En estos días en los que el calor aprieta, un buen baño en la piscina o en la playa nos ayuda a relajarnos y a refrescarnos un poco. Si es en la playa uno de los problemas más frecuentes con los que nos encontramos es la posibilidad de encontrarnos con alguna medusa, una de las diversas clases de medusas que hay y que puede complicarnos un poco las vacaciones.

Una de las prácticas más frecuentes es el “snorkel”, es decir aquella práctica en la que desde la superficie del mar y con unas gafas de bucear, un tubo para respirar y unas aletas nos vamos adentrando por los pequeños misterios que nos ofrecen tanto la flora como la fauna marinas. Es precisamente esta actividad que nos lleva a veces a lugares un tanto más alejados de lo habitual la que nos puede hacer toparnos con alguna de estas especies.

Aunque no es cuestión de hacer un estudio pormenorizado de las diferentes especies, sí que las más frecuentes suelen ser la denominada  “Melena de león” (Cyanea capillata), la “Fisalia o carabela portuguesa” (Physalia physalis), frecuente en nuestras costas,  la “Ortiga de mar (Chyrsaora quinqecirrha)”, una de las medusas más comunes, y la “Avispa de mar” (Chironex fleckeri, Chiropsalmus quadrigatus), también conocida como cubomedusa.

En buena parte de los casos la sintomatología se circunscribe a un contexto local con la consiguiente inflamación, el enrojecimiento, la sensación de ardor y/o dolor, incluso la formación de ampollas y sangrado; pero hay casos, dependiendo de la especie con la que hayamos entrado en contacto que sus tentáculos con células urticantes nos van a provocar una sintomatología más general que puede llegar incluso en casos graves a dificultades respiratorias, nausea, vómitos, dolorimiento muscular, calambres, cefaleas (dolor de cabeza) alteraciones del ritmo cardiaco, sudoración, desmayo, y en casos excepcionales shock anafiláctico.

Recomendaciones

Las recomendaciones apuntan a que en caso de picadura de medusa es bueno contactar con un profesional sanitario y en su defecto, aplicar frío (hielo envuelto en una gasa o en un paño limpio), lavar la zona con suero fisiológico (si hay disponible) y si no con agua salada (del mar por ejemplo, pero limpia, sin tierra que pueda complicar el proceso generando más abrasión de la zona), nunca utilizar agua dulce para lavar la herida, ha de ser salada; retirar con unas pinzas (nunca directamente con las manos) y con cuidado los restos que pueda haber, proteger la zona con una gasa que puede empaparse con una combinación de agua salada y vinagre al 50% durante media hora, enjuagar el área de nuevo con agua salada y aplicar de nuevo el vinagre diluido en agua salada al 50% (mitad agua y mitad vinagre) ello ayuda a eliminar las células urticantes de la zona. Una vez enjuagado de nuevo es conveniente aplicar una crema que contenga algún analgésico, antihistamínico o corticoide y proteger la zona de nuevo con una gasa.

En casos en los que se prevea o se observe una reacción más intensa y general es necesario ponerse en contacto inmediatamente con el centro sanitario más cercano para que puedan evaluar la situación y tratar las complicaciones concomitantes que puedan surgir a lo largo del proceso.

Como normas básicas de prevención, los expertos apuntan a que hay que vigilar y controlar la aparición de este tipo de especies de animales en playas o lugares del mar donde se hagan inmersiones y nunca y bajo ningún concepto tocar o coger con las manos uno de estos animales, al menos si no se usan guantes adecuados.