La desviación del tabique nasal es un hecho relativamente frecuente, en unos casos debido a problemas relacionados con el nacimiento y en otros a traumatismos y hábitos poco saludables relacionados con el cuidado de la mucosa nasal.

Vivimos en una sociedad trepidante y exigente donde se generan múltiples ocasiones en las que podemos sufrir un traumatismo facial que nos provoque una desviación del tabique nasal: prácticas deportivas de todo tipo, accidentes de tráfico, accidentes laborales, agresiones, etc… pueden ser la génesis de este problema.

Por otro lado procesos de carácter crónico que afectan a la mucosa de la nariz (rinitis debidas a alergias, a contaminantes, a cambios de temperatura frecuente, etc…) puede facilitar una hipotética desviación del tabique, lo mismo ocurre con el abuso de fármacos vasoconstrictores que hacen que la mucosa “se acostumbre” a su efecto descongestivo, y al dejar de tomarlos se puede producir un efecto rebote y la mucosa se inflama generando una obstrucción nasal.

La sintomatología es característica, además del hecho evidente de la desviación del tabique nasal y de sus consecuencias estéticas y psicológicas asociadas, se produce un cortejo sintomático que acompaña al proceso, este se caracteriza por sensación de obstrucción, dificultad en la respiración nasal, tanto en la inspiración como en la espiración, se producen turbulencias en el aire que de alguna forma pueden afectar a la mucosa nasal.

Desviación del tabique nasal, problemas y tratamiento

La desviación del tabique nasal conlleva una serie de problemas más allá de los propios estéticos

Esta patología puede asociar algún tipo de cefalea (dolor de cabeza), así como sensación de sequedad nasal, presencia de “costras” en la nariz, frecuentes ronquidos mientras se duerme, alteraciones en la sensación olfativa, alguna hemorragia nasal extemporánea, y una mayor frecuencia y cantidad de resfriados a lo largo de todo el año. En el caso de que la desviación sea muy marcada, puede llegar a producir una obstrucción de los senos paranasales, y llegar a producir inflamación y sinusitis con toda su sintomatología asociada.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico a la vez que se utilizan exploraciones físicas mediante la rinoscopia o fibroscopia y en caso necesario mediante la utilización de imágenes radiológicas simples o seriadas (TAC o escáner), también en casos concretos está indicada la utilización de la RNM (Resonancia Nuclear Magnética).

El tratamiento es fundamentalmente quirúrgico, mediante técnicas que restablezcan la estructura del tabique nasal. La operación puede ser abierta o cerrada, es decir mediante visión directa o a través del orificio nasal respectivamente. A través de la web www.medivip.com, se pueden encontrar distintas clínicas donde realizan rinoplastias que además de restablecer la estructura del tabique nasal, armonizan las proporciones de la nariz. Las complicaciones de este tipo de intervenciones derivan o de una corrección insuficiente o de una perforación del tabique, llegado el caso, ambas situaciones pueden ser corregidas mediante una segunda intervención.

Como siempre prevenir es mejor que tener que curar, por ello los expertos recomiendan usar protectores en casos de riesgo a la vez que desarrollar un cuidado “saludable” de nuestra mucosa nasal, evitando en lo posible cambios frecuentes y bruscos de temperatura, evitando el uso continuado de descongestivos nasales, eludir en lo posible de los ambientes muy secos que generan por ejemplo los aires acondicionados, controlar adecuadamente los fenómenos alérgicos y los posibles contaminantes atmosféricos, realizar una limpieza y evacuación adecuadas cuando sea necesario y acudir al médico ante cualquier duda o sospecha, teniendo en cuenta este hecho especialmente cuando la desviación obstruya al menos uno de los orificios nasales.