La timidez es una característica frecuente en nuestra sociedad, de hecho en España y según los expertos existirían aproximadamente 10 millones de tímidos, puesto que una de cada cuatro personas padecen este “problema”. En cualquier caso hay que diferenciarlo de otras cualidades del ser humano como pueden ser la introversión y la vergüenza.

 La timidez no es por sí misma una característica que deba preocupar a quien la padece siempre y cuando no sea limitante en cuanto a su capacidad de relación social o a la hora de desenvolverse en nuestra sociedad cada vez más exigente y en la que la imagen y la percepción juegan un papel muchas veces determinante. No en vano vivimos aferrados a una realidad, la de una sociedad globalizada donde la comunicación y la información juegan un papel fundamental.

Hoy este fenómeno de la timidez puede verse acrecentado por el hecho de que en ocasiones nos sentimos tentados a parapetarnos tras las propias tecnologías de la comunicación y la información, las cuales nos evitan la sensación de ansiedad y estrés que nos pueden generar determinadas situaciones de carácter público. Años, décadas y centurias atrás el ser humano no tenía más remedio que enfrentarse día a día a situaciones expositivas sociales puesto que no había otra forma de comunicarse que no fuera la propia presencia “in vivo”.

Es importante no confundir la timidez con la fobia social, un problema de mayor calado

No hemos de confundir la timidez con la fobia social, la cual conlleva un grado mayor y por lo tanto una limitación mucho más acuciada. Según apuntan los expertos, la timidez esconde una realidad, el miedo a la valoración por los demás, quizás por una inseguridad subyacente que ahonda sus raíces en la propia educación o el entorno en el que ha vivido y se ha desarrollado el individuo, o a lo mejor por una característica personal asociada a la personalidad de quien la padece.

En cualquier caso, lo que sí es cierto es que tras esta peculiaridad de la timidez, se pueden ocultar o puede ser incluso el inicio de otros problemas de más hondo calado como puede ser el alcoholismo, algunas adicciones o incluso fenómenos de depresión reactiva que pueden comprometer sin duda la propia evolución de la persona.

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La timidez puede ser ocasional, y a todos nos ha pasado en un momento determinado, una cita, una entrevista, un encuentro fortuito, a quién no le ha sucedido en alguna ocasión, que levante el dedo. El problema es cuando esta característica trasciende y genera sufrimiento, preocupación y “dolor” interno en el individuo, en cuyo caso sí que existe la necesidad de que sea valorada, monitorizada y tratada por un especialista, por un psicólogo, un psicoterapeuta o un psiquiatra.

La timidez es una situación que no se experimenta a solas, la vergüenza sí, apuntan los especialistas, de hecho el vergonzoso no tiene por qué ser tímido, esté ante una situación social determinada, se encuentra agobiado por sus pensamientos, sentimientos y reacciones físicas, pensando en que en cada momento, en cada situación siempre va a salir “lo peor” de él. El vergonzoso lo sufre internamente e incluso en soledad, siendo muchas veces incapaz de exponerse a una situación que pueda comprometerle.

El tímido por antonomasia suele tener pensamientos del tipo: me voy a poner colorado, voy a sudar y voy a sentir los síntomas de la ansiedad como la taquicardia e incluso el temblor cuando esté ante tal o cual persona o ante esta u otra situación y se me va a notar. No me atrevo, no seré capaz de afrontar con éxito esta encrucijada social que se me plantea o que tengo por delante. No me soporto por ser como soy, por mostrarme así ante los demás. No puedo, ante lo cual ejerzo mi derecho de “huida” ante esta u otra situación poniendo una excusa o un motivo ficticio para no asistir o ir.

Lo principal como en todo es detectar el problema, identificarlo y a partir de ahí acudir al especialista en busca de ayuda. Una evaluación de nuestra personalidad, de los antecedentes, de las situaciones que de una forma u otra nos han marcado en la vida. Un rastreo de nuestro subconsciente en busca de las huellas de la timidez en definitiva. Un análisis de las conductas compensatorias que son fiel reflejo de la timidez (en unos casos la antipatía, en otros la frivolidad, el despotismo o la verborrea) y que pueden conculcar una soledad incesante e innecesaria del individuo son pasos del proceso fundamentales a la hora de su corrección, la cual vendrá sin duda de la mano de la mejora del conocimiento propio y la autoestima, así como del impulso a nuestras habilidades sociales innatas o aprendidas.

Sin duda que ser consciente del problema y tener la seguridad de que tiene solución en manos del especialista adecuado, es la mejor forma de conseguir un final feliz a nuestro problema de timidez.