La comunicación de las emociones es una faceta muy importante que trasciende lo puramente técnico y metodológico y alcanza al entorno cultural del individuo. Tal es así que se han demostrado notables diferencias a la hora de transmitir un estado emocional a la hora de hablar entre individuos que lo hacen en mandarín y que poseen una cultura oriental, china, que aquellos que hablan en inglés y están impregnados de una cultura anglosajona.

En el caso de la persona con ascendiente chino y que habla por tanto en mandarín, si quiere entender cómo se siente la persona con la que está interaccionando ha de fijarse muy especialmente en la entonación de su voz y no tanto en la expresión facial. Sin embargo en el caso de una persona de cultura y forma de expresión anglosajona es al contrario, si quiere comprender las emociones y sentimientos que transmite la persona con la que está interaccionando ha de fijarse sobre todo en su expresión facial, en la mímica de su cara.

shutterstock_186743594Estas claras y evidentes diferencias culturales se encuentran impresas de tal forma que no solo afloran en el comportamiento frente a los demás a la hora de expresarse, sino también en la actividad cerebral que emite cada individuo según publica un estudio de Neuropsicología realizado por la Universidad de McGill ubicada en Montreal (Canadá). Así lo han demostrado y confirmado los investigadores participantes en el análisis mediante la observación y monitorización electroencefalográfica de la actividad cerebral de 20 personas que hablaban en mandarín y 19 que lo hacían en inglés, todos ellos residentes en Montreal.

Este hecho viene influenciado también por la forma de ser y actuar en uno y otro caso. La cultura oriental es menos proclive a la gesticulación y a mantener la mirada fija y atenta a los ojos de su interlocutor que la anglosajona, es decir, el “mandarín-parlante” confía más en el tono de voz en lugar de en las señales faciales de su interlocutor para entender la emoción que transmite.

Para que se produzca una comunicación eficaz, la empatía y la transmisión de emociones y sentimientos es fundamental

Otra parte del estudio muestra cómo las expresiones faciales en general son mucho más importantes a la hora de transmitir emociones cuando se interpreta una canción que a la hora de hablar o mantener una conversación, aunque en ambos casos se utilizan tanto claves acústicas como mímicas faciales para transmitir un estado emocional.

Para demostrarlo los investigadores de la Universidad de McGill hicieron una prueba sencilla, invitaron a los participantes en el estudio a grabar frases cortas, de siete sílabas, habladas y cantadas, en audio y vídeo. Tras ello los resultados fueron expuestos a la “audiencia” que tenía que identificar las emociones primero en audio solo, luego en vídeo pero sin voz (mudo) y después la grabación completa, en audio y vídeo.

shutterstock_134849492Los expertos pudieron apreciar que en el momento de la canción, los participantes tuvieron dificultades para reconocer la emoción basada sólo en la grabación de audio, una vez que se añadían las “señales” de carácter visual a través del vídeo, la comprensión de las emociones transmitidas por medio de la música mejoraban notablemente. Por el contrario, los participantes en el análisis eran mucho más capaces de reconocer las emociones en el caso del habla al escuchar el audio solo, que viendo un vídeo sin sonido, o viendo audio y vídeo al mismo tiempo.

Como resultado y conclusión, los investigadores creen que las señales visuales son muy importantes en la comunicación, que varían en dependencia del entorno cultural en el que nos desenvolvamos y que juegan un papel mucho más importante en la comprensión de las emociones que se transmiten por medio de la música que lo que lo hacen en la comprensión simplemente hablada.

Hemos de tener en cuenta que para que se produzca una comunicación eficaz, la empatía y la transmisión de emociones y sentimientos es fundamental, quizás ahí está la clave del éxito de algunas personas, son capaces de identificar los estados emocionales de sus interlocutores y reaccionar en consecuencia (inteligencia emocional) y a su vez transmitir de una forma completa sus mensajes, utilizando no solo el habla sino muy especialmente la fuerza de sus emociones con los múltiples recursos que nos ofrece la mímica, la entonación y el uso adecuado de las pausas y los silencios.

Una vida saludable requiere sin duda de un componente fundamental, una comunicación completa, integral, emocional, que sepa utilizar a su favor la fuerza de las emociones en su integridad, en uno o en otro sentido, de una forma biunívoca y total.