Explicar en qué consiste el dolor y cuál es su mecanismo de funcionamiento es muy complejo. El dolor lo podemos experimentar todos aquellos seres vivos que disponemos de un sistema nervioso central. Es muy complicado descifraros en un solo artículo los entresijos de esta experiencia sensorial, generalmente desagradable, ya que asociado al dolor siempre hay una componente emocional y, por lo tanto, subjetiva, lo que complica aún más su estudio.

 

Según la “International Association of the Study of Pain” el dolor se define como “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño real o potencial del tejido, o se describe en términos de dicho daño”. Sin embargo, para todos nosotros, el dolor es simplemente una sensación desagradable de que algo nos hace daño.

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Cuando tu cuerpo recibe algún tipo de lesión o hay algo que no acaba de funcionar bien, los nervios (las células que ayudan al organismo a enviar y recibir información) envían millones de mensajes al cerebro sobre qué es lo que está pasando. Y el cerebro te hace sentir el dolor. De modo que, si tocas un horno que está muy caliente, tus receptores de la piel (nociceptores) se pondrán en contacto con tu cerebro por vía nerviosa y este último enviará rápidamente el mensaje de que te duele la mano. Tú recibirás ese mensaje y retirarás enseguida la mano del horno, lo que impedirá que te lesiones más. Necesitamos el dolor para sobrevivir. Si el hecho de andar con una pierna rota no doliera, la persona la seguiría utilizando y se lesionaría todavía más. Si te duele mucho la garganta, probablemente irás al médico, quien te trataría la infección en el caso de que padecieras una, y así podría continuar con una larga lista de ejemplos.

Si nos centramos en los nociceptores – los receptores de la neuronas sensoriales de la piel, la mucosa o los órganos internos – hay tres tipos:

-Térmicos: son activados por el calor o el frío perjudicial.

-Mecánicos: advierten un exceso de presión o deformación.

-Químicos: sensibles a las sustancias químicas.

La percepción del dolor se produce cuando los nociceptores son estimulados y trasmiten señales a través de las neuronas sensoriales de la médula espinal. A continuación, estas señales se envían al hipotálamo, la parte del cerebro en la que se produce la percepción del dolor. Desde el tálamo, la señal viaja al cerebro, momento en que el individuo toma plena conciencia del dolor.

Hasta ahora nos hemos estado refiriendo a un tipo de dolor, el dolor agudo, un dolor de corta duración que suele tener una causa fácilmente identificable, pero existe otro tipo de dolor, el crónico. Éste suele ser independiente de la causa original del dolor. Es posible que la causa del dolor ya no exista, pero que los nervios sobreexcitados sigan notificando dolor al cerebro. En otras ocasiones, la causa del dolor puede seguir existiendo sin poder ser tratada o eliminada en todos los casos, como en las enfermedades incurables o crónicas. La percepción del dolor puede incluso independizarse por completo del estímulo original, con lo que en ese caso la señal de dolor pierde su función de advertencia. De ese modo el dolor constante o intermitente dura más que su propósito: ya no ayuda al cuerpo a evitar el daño. Este tipo de dolor es muchísimo más difícil de tratar que el agudo y trae de cabeza a la comunidad científica.

La subjetividad de esta sensación y lo complicado de los mecanismos involucrados en su funcionamiento, hace que haya una ciencia específica para el estudio del dolor, la algología.