Y cuánta razón llevaba Séneca, autor de la frase que he utilizado como titular. Hoy en día sabemos que hay una conexión neuronal entre las áreas del cerebro (nuestro sistema límbico cerebral) vinculadas a las emociones y a la glándula lagrimal.

El sistema límbico es un sistema formado por varias estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales. Está relacionado con la memoria, atención, instintos sexuales, emociones (por ejemplo placer, miedo, agresividad), personalidad y la conducta.

Todos los mamíferos producen lágrimas, humedecen el ojo y lo mantienen libre de infecciones ya que el contenido de estas lágrimas (las basales y las reflejas) contienen agua, glucosa, componentes antibacterianos e iones como sodio y potasio (por eso nos saben saladas). Sin embargo, únicamente las personas podemos llorar de emoción como algunos hicimos el sábado pasado cuando nuestro equipo levantó la undécima. ¿Y qué hay de diferente en el contenido de estas lágrimas? La presencia de hormonas, en concreto de hormonas que produce nuestro organismo en situaciones de estrés, la hormona adrenocorticotrópica.

De ahí que una de las teorías de por qué lloramos sea que el llanto no sería más que una forma de liberar al cuerpo de una excesiva tensión y recuperar la calma. Otra teoría existente sostiene que es una simple reacción física al dolor, y otras más complejas vinculan el fenómeno a un tipo de comunicación no verbal que intenta describir un determinado estado de ánimo (particularmente uno en el que se intenta llamar la atención o solicitar la ayuda de otros). Estas últimas teorías han ganado terreno, ya que aportan una explicación más plausible también teniendo en cuenta que el llanto se produce incluso causado por emociones opuestas -aunque siempre son emociones intensas- tales como la alegría o la tristeza, y que el llanto representa una válvula de escape a la experimentación de esas emociones.

Como vemos, las razones y el origen del llanto se siguen discutiendo e investigando, pero sí hay cierta unanimidad sobre los buenos efectos que trae asociados el llanto: la reducción de estrés y la claridad de pensamientos, entre otros; así que, si bien muchas veces pasar por la experiencia o por la fase previa no es algo agradable, las emociones son algo natural que no se deben reprimir o intentar controlar y, si conducen al llanto, por algo será, aunque todavía no sepamos bien por qué.