Algunos decían que nos podemos diferenciar en dos grupos, aquellos que tenemos pueblo y aquellos que no lo tienen, es decir, en las personas que tienen casa y pasan sus vacaciones en parte o en su totalidad en el pueblo y aquellos que por lo que sea las pasan de otra forma.

 

No está muy clara esta diferenciación, pero lo que sí que es evidente es que un núcleo de población reducido, un pueblo por ejemplo, permite una libertad sobre todo para los chavales que difícilmente podemos encontrar en otros lugares. Este hecho en sí ya es más que positivo puesto que no solo les otorga un nivel de autonomía a ellos que normalmente no lo tienen en sus lugares de origen, sino que a los padres les permite gozar de periodos de tiempo más dilatados para realizar aquellas actividades o practicar aquellos hobbies que más les puedan agradar.

No es motivo de este artículo anteponer un entorno a otro, allá cada cual, pero lo que sí que es cierto es que la vida en contacto con la naturaleza y en un entorno social reducido donde todo el mundo se conoce, permite una serie de hábitos y costumbres que realmente son diferenciales respecto de las que vivimos habitualmente en las ciudades y en las grandes urbes.

shutterstock_259078316Un entorno rural nos permite entre otras cosas relacionarnos más fácilmente con las personas con las que convivimos día a día, es todo mucho más próximo, más cercano, la vida discurre de otra forma, ni mejor ni peor, simplemente con otro ritmo que nuestro organismo sin duda va a saber agradecer.

Si a ello le añadimos el hecho de estar de vacaciones, por lo tanto con mucho más tiempo libre a nuestra disposición, sin duda que vamos a hallar en esta circunstancia un motivo de cambio respecto de nuestros usos y costumbres habituales, lo que va a redundar de una forma muy positiva tanto en el plano social como en el psicológico, aspectos ambos fundamentales para gozar de una buena salud global.

Otro aspecto importante es que en la zona rural sin duda que estamos más en contacto con la naturaleza en todos los sentidos y si somos capaces de aprovechar este hecho, será otro aspecto más que positivo que contribuirá a reforzar ese hecho saludable de nuestro periodo vacacional.

En el pueblo realizamos más ejercicio, hasta sin querer, caminamos más, estamos más tiempo fuera de casa, tiempo que podemos aprovechar para practicar ejercicio y deporte, el que más nos atraiga y más nos guste, con lo que nuestra salud sin duda que se verá recompensada también en lo físico. Si además desarrollamos una dieta adecuada durante este periodo mejor que mejor.

Otro aspecto relevante lo ocupa la tranquilidad, el sosiego y la paz que se respira, este elemento clave de salud, bien aprovechado, no solo nos va a ayudar a relajarnos sino que nos va a permitir realizar actividades a las que normalmente dedicamos poco tiempo, leer un buen libro, escuchar una buena música que nos agrade, ver una película con tranquilidad y por qué no tras el almuerzo echarnos una siesta reparadora, algo que probablemente no podemos hacer en nuestro ajetreado día a día.

En fin, que cada cual vivirá sus vacaciones como mejor le plazca, pero sin duda que una alternativa que cada vez va cogiendo mayor fuerza es el retornar a nuestras raíces, a ese entorno rural del que un buen día nuestros abuelos o nuestros padres salieron.