Para medir adecuadamente la presión arterial debe colocarse el manguito del esfigmomanómetro a la altura del corazón. El borde superior debe estar como mínimo dos centímetros por encima de la flexura del codo. A continuación se infla el manguito hasta una presión de 180 milímetros de Hg. Si se sabe que en determinaciones anteriores la presión sistólica era superior a esta cifra, se infla hasta una presión 20 mm Hg por encima de la última conocida. Se coloca la campana del fonendo allí donde previamente se ha localizado el latido arterial en la flexura del codo y se procede a desinflar poco a poco el manguito. El primer latido que se escucha corresponde a la presión sistólica o máxima y la desaparición del latido a la presión diastólica o mínima. En los niños y también en algunos adultos, los latidos no desaparecen; entonces se considera como presión diastólica aquella en la que se modifica la tonalidad de los latidos.

 

La hipertensión arterial es un proceso patológico que se corresponde con un incremento sostenido de la presión arterial sistólica en reposo por encima de 140 mm de mercurio (Hg) y la diastólica por encima de 90 mm de Hg. Una presión arterial normal teniendo en cuenta la edad es una presión arterial menor de 120/80 mm de Hg la mayoría de las veces. Desde los años ochenta el número de pacientes no diagnosticados ha aumentado de forma constante.

Quién no ha oído o tenido una presión arterial elevada en un momento determinado, seguro que todos nosotros en algún momento o hemos sufrido o hemos visto como alguno de nuestros familiares o amigos manifestaban su preocupación por este tipo de constante que se ha convertido en un motivo de atención en nuestros días. Algunos de los factores ambientales que contribuyen al desarrollo de la hipertensión arterial incluyen la obesidad, el consumo de alcohol, el tamaño de la familia, vivir en zonas urbanas y las profesiones estresantes. Se ha notado que en sociedades económicamente prósperas, estos factores aumentan la incidencia de hipertensión con la edad, especialmente si se trata de varones.

La hipertensión esencial, primaria o de causa desconocida es la más frecuente, aunque también se produce un incremento de la tensión en ciertas patologías renales. Hemos de tener en cuenta que en ocasiones tanto el abuso del alcohol como el uso de anticonceptivos pueden ser desencadenantes de un fenómeno de hipertensión.

La hipertensión es una enfermedad asintomática y fácil de detectar; sin embargo, cursa con complicaciones graves y letales si no se trata a tiempo. La hipertensión crónica es el factor de riesgo modificable más importante para desarrollar enfermedades cardiovasculares, así como para la enfermedad cerebrovascular y renal. Hay que tener en cuenta que un dolor de cabeza fuerte, náuseas o vómitos, confusión, cambios en la visión o sangrado nasal, puede ser un indicio de una forma grave de hipertensión arterial llamada hipertensión maligna

Normalmente no existe una sintomatología asociada evidente, es más un signo que un síntoma y sin duda que este estado silente le confiere junto a otros factores de riesgo cardiovascular un perfil especial. La hipertensión no duele, no molesta, no genera “disconfort”, no produce alteraciones evidentes en el corto plazo, pero asociada a otros factores de riesgo cardiovascular como la diabetes, el tabaco, el sobrepeso, la hipercolesterolemia o el estrés puede abocar a un complicado cuadro de isquemia cardiaca o de alteración cerebrovascular de pronóstico indeterminado y en ocasiones infausto.

La hipertensión es de fácil diagnóstico cuando se sospecha, puesto que una simple toma de la misma por esfigmomanometría es suficiente para determinarla. Lo ideal es que la presión arterial se mida después de cinco minutos de reposo y en diferentes momentos del día. Hay que tener en cuenta que los esfigmomanómetros (aparatos para la toma de la tensión) que tienen mercurio son más exactos, los dispositivos mecánicos deben calibrarse periódicamente y los lectores automáticos suelen ser en general poco fiables. La presión arterial se mide en reposo, en uno de los brazos y si se toma en los dos se usa el valor más alto obtenido. En este sentido, es bueno tener en cuenta que la presión arterial medida en consulta puede ser mayor a la presión arterial que una persona tiene normalmente, fenómeno que se conoce como hipertensión de bata blanca.

Se indica tratamiento para la hipertensión con diuréticos, IECA, ARA-II, beta bloqueantes, bloqueante de los canales de calcio o una combinación de éstos a criterio del médico a:

  • Pacientes con cifras tensionales diastólicas mayores de 90 mmHg o sistólica mayores de 140 mmHg en mediciones repetidas;
  • Pacientes con una tensión diastólica menor que 89 mmHg con una tensión sistólica mayor que 160 mmHg;
  • Pacientes con una tensión diastólica de 85 a 90 mmHg que tengan diabetes mellitus o con arteroesclerosis vascular demostrada.

Según apuntan los expertos la prevención incluye:

  • Hacer ejercicio regularmente (al menos 30 minutos de ejercicio aeróbico por día).
  • Mantener un peso corporal dentro de los estándares correspondientes a la edad y la estatura, según el sexo, lo que debe estar acorde con el índice de masa corporal (IMC) correspondiente.
  • Reducir al mínimo el consumo de alcohol: al día no deben consumirse más de 30 ml de etanol, que equivale a 720 ml (2 latas) de cerveza; 300 ml de vino (dos copas; un vaso lleno contiene 250 ml); 60 ml de whisky (un quinto de vaso), en los varones; en las mujeres, la mitad.
  • Reducir el consumo de sodio (sal).
  • Consumir una alimentación cardiosaludable rica en ácidos grasos poliinsaturados y pobre en grasas saturada, que incluya potasio y fibra, una dieta rica en frutas y vegetales; lácteos bajos en grasa con reducido contenido de grasa saturada y total y tomar bastante agua.
  • Eliminar el tabaco y las bebidas estimulantes como el café o el té..
  • Controlar la glucemia (sobre todo si la persona padece diabetes).