Cuántas veces te has preguntado en la Escuela, y esto que estamos viendo ¿para qué me sirve?

Yo me lo preguntaba con mucha frecuencia. No veía la aplicabilidad en mi día a día de conceptos como “la raíz cuadrada”. No entendía bien para qué estudiar algo que una máquina podría resolver en segundos. Aún así me esforcé en aprenderlo y luego la vida, me ha demostrado que una máquina te ayuda siempre que sepas bien cómo pedirle los datos que quieres encontrar. Ahora en mi investigación, cuando tengo delante de mí el PC con el programa estadístico SPSS abierto en mi pantalla, entiendo aún más la importancia de saber qué se busca.

shutterstock_195037466La vida me ha regalado instantes donde era incapaz de absorber tanta información, esos “instantes san Google” donde cuentas ya con tanto dato enfrente que necesitas seleccionar lo esencial y poner en marcha un sinfín más de estrategias para obtener los resultados que esperas. Es importante no perder la visión general de lo que queremos, sino nos enrollamos de un link a otro y ya estás perdido porque al final acabas en una página que poco tiene que ver con lo que precisas y esto nos hace perder un tiempo muy valioso. Requerimos esa visión general que nos permita tener un objetivo a cumplir. Una visión que nos ayude a comprender mejor muchos conceptos. Esta visión podemos encontrarla a nuestro paso por el centro de estudios, aunque supongo que esta percepción no es la que se tiene cuando uno está allí. Puede que esto no se aprecie tanto este matiz, en cambio lo que sí se percibe son algunas estrategias que no funcionan. Eso debe darnos fuerzas para luchar por encontrar lo que quieres que funcione en tu vida para poder apretar el botón de “ME GUSTA” como si del mismo muro en Facebook se tratase.  

En el mundo de los problemas, cada problema es un mundo

Pero… ¿qué pasa con aquellos problemas que no se pueden solucionar sólo con una máquina? … aquí viene el punto de curiosidad que me llevó a inclinarme por el estudio de LOS SERES HUMANOS. LO HUMANO cuenta con muchas más variables a conjugar y eso me pareció fascinante.

De ahí mi afán por aprender a pensar, estudiar programas para aprender a resolver problemas y formarme para aprender a resolver conflictos y tener la fortuna de ir practicando en grupos que he ido coordinando a lo largo de mi vida. Los grupos tienen una magia especial. Me atrae mucho su funcionamiento y los procesos que se van dando en ellos, sus fases, cómo cada uno se integra en ellos, la imagen que proyecta, lo que se dice, lo que se guarda sin decir, lo que se manipula, lo que enfada y se dice, lo que se guarda sin decir, lo que da miedo y se evita, los temas tabú, las sinergias, la fuerza del corazón, la envidia, los odios, los celos, la necesidad de cariño, de aprobación, de seguridad… en fin,… cuánto hay bajo un grupo humano. Egos que no quieren mejorar, carencias, fortalezas, puntos de mejora, sinergias mágicas y potentes.

Entonces, una vez terminada la carrera, entendí la importancia de ser humilde y reconocer que en el mundo de los problemas… cada problema es un mundo y en cada momento, es necesario valorar unos parámetros o unas coordenadas distintas para su resolución. Y de pronto: ¡Eureka! Sentí que era como estar delante del PC,¡¡¡tienes que saber qué necesitas encontrar para empezar a buscar!!! Con la pequeña diferencia que ahora ese PC era uno mismo y como se viene sin manual de instrucciones, ¿dónde podemos encontrar nuestra solución?

Fui descubriendo que nuestro cuerpo tiene la respuesta, nuestras emociones, nuestras sensaciones, nuestra intuición, tener o no feeling con alguien. Todo es información potente que aún no hemos aprendido a descifrar ni leer con la normalidad con la que leemos hoy día ya los botones de archivo, guardar o imprimir.

¿Qué nos impide ser más hábiles en esa resolución más efectiva? Desde mi punto de vista el desconocimiento de uno mismo y su mundo afectivo.

Hay veces que el mismo problema se nos repite, nos ajustamos a un patrón de respuesta inefectiva desde hace años y ahí nos anclamos porque en el fondo, quizás no conozcamos otra manera de hacerlo.

Me encantaría que el pánico no matara las vías de explorar nuevos caminos en cada grupo al que vamos perteneciendo. Sería estupendo abrir la mente con ganas diciendo esa frase que tan buenos resultados puede llegar a dar: “NO SÉ CÓMO HACER, pero quiero intentar otra manera mejor”. A mí al menos me ha ayudado para ir retándome y sentir que el miedo es una emoción normal cuando hay problemas, la sorpresa ante la nueva situación, el enfado que salta a la mínima cuando nos sentimos atacados, la tristeza nuestra compañera ante la pérdida de algo que era valioso para nosotros, el asco incluso que puede solaparse con más emociones desagradables cuando no soporto a alguien o la alegría al encontrar alguna pieza válida para nuestro particular puzzle … una luz, una ventana… llámalo X: Una alternativa más efectiva.

La verdad es que me apasionó descubrir que algunos problemas reales de mi vida cotidiana TAMBIÉN podrían tener solución y resolverse de una forma más efectiva, sin que me quitaran tanta energía.  ¿Qué les impidió en el colegio a mostrarme ese maravilloso mundo muy aplicable a mi día a día? No lo sé. Quizá ellos tampoco lo conocían de una forma tan sistematizada como hoy puede trabajarse, incluso por unidades didácticas en las aulas.

¿Y qué nos impide ser más hábiles en esa resolución más efectiva? Desde mi punto de vista el desconocimiento de uno mismo y su mundo afectivo. Para mí, conocer las bondades de la inteligencia emocional fue y sigue siendo una clave fundamental y llena de sentido.

  • La inteligencia emocional

En realidad, descubro que a veces poco importan los contenidos que se estudien, lo verdaderamente vital es poner en marcha nuestras capacidades y recursos para seguir adelante: escuchar, observar, entender, comprender, memorizar, explicar, dominar, crear, sobrellevar la ansiedad ante la evaluación, seleccionar antes de responder, precisar, opinar sólo cuando nos preguntan, aprender a pedir, tolerar la frustración, energizarnos, gestionar el tiempo, trabajar en equipo, solucionar conflictos… y un largo etc. En la escuela, el instituto, la universidad o la vida, lo importante no es el contenido (lo que pasa) sino la actitud que yo tengo para poder afrontarlo (con qué recursos y estrategias personales cuento para salir más fuerte de esa situación).

Si nos atrevemos a VIVIR cada instante, independientemente del color que tenga, con todo el repertorio de emociones que podemos lograr sentir y expresar, entonces podremos vivir nuestra vida, llena de experiencias que nos hagan madurar y APRENDER de cada instante. Porque cada instante: cuenta.  Para mí el GRAN MAESTRO siempre es un verbo: APRENDER y su mejor discípulo: EMPRENDER