Naciones Unidas, frente a la gravedad y urgencia de los problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad, instituyó el Decenio de las Naciones Unidas de la Educación con miras al Desarrollo Sostenible (2005-2014), designando a la UNESCO como órgano responsable de su promoción. Su objetivo consistía en “integrar los principios, valores y prácticas del desarrollo sostenible en todas las facetas de la educación y el aprendizaje”.

Esta iniciativa educativa, según el propio Organismo Internacional, “fomenta los cambios de comportamiento necesarios para preservar en el futuro la integridad del medio ambiente y la viabilidad de la economía, y para que las generaciones actuales y venideras gocen de justicia social”.

Dentro de dicha justicia social, el agua considerada como un recurso renovable, ha dejado de serlo y buena prueba de ello son los mensajes y conclusiones vertidas en la exposición internacional 2008 de Zaragoza, dedicada monográficamente a este aspecto: de aquí al año 2050, cerca de 2000 millones de personas más necesitaran acceso al agua y a la energía.

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Hector Conesa

La conferencia de Mar del Plata, Argentina, celebrada allá por 1977, supuso el punto de arranque de una serie de proyectos y planes de acción en torno al agua, que tenían la misión de cambiar las percepciones acerca de este recurso indispensable.

Como se señala en el Primer Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “De todas las crisis, ya sean de orden social o relativas a los recursos naturales con las que nos enfrentamos los seres humanos, la crisis del agua es la que se encuentra en el corazón mismo de nuestra supervivencia y la de nuestro planeta”, a pesar de que el agua es la sustancia más abundante del planeta solo el 2,5% del total es agua dulce.

Expertos en gestión de recursos naturales participantes en el IV Foro Mundial del Agua celebrado en México, iniciativa del Consejo Mundial del Agua (CMA), organización dedicada a analizar políticas mundiales sobre el agua, pusieron de manifiesto que la falta de acceso al agua potable y la pobre calidad del agua en algunos entornos son inaceptables, así mismo destacaron el derecho al agua como condición indispensable para la dignidad humana.  El problema del agua exige el reconocimiento del derecho fundamental de todo ser humano a disponer de, por lo menos, 20 litros de agua potable diarios.

Los principales retos que enfrenta hoy el sistema mundial del agua, son el crecimiento demográfico, la deforestación, la degradación de los suelos y el cambio climático. El Consejo insta a la comunidad internacional a dar un paso hacia delante en su esfuerzo por resolver la crisis mundial del agua.

[blocktext align=”right”]Los principales retos que enfrenta hoy el sistema mundial del agua, son el crecimiento demográfico, la deforestación, la degradación de los suelos y el cambio climático[/blocktext]

Jacques Diouf, Director general de la FAO, en una entrevista en torno al día Mundial del Agua allá por 2007, afirmaba que el acceso al agua está estrechamente ligado al cumplimiento de la mayoría de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. “Afrontar la escasez de agua requiere solucionar una serie de cuestiones, no todas ellas directamente relacionadas con la agricultura, que van desde la protección del medio ambiente y el calentamiento global hasta establecer precios justos para los recursos hídricos y un reparto equitativo del agua para el riego, la industria y el consumo doméstico. Ello significa que no solamente el sector agrícola, si no todo el mundo, organismos internacionales, gobiernos, comunidades locales, deben compartir la responsabilidad”.

Según el Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo “el agua, una responsabilidad compartida”: El agua resulta fundamental para aliviar la pobreza. Aproximadamente el 13% de la población mundial, es decir, más de 800 millones de personas, no tiene acceso a una cantidad de alimentos suficiente para disfrutar de una vida sana y productiva. Suministrar el agua necesaria para alimentar a una población que va en aumento y equilibrar dicho suministro con el resto de demandas de agua supone uno de los grandes desafíos de este siglo.

