Con motivo del Día Mundial de la Felicidad la eterna pregunta es ¿soy feliz? Enseñar a los más pequeños a poder dar una respuesta a esta importante cuestión es labor de todos y desde las escuelas su compromiso con esta labor es clave para el futuro de toda la sociedad.

El 20 de marzo se celebraba a nivel mundial el Día Internacional de la Felicidad. La Asamblea General de la ONU el 12 de julio del 2012 decretó esta celebración para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno. La resolución invita a todos los Estados Miembros, a los organizaciones nacionales, regionales e internacionales, a la sociedad civil y a las personas a celebrar este día, y promover actividades concretas, especialmente en el ámbito de la educación, ya que educando se cimientan las bases para ser feliz.

Se puede aprender a ser más fuerte a nivel emocional. Las emociones negativas nos seguirán afectando, pero de manera mucho más controlada que cuando somos vulnerables. Hay que evitar que la tristeza se convierta en depresión, que la inquietud se convierta en ansiedad, que el enfado se convierta en rabia y en ira. Hay que desprenderse de los temores absurdos, aprender a ser fuerte a nivel emocional se debería enseñar en las escuelas y no solo a nivel familiar.

El dinero y la salud no te hacen feliz, como se cree. Los estudios revelan que la mejoría económica hace más feliz al pobre, pero quienes obtienen ingresos de golpe, al poco tiempo su estado de satisfacción retorna a su nivel medio. Por otro lado a la buena la salud se la considera normal y sólo afecta de manera negativa cuando se pierde.

Educar para ser feliz no es enseñar a tener éxito, porqué el éxito obsesiona a conseguirlo, y se convierte finalmente en algo negativo, además es por naturaleza transitorio. El hombre se ha centrado en la educación para la felicidad sobrevalorando lo intelectual y descuidando lo emocional. Las emociones actúan como centinelas que anuncian la presencia de peligro o de felicidad  y que orientan a la acción. Hay que saber reconocerlas tomando conciencia de cuando se producen para aprender  a manejarlas para que la pasión se transforme en inteligencia, a motivarla para demorar la gratificación inmediata y obtener un valor superior. Enfadarse es fácil, lo difícil es hacerlo con la persona correcta, con la intensidad correcta, en el momento preciso, por el motivo justo y de la manera adecuada. Hay que enseñar a los niños a educar sus emociones y a apoyarse en los demás y respetarse tanto por analogía como por necesidad.

Sentar las bases y educar desde una temprana edad a tener un mayor control sobre las emociones así como saber reconocerlas y diferenciarlas de manera adecuada, es un aspecto que debe ser tenido muy en cuenta. Al fin y al cabo educar para ser feliz es uno de los mejores legados que se puede dejar a alguien.