Una cuestión que se antoja preocupante, especialmente en los tiempos que corren donde el afecto por la juventud y todo lo que ella representa y el culto al cuerpo son elementos clave de nuestra sociedad desarrollada y de consumo. El envejecimiento es inevitable y muchos aspectos influyen en su desarrollo.

La pregunta en sí misma encierra una obviedad, el envejecimiento comienza en el mismo momento que nacemos, progresivamente el organismo va sufriendo un proceso de deterioro que nos va llevando progresivamente a los últimos años de nuestra vida, eso sí, pasando por una serie de etapas, cada una de ellas caracterizadas por diferentes caracteres muy marcados por el ritmo de la fisiología que a su vez tiene una determinante genética clara, indiscutiblemente cada vez se sabe más sobre el proceso de envejecer o de senectud, pero cada vez hay más voces autorizadas que hablan sobre la importancia de los denominados telómeros (partes distales de nuestros cromosomas) y su longitud, en los años que dispondremos de vida, todo ello íntimamente relacionado con el ritmo y biología celular de nuestro propio organismo.

Los telómeros fueron descubiertos por Hermann Joseph Muller durante la década de los años 30 del siglo XX, que junto a Barbara McClintock recibieron el Premio Nobel, pero no es hasta el año 2009 cuando los científicos Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack W. Szostak son reconocidos también con el mismo galardón en la rama de medicina en por la descripción molecular de los telómeros, la demostración de su conservación evolutiva y el descubrimiento de la telomerasa, enzima central de la maquinaria celular para la síntesis del telómero y que corresponde a una transcriptasa inversa que sintetiza ADN a partir de un molde de ARN (Una ribonucleoproteina que contiene en su molécula la secuencia de nucleótidos AAUCCC capaz de crear e insertar los fragmentos TTAGGG que se pierden en cada división, permitiendo de alguna forma la conservación o incluso alargamiento de los telómeros).

Expertos destacados sostienen que estos extremos distales cromosómicos actuarían como una especie de reloj biológico que trataría de medir el número de divisiones de nuestras células, estando íntimamente relacionada la longitud de esta región cromosómica con el número de ellas y por lo tanto con la capacidad regenerativa de los propios tejidos, órganos y sistemas, a mayor longitud, mayor capacidad de división y regeneración celular y viceversa. Sea como sea, la verdad es que las consecuencias del envejecimiento las sufrimos poco a poco y no por ello hemos de estar preocupados ni abatidos, como dicen los gurús, cada día tiene su afán y hay una cosa para cada tiempo.

Parece también cierto que independientemente de estas explicaciones objetivas, moleculares y genotípicas acerca de las causas íntimas del proceso de envejecimiento, hay un fenotipo que como en todos los procesos que afectan al ser humano es muy relevante y hemos de tener muy en cuenta de cara a desarrollar una vejez saludable, con las mejores condiciones posibles.

El cómo vivamos a lo largo de nuestros años de vida parece ser que determina de alguna forma cómo va a ser nuestra vejez, cómo cuida su cuerpo un individuo influye en cómo se envejece, sin embargo hay una serie de modificaciones que podemos considerar como universales, el conocer dichas modificaciones sin duda que puede ayudarnos a adaptarnos progresivamente al proceso del envejecimiento. En cualquier caso, hay un axioma importante, es importante añadir años a la vida, pero más relevante es sin duda añadir vida a los años.