El objetivo de la educación sexual debería ser originar reflexiones adultas sobre los valores, sentimientos, actitudes, conocimientos y prácticas propios y ofrecer información para evitar que la ignorancia haga estragos entre la juventud dejando secuelas, en algunos casos irreversibles.

La Organización mundial de la Salud (OMS) define a la adolescencia como la época comprendida entre los 10 y 19 años. Desde el punto de vista de la salud reproductiva, se trata de una etapa esencial. Surgen cambios radicales en el cuerpo, aparecen nuevas sensaciones, aunque al mismo tiempo, los adolescentes sienten de forma gradual las presiones del medio. Es por esta razón, que la falta de información en esta etapa afecta más que en ninguna otra. Por lo tanto creemos que una educación sexual adecuada es capaz de promover actitudes responsables, prevenir embarazos no deseados y ETS.

En la actualidad un tercio de los jóvenes se inicia en la vida sexual sin prevención debido a una falta de información, orientación y educación sexual adecuada, por ello es importante considerar la variabilidad de las representaciones sociales que influyen sobre los jóvenes a propósito de la sexualidad. Nos referimos a los medios de comunicación, a la influencia de la familia, los adultos, la educación, y el grupo social, el cual ejerce una gran influencia, considerando la preocupación que tiene el joven por ser “normal” en esta cuestión y de la importancia del grupo de amigos en este período de la vida.

Los varones suelen iniciarse antes que las mujeres pero ambos en menor o mayor medida están expuestos a los riesgos que implican llevar una sexualidad sin cuidados, de la misma manera que los adultos.El objetivo de la educación sexual debería ser originar reflexiones adultas sobre los valores, sentimientos, actitudes, conocimientos y prácticas propios y ofrecer información para evitar que la ignorancia haga estragos entre la juventud dejando secuelas, en algunos casos irreversibles.

Es tarea de padres, tanto como de educadores brindar conocimientos y asesorar sin prejuzgar ni juzgar, para evitar daños, ya que no hay que olvidar que las ETS afectan a hombres y mujeres de cualquier nivel social y económico y, sobre todo, que son más frecuentes entre los adolescentes y los adultos jóvenes (seis de cada diez ETS se dan en personas menores de 25 años). En muchas ocasiones las ETS no causan síntomas, sobre todo entre las mujeres. En otros casos, los síntomas se confunden fácilmente con los de otras enfermedades que no son de transmisión sexual. Sin embargo, aunque una ETS no produzca síntomas, la persona infectada puede contagiar al compañero sexual. Por esa razón, los médicos recomiendan revisiones periódicas a las personas que tienen más de un compañero sexual. Las ETS más comunes y conocidas son: SIDA, infección por clamidias (hongo), herpes genital, verrugas genitales, gonorrea y sífilis.