Estamos asistiendo al desarrollo de una nueva forma de gestión en las organizaciones y en las empresas. La cultura de la denominada por los expertos RSC (Responsabilidad Social Corporativa), poco a poco va calando y se va interiorizando en su estructura de procesos, procedimientos, estrategias y planes de acción.

Este fenómeno novedoso, que no nuevo, tuvo sus primeros escarceos a finales de la década de los 50 del siglo pasado, con ejemplos más que de sobra conocidos en forma de políticas de gestión responsable en empresas del sector automoción como GM.

Es curioso que la nueva oleada de “responsabilidad” que parece ser, lo va abarcando todo, coincida con el arranque de este milenio. Parece como si hubiera un antes y un después, como si hasta el siglo XXI nada hubiera trascendido en esta materia. La principal preocupación para la sociedad en las circunstancias que vivimos es el empleo y casualmente una de las facetas más relevantes de la RSC es precisamente el que desarrolla el área de Recursos Humanos en las organizaciones y empresas.

En la gestión ética y responsable, se habla de la implantación de políticas de igualdad, de conciliación de la vida personal y profesional, de diversidad cultural, de inclusión de discapacitados, de formación continuada, de desarrollo de carrera profesional, de seguridad e higiene en el puesto de trabajo, etc… pero una faceta imprescindible es la calidad del empleo y la cantidad de empleo generado con calidad.

shutterstock_80913730Una organización o empresa que presuma de ser socialmente responsable debe aportar el mayor empleo posible de esta índole, con una cualificación adecuada a cada puesto, con un salario acorde con el nivel profesional, la función desempeñada, siendo además competitivo en términos de medias ponderadas relacionadas con el entorno económico, y con unas condiciones que le permitan conciliar al máximo su vida personal con la profesional, de tal forma que pueda desarrollarse como persona en todos los sentidos, criterios y ámbitos.

Hoy, fomentada por la situación de crisis económica, asistimos a una cadena sin fin de expedientes de regulación de empleo, de despidos o de jubilaciones anticipadas, y aún siendo grave este escenario por el drama personal y familiar que esto representa, no podemos olvidar las contrataciones que en muchos casos se están haciendo con profesionales altamente formados y cualificados, cobrando salarios mínimos, pero eso sí, acometiendo responsabilidades alineadas con su alta formación y cualificación.

Es especialmente entre los jóvenes donde esta política de empleo precario desarrollado por algunos entornos laborales y consentido o fomentado por gestores y dirigentes, alcanza su máximo exponente.

Si el estudio anual de Forética (Foro de Gestión Ética y Responsabilidad Social) confirma la política de Recursos Humanos como la principal preocupación en materia de RSC por parte de la sociedad, está claro que este debería ser el principal patrón de medida. No puede ser que organizaciones reconocidas presuman de ser organizaciones socialmente responsables, cuando en sus estructuras dan cabida a políticas de contratación ramplonas y nada acordes con el auténtico espíritu de la RSC.

Sería bienvenido un informe en profundidad sobre cuál es la política de empleo de las organizaciones y empresas en nuestro entorno económico, quizás nos llevaríamos muchas sorpresas y algunos que presumen de su filantropía, mecenazgo y compromiso social, quizás verían enrojecer sus rostros con las cifras de profesionales que mantienen en una situación de precariedad laboral y falta de calidad en el empleo.

No puede haber una organización ni empresa responsable sin empleo de calidad, entendiendo la calidad no por el nivel formativo, sino por la adecuación de las condiciones globales de contratación al desempeño y cualidades reales exigidas. Menos marketing social y más compromiso social, siempre, pero especialmente en épocas de crisis como la que nos toca vivir.

Por cierto, si hay un ejemplo clave de este panorama, este es el del área y entorno de la innovación y la investigación. Recientemente se han publicado algunos datos relacionados con este aspecto, y es preocupante ver como muchos de nuestros investigadores tienen salarios deficitarios, y en muchos casos se ven obligados a emigrara para mantener su competitividad. Un aspecto este, que merecerá una reflexión muy especial.