Normalmente hablamos del sol especialmente en la época estival, cuando el verano aprieta y se hace necesario ir pensando en cómo protegernos de él en playas, piscinas, paseando por el campo, haciendo deporte o haciendo “trekking” por la montaña. Es entonces cuando con más intensidad se producen las quemaduras solares de diferente grado y condición y cuando nuestros ojos pueden sufrir los efectos nocivos del astro rey. Pero también sufren el resto del año.

Una deficiente protección frente el sol puede provocarnos lesiones en cualquier época del año y especialmente en aquellos que son más sensibles como niños, ancianos, etc… como queratitis (quemaduras solares) o conjuntivitis. Estos daños pueden derivar a largo plazo en alteraciones agudas de la córnea, lesiones degenerativas y quemaduras agudas en la retina, que pueden llegar a provocar la pérdida progresiva de la visión. Por ello los especialistas y expertos recomiendan la utilización de gafas de sol homologadas y que absorban tanto la luz perjudicial ultravioleta e infrarroja al 100%.

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El sol nos proporciona luz, calor y otros efectos positivos para la salud gracias a las diferentes radicaciones visibles, Ultra Violeta (UV) e Infrarrojas (IR). Aprovechar las horas de sol en invierno, paseando por la montaña, practicando deportes de nieve, o con apacibles paseos junto al mar, es recomendable antes de recogernos para protegernos del frío tras la puesta de sol. Pero el exceso de radiaciones UV e IR tienen efectos adversos para la salud, como quemaduras o pérdida de elasticidad en la piel, efectos que son acumulativos y que pueden llegar a ser cancerosos.

Nuestros ojos también están expuestos a estas radiaciones y más en invierno, cuando el sol va más bajo y las radiaciones inciden más directamente sobre los ojos.

Nuestros ojos también están expuestos a estas radiaciones y más en invierno, cuando el sol va más bajo y las radiaciones inciden más directamente sobre los ojos. Al usar gafas de sol para que no nos deslumbre, estamos más cómodos pero no más protegidos, ya que las pupilas se dilatan por la disminución de radiaciones visibles, permitiendo la entrada de las radiaciones nocivas UV e IR. Así, como los reflejos sobre la nieve incrementan esas radiaciones, si usamos gafas con cristales oscuros (del 4 según la norma CE), dejaremos que entren estas radiaciones. Lo mismo ocurre con el reflejo del sol en el agua cuando vamos a la playa.

shutterstock_110051411Según explica Oriol Cusó, óptico optometrista y Director de IndoAcademy, departamento de formación de la empresa Indo, “la mayoría de las lentes solares, e incluso las blancas, nos protegen de las UV pero no de las IR”. Un estudio sobre filtros ópticos para el esquí en la estación de Formigal constató que un 15% de gafas solares tenían categoría de filtro insuficiente. Un 10% de las gafas de sol tenía un pie UV insuficiente, y en las máscaras de ventisca alcanzaba el 30%. Además, el 15% de las gafas de sol no protegen bien de la luz azul (la que emiten los dispositivos electrónicos), y el 25% no tiene protección al infrarrojo solar. Otro dato destacado de este estudio es que entre un 5% y un 10% de las gafas solares no serían aptas para la conducción de vehículos.

Para atajar este problema, Indo ha desarrollado las lentes solares SunMAX, que también ofrecen protección al IR, evitando que estas radiaciones lleguen a la retina, donde producen oxidaciones letales en las células. También podemos protegernos de estas radiaciones IR y UV con las lentes blancas con tratamiento eNERGY, más transparentes y de máxima protección. Como explica Oriol Cusó, estas lentes, al protegernos de las radiaciones IR, evitan que se evapore la lagrima, frenando la sequedad lagrimal y la irritación ocular.

Indo además patenta las primeras lentes que ayudan a preservar la elasticidad de la piel del contorno de los ojos y protegen de la radiación infrarroja.

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