El 25 de abril se celebra el Día del ADN que conmemora el descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN, publicada en 1953 por Watson y Crick, y el éxito en la culminación del Proyecto del Genoma Humano en abril del 2003. El ácido desoxirribonucleico (ADN), contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos. Su función principal es el almacenamiento a largo plazo de información, ya que contiene las instrucciones necesarias para construir otros componentes celulares.

Con los nuevos avances científicos en materia de Salud las expectativas de la población en materia de avances científicos en Sanidad son más altas que nunca y es nuestra responsabilidad gestionarlas de forma realista en términos de velocidad de la aplicación de los avances al tiempo que trabajamos duro para cumplirlas en los menores plazos posibles.

El descubrimiento de nuevos fármacos se encuentra en estos momentos en una fase de transición. La segunda revolución terapéutica iniciada en los años sesenta y que ahora está en fase de agotamiento, se basó principalmente en los  que el conocimiento de los receptores biológicos y los sistemas enzimáticos.

shutterstock_188689445En estos momentos y tras la decodificación del genoma humano, estamos en los albores de la tercera revolución terapéutica de la mano de la Biotecnología, de nuestros avances en el conocimiento de los Sistemas Biológicos, de la Epigenética y de la Genómica. Aunque ya estamos viendo sus primeros frutos, por ejemplo en las proteínas recombinantes, los anticuerpos monoclonales o los primeros éxitos de la farmacogenómica pero el camino está siendo más lento de lo previsto.

Lo que preocupa, es que a diferencia de lo que fueron la primera y la segunda revoluciones terapéuticas donde Europa tuvo un claro papel de liderazgo, la inmensa mayoría de esta tercera revolución procederá de EEUU, en primer lugar, y posiblemente de algunos países asiáticos en segunda posición, a menos que no se produzca un cambio radical en la prioridad de la investigación biomédica y farmacéutica en nuestro entorno y no se busquen fórmulas para fomentar, a gran escala, la cooperación entre los centros académicos y la industria innovadora, con el apoyo decidido de las Administraciones Públicas.

Es obvio que ello es difícil de compaginar con la percepción en muchos países europeos de la industria del medicamento casi exclusivamente como fuente de gasto sanitario, y su escasa valoración como fuente de progreso médico y social, y de mejora de la salud y la calidad de vida. Dicen los expertos que no basta con declaraciones biensonantes, se necesitan realidades tangibles y un horizonte de un clima favorecedor de la innovación a medio y largo plazo.shutterstock_188636501

Es bien conocido que solamente es posible acometer el esfuerzo que implica la Investigación y Desarrollo de nuevos productos en presencia de incentivos que generen expectativas razonables de un retorno de la inversión. En el sector farmacéutico estos incentivos se basan fundamentalmente en el sistema de patentes que permiten a la entidad investigadora la exclusividad en el mercado durante un periodo de tiempo limitado. El plazo de protección está establecido en términos generales en 20 años, en este plazo hay que descubrir, investigar, desarrollar, comercializar y tratar de rentabilizar los nuevos medicamentos.

Si tenemos en cuenta la creciente complejidad de la I+D farmacéutica que muchas veces requiere 12 ó 15 , incluso más años desde el descubrimiento de la molécula hasta su puesta en el mercado, se entiende fácilmente que acortar los tiempos de desarrollo es una prioridad en todas las empresas farmacéuticas investigadores y debería serlo para todos los agentes sociales ya que el fin y al cabo se trata por encima de todo de poner las novedades terapéuticas al alcance del paciente lo antes posible. A tal fin se está trabajando intensamente en el rediseño de procesos y en la aplicación de las nuevas tecnologías a los procesos de desarrollo.

El objetivo es triple y extremadamente ambicioso:

  • mejorar la velocidad de desarrollo
  • mejorar la calidad del mismo en términos de conocimiento sobre la eficacia y, muy importante, la seguridad del nuevo medicamento antes de su comercialización
  • ampliar en la medida de lo posible la validez externa de los datos obtenidos en las últimas fases del desarrollo clínico  en el sentido de introducir mayor diversidad en la población de pacientes investigada y más variables de gran relevancia para los pacientes y para los sistemas sanitarios tales como calidad de vida y efectividad .

Diego Mugarza

Diego Mugarza

Licenciado en administración y dirección de empresas, master en marketing y direccion comercial. Amante de todo tipo de deportes, de la musica, la naturaleza y viajero empedernido. La felicidad es su objetivo de vida, entiende la salud como una herramienta más para poder llegar a ser feliz.