El queso es sin duda un alimento que se encuentra dentro de la pirámide nutricional con la recomendación que envuelve a todos los lácteos (leche, queso, yogur…), dos o tres porciones diarias en total, aunque hay que tener en cuenta que “la cantidad o número de porciones de cada alimento que una persona debe consumir depende de varios factores: el peso, la edad, el sexo y la actividad física” según indican los expertos.

Un menú equilibrado debe contener, diariamente, cerca de 55% de carbohidratos, 30% de grasas y 15% de proteínas y vitaminas, minerales y fibras. Para asegurarse de que todos estos nutrientes estén presentes en la dieta diaria, la FDA (Food and Drug Administration – Agencia del gobierno estadounidense que controla la producción y comercialización de medicamentos y alimentos), aboga por un uso específico de porciones diarias de alimentos que conforman la pirámide alimenticia.

Para hacernos una idea del contenido nutricional del queso y teniendo en cuenta las variaciones lógicas determinadas por el origen y el proceso y forma de elaboración, podemos decir que cien gramos de queso manchego fresco contendrían 26 gr. de proteínas (36 gr. si es concentrado) y entre 600 y 900 mg de calcio, aportándonos entre 330 y 460 kilocalorías en dependencia de si es fresco o curado.

Calculando podemos establecer que 100 gramos de queso manchego fresco contendrían 26 gr. de proteínas, y entre 600 y 900 mg de calcio, aportándonos entre 330 y 460 kilocalorías en dependencia de si es fresco o curado.

El queso contiene en general un alto contenido en grasas saturadas, consistentes en triglicéridos y ácidos grasos saturados y monoinsaturados fundamentalmente (los que menos poseen son el queso blanco desnatado y a una distancia el denominado de “Burgos”), por lo que para no incrementar el riesgo cardiovascular, la obesidad y el sobrepeso, es necesario consumirlo con moderación (según nos marca la pirámide nutricional); eso sí, degustando todos sus matices y sabores asociados a su origen, puesto que es todo un manjar además de haber toda una cultura alrededor del queso en nuestro país, siendo una “delicatesen” con la que experimentar diferentes “maridajes” por ejemplo con el vino que es otro producto exquisito profundamente arraigado a nuestra tierra.

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Según indican los expertos, España tiene aproximadamente cien tipos y variedades de quesos, algunos son ampliamente conocidos aquí y fuera de nuestras fronteras, disponiendo algunos de ellos de “denominación de origen”. Los más representativos  serían: D.O. Afuega´l Pitu, D.O. Cabrales, D.O. Cebreiro, D.O. Gamonedo, D.O. diazábal, D.O. Mahón, D.O. Mantequilla de L´Alt Urgell y La Cerdenya, D.O. Mantequilla de Soria, D.O. Picón-Bejes-Tresviso, D.O. Queso de Arzúa-Ulloa, D.O. Queso de Cantabria, I.G.P. Queso de L´Alt y La Cerdanya, D.O. Queso de la Serena, D.O. Queso de Murcia, D.O. Queso de Murcia al Vino, I.G.P. Queso de Valdeón, D.O. Queso Ibores, D.O. Queso Majorero, D.O. Queso Majorero, D.O. Queso Manchego, D.O. Queso Nata de Cantabria, D.O. Queso Palmero, D.O. Queso Tetilla, D.O. Queso Zamorano, D.O. Quesucos de Liébana, D.O. Roncal, D.O. San Simón Da Costa, D.O. Torta del Casar (http://infoagro.com/denominaciones/?p=13&idp=34&denominacion_de_Quesos)

La denominación de origen en esta materia implica que han de ser elaborados con leche procedente  de animales de razas de ganado adaptadas al medio natural de cada región, cuyas condiciones de alimentación y manejo están reguladas en el respectivo Reglamento con el objetivo de obtener productos de alta calidad y vinculados al medio geográfico de que proceden y su origen, debe estar avalado por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen correspondiente.

Ahora a disfrutarlo, pero con moderación, degustando todos sus matices, sabores, peculiaridades y características que hacen de cada uno de ellos, un manjar de inestimable valor gastronómico y culinario.