Esta pregunta puede tener muchas respuestas éticas, morales y filosóficas. Desde un punto de vista puramente matemático, la respuesta sería poco. Nuestro interior está tapizado por microorganismos (comúnmente referidos como la flora), desde la nariz hasta pulmones e intestino, pero ¿cuantos son y qué hacen?

Nuestra flora o microbiota (palabra más técnica), está compuesta por unas 1000 especies diferentes de bacterias, virus, arqueas y otros organismos unicelulares. Gracias a los avances tecnológicos podemos contar cuantos residen dentro de nosotros o nos recubren la piel. El total se eleva hasta 1014, más que el PIB de Estados Unidos en dólares o 100 000 veces la población de China. Más importante aun, es que por cada célula humana de nuestro cuerpo hay 10 células bacterianas. Y si en vez de considerar células, tenemos en cuenta el material genético, ADN, hay 100 veces más genes bacterianos que genes humanos en nuestro interior. ¿Siguen creyendo que somos humanos?

shutterstock_14845936Ahora, un poco de historia. A principios del siglo XX, Metchnikoff inmunólogo y Premio Nobel 1908, observó que ciertas poblaciones de búlgaros tenían un estado de salud envidiable y además vivían más años. Concluyó que la diferencia estaba en la leche fermentada que consumían y en las bacterias que ésta  contenía.  Metchnikoff  pensó entonces que si comemos bacterias como las de esa leche (Lactobacillus), nuestra salud mejoraría. Así nacía el concepto de probióticos, “microorganismos vivos que ejercen una acción benéfica sobre la salud del huésped al ser administrados en cantidades adecuadas”. En efecto, ahora sabemos que las bacterias tienen un papel muy importante en nuestro desarrollo y entre otras funciones, nos ayudan a digerir la comida y estimulan nuestro sistema inmunitario.

Nuestra flora se instala en nosotros desde nuestro nacimiento y cambia bastante durante los primeros años de vida para estabilizarse mas tarde. Las distintas bacterias conviven generalmente de manera pacífica en nosotros pero libran una guerra sin piedad contra toda bacteria extraña o peligrosa, a las que matan o impiden que nos colonicen. Un desequilibrio en la composición de nuestra flora, bien por el consumo prolongado de antibióticos, por un cambio en la dieta, etc… puede alterar el estado de paz o volverse ineficaces en la guerra, en definitiva, tener consecuencias negativas para nuestra salud.

Por tanto, es importante restablecer el equilibrio. En un individuo sano, esto ocurre de manera natural. Pero cuando ese equilibrio se altera de forma permanente (disbiosis), puede dar lugar o agravar otras enfermedades.  Últimamente muchos estudios han indicado la relación entre el desequilibrio de la flora con la enfermedad de Crohn, cáncer colorrectal, obesidad, alergias, diabetes de tipo I y hasta el desarrollo de enfermedades mentales.

Desde las ideas de Metchnikoff se ha investigado mucho, y las propiedades beneficiosas de los microorganismos se explotan ahora para crear productos probióticos (con efectos más o menos probados científicamente). Así aparecen muchos yogures que dicen contener bacterias capaces de ayudar a nuestra flora en la guerra, generalmente bacterias llamada Lactobacillus y Bifidobacterium (de ahí Bifidus y L. casei immunitas).

Moraleja: Cuida de tus bacterias, y ellas cuidaran de ti.