Qué frase más típica… ¿quién no la usado alguna vez? Y sobre todo, teniendo en cuenta que vivimos en el país de las jornadas eternas porque sí, porque mi trabajo es lo mejor que tengo y porque seguimos pensando que la realización personal pesa menos que la profesional. Pero, ¿qué nos hace más felices y, en consonancia, más saludables?

Está claro que cada empresa es un mundo y yo no soy nadie para cuestionar el horario de ninguna de ellas ya que en cada una se desarrollan actividades diferentes y las necesidades son distintas. Ante la cuestión de “cuál es la  jornada óptima para trabajar”, no creo que haya una respuesta única y absoluta, sí que veo muchos puntos a favor en la jornada continua frente a otras alternativas, ¿por qué? Porque dispondría de tiempo…las personas que trabajan de esta manera disponen de tiempo para poder desarrollarse en otros aspectos de la vida diferentes al trabajo: pueden atender a la familia, mejorar sus habilidades y conocimientos a través del estudio, practicar deportes y aficiones, descansar,… cualquiera de estos aspectos favorece que haya trabajadores motivados, sanos y dispuestos a trabajar, y sólo a trabajar, durante la jornada laboral.

Si se para uno a pensarlo un momento, algunas de las consecuencias en la sociedad de las jornadas “eternas” de hoy en día no son nada esperanzadoras: personas que están en la empresa más tiempo de la jornada estipulada ocupando huecos que deberían ser para otras personas que no encuentran trabajo; problemas provocados por lagunas en la educación de jóvenes que están acostumbrados a no ver a sus padres porque llegan muy tarde del trabajo; problemas de salud por no practicar deporte habitualmente; menor desarrollo personal del deseado; dificultades para seguir estudiando y ampliando conocimientos…

No voy a hablar de productividad, esa palabra que tanto gusta, ya que como el cálculo de la misma se puede hacer como a uno le venga en gana, mi formación científica me impide decir que una jornada u otra hace más productivos a los empleados. Sólo sé que a la mayoría de nosotros nos encantaría poder disponer de más tiempo libre para dedicarlo a actividades no relacionadas con nuestro mundo profesional, o sí, pero que sea decisión de uno mismo, y qué queréis que os diga, que prefiero mirar a la cara a mis compañeros y verles con ganas de comerse el mundo que encontrarme con caras contracturadas desde primera hora de la mañana.

Hoy en día los hábitos de la sociedad han cambiado, las mujeres nos hemos incorporado desde hace tiempo al mercado laboral y la familia no se educa sola, el conocimiento de nuevas materias no aparece en el cerebro por arte de magia, el descanso se consigue a base de horas de desconexión, la salud difícilmente acompaña sin deporte y con altos niveles de estrés…

Y hay quien dirá que el trabajar hasta las mil va en nuestro ADN, en nuestro carácter latino, ya que dedicamos horas de trabajo a relacionarnos con nuestros compañeros más allá de lo estrictamente profesional, y es cierto, pero a esa gente le diría que a las 15h, cuando salga del curro, le invito a unas cañas…ya verás qué bien se me da relacionarme con una clara con limón en la mano.


Sara G. Blanco

Sara G. Blanco

Bióloga de nacimiento le apasiona la naturaleza, viajar, conocer gente y comer fabada como buena asturiana que es. Especializada en biotecnología y con más de cinco años de experiencia en comunicación corporativa, aporta a Knowi frescura y dinamismo sin perder su visión científica.