Las golosinas están enormemente extendidas en nuestra cultura y no solo se consumen sino que en algunos casos se puede llegar a la “adicción”, es más las utilizamos como medio de refuerzo positivo ante conductas positivas o logros conseguidos; a veces se usan como regalo y están indefectiblemente presentes en las fiestas de cumpleaños de los niños.

Las golosinas o chucherías presentan un atractivo muy especial, puesto que todos sus elementos organolépticos son “atractivos”, su sabor dulce que estimula el apetito, su color llamativo, su textura e incluso en algunos casos su olor. Normalmente su consumo está muy extendido en edades infantiles, pero hoy cada vez es más frecuente encontrarlas en bares y restaurantes e incluso en hoteles y establecimientos relacionados con la restauración y la hostelería.

Las golosinas tienen un valor nutritivo muy relativo ya que fundamentalmente están elaboradas a base de azúcares  simples (fructosa, glucosa y sacarosa) de rápida asimilación, y en menor proporción grasas, con escaso o nulo aporte de proteínas, vitaminas, minerales y oligoelementos fundamentales; ello hace que se produzca un aporte calórico muy importante que puede contribuir si su consumo no es moderado a padecer problemas de sobrepeso y obesidad con todo su cortejo sintomático asociado, además el consumo indiscriminado de azúcares favorece la aparición de caries ciertos azúcares (principalmente, sacarosa) en ácidos, que se mezclan con la saliva y las partículas de comida en la boca formando una placa que se adhiere al esmalte, atacándolo y produciendo la caries y llegado el caso de desórdenes metabólicos relevantes.shutterstock_162276101

Los colorantes, saborizantes y aditivos, presentes en las golosinas, cuya única función es hacer más atractiva a la vista, olor, sabor o consistencia del producto, pueden ocasionar también alergias y urticarias y no es de desdeñar la posibilidad de atragantamiento en algunos casos. Hay golosinas que no contienen azúcares pero tienen como ingredientes al sorbitol y el xylitol, que tomados en grandes cantidades, pueden provocar dolores abdominales y diarreas, debido a su efecto laxante.

Apuntan los expertos que por ejemplo una bolsa de gominolas de 100 g. contiene 360 calorías aproximadamente, una de cacahuetes pelados con el mismo peso, 600 calorías y una bolsa de patatas fritas pequeña de 44 g. tiene 250 calorías. En estudios publicados recientemente se apunta que que una bolsa de tamaño medio de palomitas de maíz, más el refresco que los niños y padres consumen por ejemplo cuando van al cine contiene 1.160 calorías y 60 gramos de grasa saturada. Esta grasa además procede de aceite de coco y margarina y representa tres veces la grasa diaria que debería consumirse. En nuestro medio, una bolsa de palomitas de maíz de 100 g. contiene aproximadamente 500 calorías y 30 g. de grasa saturada, la que eleva el denominado colesterol malo.

Las barritas denominadas “snacks”, elaboradas a base de chocolate, galleta, frutos secos y caramelo, son calorías concentradas que se encuentran en grandes cantidades contribuyendo sobremanera a una sobrealimentación del todo innecesaria en una dieta saludable.

La recomendación fundamental de los expertos en nutrición es que su consumo sea moderado y que su contenido calórico sea tenido en cuenta de cara a evitar problemas de sobrepeso y obesidad. Tras la ingesta de golosinas es importante realizar un buen cepillado de los dientes teniendo en cuenta que los problemas de caries asociados al contenido en azúcares no solo dependen de su concentración, sino muy especialmente de la frecuencia con que se consumen estos productos.


Diego Mugarza

Diego Mugarza

Licenciado en administración y dirección de empresas, master en marketing y direccion comercial. Amante de todo tipo de deportes, de la musica, la naturaleza y viajero empedernido. La felicidad es su objetivo de vida, entiende la salud como una herramienta más para poder llegar a ser feliz.