Vivimos en una sociedad muy exigente en todos los sentidos, en el plano laboral, en el académico, en el relacional en su más amplio espectro y cómo no en el de la imagen y percepción física propia y de los demás influida por los estereotipos.

Algunos dicen que vivimos en una época en la que la preocupación y en algunos casos la percepción del propio cuerpo, así como el del estatus social se hacen determinantes, es decir, que la imagen y la apariencia termina siendo una factor clave para algunos, llegando el caso de “etiquetar” a una persona o incluso a “autoevaluarse” a sí mismo simplemente por el aspecto, antes de conocer la realidad que se encuentra en el interior.

En una sociedad llena de estereotipos se antepone en muchos casos el aspecto físico a otros temas realmente importantes como quién es realmente esa persona, cómo se comporta, o qué valores tiene. Estos cambios socioculturales sin duda que generan diferentes efectos en los individuos, dependientes de las características somáticas y psicológicas de cada cual.

De hecho, en los resultados de un estudio desarrollado por el centro de Salud Mental de la Corporació Sanitària Parc Taulí, se aprecia cómo hay personas que con un peso adecuado a su edad y estatura, tienen una percepción de padecer sobrepeso u obesidad y viceversa, personas con un peso inadecuado para su edad no aceptan esa realidad asumiendo que se encuentran dentro de los parámetros considerados como normales.

Estereotipos, cánones de belleza, bellza

Los estereotipos varían la percepción que tenemos sobre nosotros mismos.

El citado centro de salud ha analizado el efecto que tienen los estereotipos, en concreto el peso percibido, sobre las conductas de los chicos para bajar o controlar su peso. El estudio encontró que hasta un 28% de los chicos fue inexacto en la percepción de su peso corporal. Entre los jóvenes con bajo peso, un 43% lo sobrestimó, mientras que un 86% de los que tenían mucho sobrepeso –obesidad– lo subestimó. También lo infravaloró el 40% de los que tenían sobrepeso, que se apreciaron con un peso normal. La mayoría de jóvenes con peso normal -un 85%- acertó y un 5% refirió una percepción de sobrepeso.

En resumen, los resultados apuntan como causas a los estereotipos y cánones de belleza asentados en nuestros días, es decir; que lo que prima hoy, lo que se valora y se potencia socialmente es el cuerpo masculino delgado, esbelto pero “tonificado” y musculado. La influencia de los estereotipos están provocando casos de percepción alterada de la imagen del propio cuerpo, en ambos polos, el de los individuos con peso normal que se perciben a sí mismos con sobrepeso, y el de los que sí que padecen este fenómeno llegando incluso a la obesidad y no lo reconocen. La clave se encuentra en los cánones valorados por nuestra sociedad actual, el sobrepeso y la obesidad son características “no deseables” socialmente hablando y los cuerpos tonificados y musculados presentan una valoración muy positiva en general.

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Las erróneas percepciones sobre la propia persona que generan los estereotipos lleva a muchos adolescentes a adoptar conductas poco saludables para bajar de peso.

“Encontramos que si un adolescente de peso normal se percibe con sobrepeso, la posibilidad de que realice dieta es tan alta como la de un chico que realmente lo tiene. Y algo similar sucede con las conductas no saludables de control de peso, tales como saltarse las comidas o comer muy poco. En este caso la probabilidad de realizar estas conductas es tan alta en aquellos con sobrepeso como en aquellos que se perciben como tales”, explica Carlos Almenara, profesor de Psicología en la Universidad Masaryk (República Checa) y autor principal del estudio, que forma parte de su tesis doctoral en la UAB. “Son hallazgos particularmente importantes cuando consideramos el alto porcentaje de adolescentes que encontramos intentando bajar o controlar su peso, ya que un 25% informó haber realizado dieta al menos una vez en el último año o alguna conducta de control de peso no saludable”.

El problema radica según apuntan los investigadores en que muchos adolescentes pueden estar adoptando medidas y conductas para bajar o controlar su peso pero sin el apoyo de un profesional cualificado, lo que puede promover patrones alimentarios no saludables. Una dieta sin el control adecuado por un experto o conductas extremas pueden conllevar una menor ingesta de nutrientes esenciales para este período del desarrollo, tan necesarios por otra parte.

Es por ello que el estudio destaca la importancia de promover hábitos alimentarios saludables entre los adolescentes, sin enfatizar a la pérdida de peso como objetivo primordial. En este sentido es fundamental la concienciación social en múltiples vertientes, la de la aplicación de valores a las prácticas de marketing de determinadas empresas, la de la responsabilidad de los propios medios de comunicación social a la hora de hacer uso de estereotipos que fomenten este fenómeno, la de la implicación de padres, familia y educadores a la hora de atajar este problema creciente y la de las administraciones, generando campañas que informen y contrarresten los efectos perniciosos que a veces nos impone el propio mercado.