de personas que sufren trastornos relacionados con la psique es creciente, las alteraciones desde el punto de vista cognitivo y afectivo es una “epidemia” silente de nuestra sociedad, un problema que tratamos de ocultar puesto que las alteraciones y patologías relacionadas con el yo intrínseco siempre han sido repudiadas por una sociedad egoísta y en ocasiones cainista que tiene siempre dispuestos juicios para los demás, pero nunca para sí mismos. Los motivos fundamentales, los problemas familiares y las dificultades económicas y laborales.

Si hablamos de trastornos de ansiedad, angustia o en su grado extremo pánico, estaremos hablando de procesos que presentan una incidencia y prevalencia muy grande, por ejemplo los trastornos de ansiedad afectan a aproximadamente a 40 millones de adultos estadounidenses de 18 años de edad o más (aproximadamente el 18%) cada año, si trasladamos esas cifras a nuestra sociedad fácilmente podemos estar hablando que más de 6 millones de personas en España sufren trastornos de ansiedad en sus diferentes formas, un 2,3% de la población si se trata de ataques o crisis de ansiedad extrema, angustia o pánico.

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Dolores de cabeza, palpitaciones, y mucha angustia, son los principales síntomas de una crisis de pánico.

He aquí algunas de las vivencias de personas que han sufrido una crisis de angustia extrema o de pánico reflejados en publicaciones especializadas del National Institute of Mental Health, una de las instituciones más prestigiosas en este ámbito:

-“Para mí, un ataque de pánico es una experiencia casi violenta. Me siento desconectado de la realidad. Siento como si estuviese perdiendo el control de una manera extrema. Mi corazón late fuertemente, siento que me falta el aire, y hay una sensación abrumadora de que las cosas me están aplastando”.

-“Comenzó hace diez años, cuando acababa de graduarme de la universidad y comencé un nuevo trabajo. Estaba sentado en un seminario de negocios en un hotel y esta cosa surgió de la nada. Sentía como si me fuese a morir”.

“Entre un ataque y otro, se presenta este temor y ansiedad de que el ataque se volverá a repetir. Tengo miedo de volver a sitios en los que he padecido un ataque. A menos de que obtenga ayuda pronto, no habrá un solo sitio al que pueda ir y sentirme a salvo del pánico”.

Una crisis de angustia, tiene tres componentes fundamentales: sentimiento de miedo y ansiedad extrema, en el que la persona puede a llegar a temer por su propia vida, teniendo en cuenta que la máxima expresión de los síntomas se produce a lo largo los diez primeros minutos, a partir de este momento empieza a decrecer la intensidad de la ansiedad, hasta desaparecer. Después del episodio aparece una sensación de agotamiento físico y mental intenso. El proceso suele aparecer de forma repentina, sin una causa aparente, aunque algunas veces sí que se puede identificar un estímulo específico causante de la crisis.

El tratamiento psicológico cognitivo-conductual realizado conjuntamente con el tratamiento farmacológico es el tratamiento que ha demostrado tener más éxito y menor porcentaje de recaídas, por ello es muy importante en estos casos acudir a consulta de un especialista que nos ayude a superar no solo la enfermedad sino los temores y complejos que puede generar.


Lorena Pérez

Lorena Pérez

Licenciada en Periodismo, lleva diez años escribiendo en distintos medios sobre salud, ocio y cine. Aficionada a la buena cocina y la buena comida (sólo si es sin gluten), deportista y cinéfila sin remedio, se acerca al mundo de la salud desde un punto de vista amable y riguroso, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los lectores de Knowi.