Garantizar la cantidad de agua necesaria para los caudales medioambientales y para la industria hará que aumente aún más el gravamen sobre los recursos hídricos. Además, proporcionar agua a los 1.100 millones de personas que todavía no tienen acceso a un suministro mejorado de agua y a los 2.600 millones de personas que no tienen acceso a un sistema de saneamiento mejorado hará que el desafío sea todavía mayor. También es necesario combatir las enfermedades relacionadas con el agua, incluyendo el paludismo, que causa entre 300 y 500 millones de nuevos casos, y entre 1,6 y 2,5 millones de muertes al año. En muchas partes del mundo, se observa una disminución de la cantidad de agua disponible y de su calidad.

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Hector Conesa

Según refleja el citado informe de Naciones Unidas: si se pretende alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de agua dulce, biodiversidad y cambio climático, entre otros, las soluciones de gestión deberán incluir a los ecosistemas. En la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (CMDS) de 2002, los países se comprometieron, además de a reducir a la mitad el porcentaje de personas que no tienen acceso al agua potable ni al saneamiento básico para el año 2015, a reducir significativamente la tasa de pérdida de biodiversidad en los ecosistemas acuáticos. Reconciliar ambos objetivos supone un enorme desafío.

Respecto al saneamiento, el nuevo informe de OMS/UNICEF “Progresos en el acceso a agua y saneamiento: actualización de 2014”destaca la necesidad de seguir reduciendo la falta de acceso mejorado a agua potable y saneamiento. Desde 1990, unos 2.000 millones de personas han logrado acceso a saneamiento mejorado y unos 2.300 millones han conseguido acceso a una fuente mejorada de agua potable. Unos 1.600 millones de estas personas disponen de conexión directa a la red de abastecimiento de agua en su hogar. El informe también destaca una reducción de la diferencia en el acceso a agua y saneamiento entre las poblaciones rurales y urbanas.

Sin embargo, “la amplia mayoría de los que viven sin saneamiento mejorado son personas pobres que viven en zonas rurales. Los progresos en el saneamiento rural, allí donde han tenido lugar, han beneficiado principalmente a las poblaciones ricas, incrementando la desigualdad”, ha declarado María Neira, Directora del Departamento de Salud Pública y factores medioambientales y sociales determinantes de la salud de la OMS.

Demasiadas personas siguen sin tener acceso a un nivel básico de agua y saneamiento. El reto consiste en realizar los pasos adecuados para acelerar el acceso a los grupos en desventaja. Un primer paso esencial es hacer un mejor seguimiento de quién, cuándo y cómo se consigue acceso a agua y saneamiento de forma que podamos centrarnos en aquéllos que todavía no tienen acceso a estos servicios básicos”, añadió.

  • Objetivos del Milenio

El informe presenta cifras del periodo 1990-2012 y se basa en datos extraídos de encuestas de familias representativas y en censos nacionales. El informe revela que en 2012, 116 países habían logrado alcanzar la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) relacionada con el agua y que 77 habían alcanzado la meta del saneamiento; solo 56 países han logrado ambas metas. La meta 7.C. de los ODM pretende reducir la proporción de personas sin acceso sostenible a agua potable segura y a saneamiento básico.

Recientemente ha concluido la reunión de ONU – Agua para el decenio, que se ha celebrado en Zaragoza, poniendo de manifiesto la necesaria cooperación entre los sectores del agua y de la energía, y de éstos con los Gobiernos, esta es vital para asegurar que estos servicios se sigan prestando en el futuro próximo.

La demanda de agua podría superar en un 44% los recursos disponibles anuales en 2050 y la demanda de energía podría aumentar en un 50% de aquí a esa fecha. El mundo se enfrenta por tanto a un reto seguro, pues sin energía no hay agua y sin agua no hay energía. “No podemos permitirnos políticas energéticas que no tengan en cuenta que el agua es necesaria para producir hidroelectricidad y para la refrigeración en todos los procesos de generación de energía, o políticas del agua que no consideren cuánto necesitan a la energía para bombear el agua, purificarla, transportarla, presurizarla y depurarla”.

La pobreza del agua y la pobreza energética van de la mano, por lo que es necesario que haya políticas sociales que consideren tanto el agua como la energía si dichas políticas pretenden ser inclusivas. “Ahorrar agua es ahorrar energía y viceversa”, si queremos a construir un futuro sostenible “todos tenemos un papel que jugar”.