Bueno, pues ya está, 7 de junio de 2014. Ya ha llegado la temida fecha. Hoy cumplo treinta años. Los repudiados, odiados y asqueados treinta. Mi primer regalo ha sido levantarme en mi cama, y digo mi cama porque estoy en Oviedo, en MI casa, a donde he venido para celebrarlo con mi familia. El segundo regalo es comprobar que todo sigue igual, que no ha pasado nada, que no me he despertado con depresión ni con más arrugas, sino todo lo contrario, muy feliz por estar rodeada de la gente a la que quiero y por las muestras de cariño de la gente que hoy no me puede rodear debido a la distancia.

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¡El vaso siempre medio lleno!

Y es que ya son treinta años como treinta soles y tus amig@s o ya se han casado o empiezan a hacerlo, ya son papis o mamis o están en ello y tú te miras en el espejo y te dices “tranquila…que los treinta son los nuevos veinte”. ¿Pero a quién queremos engañar? Y aquí es donde te empieza a entrar el bajón…pero me recupero enseguida ya que empiezo a recordar que hace poco leí un estudio (ya llevo unos meses dándole vueltas a esto de los treinta) realizado por Oliver Robinson, de la Universidad londinense Greenwich, que reveló que antes de cumplir los 50 años, los seres humanos experimentan una crisis en sus vidas que precisamente ocurre alrededor de la tercera década de vida. Con este hecho de pasar a la treintena suele aparecer asociado un cuadro depresivo que incluye ansiedad, inseguridad y aislamiento  y que surge debido a la presión social que se ejerce en la persona para que concrete sus metas, que pueden ser tan variadas como casarse, tener hijos, trabajar o abandonar el hogar paterno.

De acuerdo con este estudio, las expectativas de lo que se quiso alcanzar versus lo que verdaderamente se logró al llegar a esta edad es lo que origina principalmente esta crisis, combinado  además con el estrés en el trabajo y los conflictos de pareja, familia y amigos.

Robinson asegura que durante la crisis de los 30 años, muchas personas atraviesan diferentes etapas. Primero, sienten fuertes deseos de cambiar, y es ahí cuando lo dejan todo para probar nuevas experiencias en su vida  (ya sea viajar, cambiar de trabajo o terminar su relación de pareja) para luego retomar su vida con una nueva escala de valores, más centrada en sus creencias y en lo que quiere alcanzar.

El estudio comprobó que las personas más vulnerables a pasar por la crisis de los 30 años son aquellos  profesionales con una vida inclinada hacia el éxito y una visión idealista de la vida.

Pero no hay que alarmarse: según Robinson, pasar esta etapa es positiva para el 80% de las personas, pues, cuando miran hacia atrás, se sienten satisfechos con las decisiones que tomaron entre los 30 y los 35 años de edad.

Quien me conoce sabe que soy una persona muy sentimental e impulsiva, pero a la vez siempre intento buscar un por qué para todo. Sé que estoy entrando en una etapa de la vida en la que se me presentan por delante muchos interrogantes, por lo que es natural que sienta miedo, pero lo importante es que no hay que “torturarse” por “sentirse viej@”, sino asimilar que todas las etapas de la vida traen consigo cambios, positivos y negativos, y por lo tanto, hay que vivirlos a plenitud y consciente de la etapa en que se vive.

Si aun así te sigues notando triste, quizá sea importante que analices tus ideales y comprobar si en realidad no te estás midiendo realmente a través de preconceptos sociales.  Las crisis (a esta y a cualquier edad) se dan cuando la persona se evalúa no teniendo en cuenta sus ideales sino lo que la sociedad quiere que sean. Muchos sufren no precisamente por querer alcanzar algo, sino por no conseguir lo que los demás creen que ya debía haber alcanzado.

No te compares nunca con los demás,  pues es ahí donde surgen las dudas, los temores y hasta las envidias.  “Es que mi herman@ que es menor ya tiene 2 hijos y yo no tengo nada”, “es que el jefe no ha llegado ni a los veinticinco y gana el triple que yo”, “es que mi primo tiene mejor apartamento y le llevo 3 años” son frases comunes que hay que evitar a toda costa, pues lo único que se logra al compararse con otros es precisamente desconsuelo, inseguridad y crisis aún más agudas.

Llegar a los 30 años es un acontecimiento muy positivo para muchas personas. Lo cierto es que cada persona decide cómo afrontar esta etapa. Cada cual decide si ver el vaso medio lleno, o medio vacío, así que me aferro a la filosofía de knowi y a la mía, vaso medio lleno SIEMPRE.


Sara G. Blanco

Sara G. Blanco

Bióloga de nacimiento le apasiona la naturaleza, viajar, conocer gente y comer fabada como buena asturiana que es. Especializada en biotecnología y con más de cinco años de experiencia en comunicación corporativa, aporta a Knowi frescura y dinamismo sin perder su visión científica.