Fundamentalmente hay más adicto al trabajo entre la población masculina, y se calcula que más del 20% de la población trabajadora mundial presenta esta adicción. En España se estima que sufre adicción al trabajo el 10% de la población y la OIT afirma que el 8% de la población activa española dedica más de 12 horas al día a su profesión para huir de sus problemas personales y muchos de ellos acaban sufriendo enfermedades cardiovasculares.

 

El laboradicto, trabajólico o “workaholic”,  en su acepción anglosajona es una persona con un perfil muy concreto, necesita estar trabajando para calmar su ansiedad que le genera el estar alejado de su entorno laboral o de sus responsabilidades. Esta necesidad de proximidad con el trabajo se produce de una forma no solo cuantitativa, sino también cualitativa, que les impide en la mayoría de los casos dedicar tiempo a otras facetas y tareas, lo cual les provoca ideas obsesivas que a su vez pueden terminar con generación de problemas de índole familiar y/o social.

Este fenómeno de la laboradiccción, se produce cuando la actividad se convierte en una idea obsesiva, ocupando la mayor parte de la vida del trabajador. Habitualmente no es reconocida por el trabajador, siendo la familia quien lo detecta, el adicto termina haciendo una vida aparte.

Entre los factores de riesgo que conducen a convertirse en un adicto al trabajo, las presiones económicas familiares, el temor a perder el puesto de trabajo, la enorme competitividad que existe en el mercado laboral (en donde es más valorado el que lo deja todo por el trabajo, que el que cumple sólo con su horario), la fuerte necesidad de conseguir el éxito y el puesto deseado, la incapacidad para negarse ante un jefe sobre peticiones que pueden bien posponerse para el día siguiente, el temor a los jefes prepotentes, exigentes y que amenazan constantemente al trabajador con perder su empleo, la falta de organización que permite la acumulación y sobresaturación del trabajo, el ambiente familiar problemático que hace que el trabajador no quiera llegar a casa, la ambición excesiva por el poder, el dinero y el prestigio, la incapacidad para establecer prioridades, la falta de afectos personales que se suplen con el trabajo, la educación familiar que impone a los hombres el cumplir con el rol de proveedor de su familia, la presión de muchas mujeres cuya meta es solamente el sacar adelante a los hijos, la presión de la sociedad para que los hijos sean independientes, las demandas denominadas retadoras (challenge stressors) y las demandas obstáculos (hindrance stressors), que pueden tener efectos positivos sobre el desempeño y la motivación laboral, pueden también convertirse en potenciadoras de la adicción al trabajo.

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El adicto al trabajo suele tener necesidad de reconocimiento social, son perfeccionistas y con baja autoestima, no les gusta trabajar en equipo, prefieren trabajar solos, anhelan el poder y la sensación de ascender en la pirámide jerárquica, utilizan el trabajo como refugio para salir de otros problemas, suelen ser narcisistas y esperan que los subordinados actúen con la misma dedicación que ellos.

Tipológica y anímicamente las personas adictas al trabajo suelen sentir preocupaciones agobiantes durante el fin de semana, son incapaces de tomar vacaciones o descansar, no abandonan el puesto de trabajo hasta no concluir todos sus objetivos, se autoinflingen tareas para los periodos de descanso, son polifacéticos y pluriempleados, experimentan sensación de bienestar y de que el tiempo les pasa más rápido cuando trabajan, son exigentes y competitivos, se tornan irritables si no trabajan el fin de semana y en vacaciones, son los primeros que llegan a trabajar y los últimos que se van, no delegan, supervisan todo personalmente, no se relajan, trabajan en y con tensión, son buenos comunicadores dentro de la empresa (fuera no), generan distanciamiento afectivo y social, presentan un nivel de ansiedad elevado, necesitan ser admirados y obedecidos, no suelen tener motivaciones económicas y son incapaces de “desconectar”.

Los síntomas que presenta un adicto al trabajo suelen ser de tipo cognitivo o mental, tales como cuadros de ansiedad e irritabilidad, depresión, necesidad creciente de trabajar más y dedicarle más tiempo al trabajo, preocupación constante por el rendimiento laboral, sensación continua de estar agobiado, de no llegar a todo, sensación de vacío emocional e infravaloración de otros tipos de actividad distintos a la laboral. También son frecuentes síntomas como estrés, insomnio y, a largo plazo, hipertensión arterial y aumento de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Finalmente los comportamientos compulsivos y obsesivos también son frecuentes en el adicto al trabajo. La prevención y la detección precoz son fundamentales, el trabajador tiene que tener en cuenta que hay una gran cantidad de cosas de que disfrutar, no sólo del trabajo, es importante y necesario saber delegar, concienciarse de que la jornada laboral es de ocho horas, y de que el trabajo para realizar en casa debe ser la excepción. El abordaje psicoterapéutico del adicto al trabajo deberá realizarse con el mismo esquema que cualquier otra adicción, para recobrar el equilibrio laboral y personal en su vida.