Cuántas veces nos hemos preguntado si todo comienza y todo termina al nacer y al morir. Creencias, teorías, hipótesis, experiencias relacionadas con un hipotético “más allá”, vida después de la vida, la experiencia del túnel, la luz brillante y clamorosa al final del mismo, la sensación de salir del propio cuerpo en una forma de transustanciación, etc… etc…

Al final quizás todo esté relacionado con algo tan sencillo y a la vez tan complejo como el hecho de pensar fuera del antropocentrismo reinante, a parte de ese ser humano que termina por tratar de ser el centro del universo conocido y que por lo tanto todo empieza, todo culmina y todo acaba cuando finaliza su existencia tal y como la conocemos. Si eso es así, qué triste y breve existencia la nuestra, al fin y al cabo un puñado de años serían como un minúsculo grano de arena en la inmensidad del desierto.

No es motivo de estas breves líneas entrar en el terreno de la religión, y de las creencias relacionadas con ella en sus diferentes formas, ya que al final todas hablan de lo que probablemente es evidente, que el hombre trasciende a sí mismo en este breve peregrinar que denominamos vida, pero vida tal y como la conocemos, como la perciben nuestros sentidos, en las tres dimensiones que somos capaces de identificar, anchura, longitud y profundidad.

Tampoco es motivo de estas breves líneas entrar en el terreno de lo esotérico ni de lo parapsicológico, es un ámbito que desconocemos y en el que a veces la ciencia parapsicológica se ve en la obligación de poner blanco sobre negro en relación a experiencias más que discutibles promovidas por no se sabe bien qué intereses.

Recientemente un científico norteamericano, Robert Lanza, investigador norteamericano, de la Escuela de Medicina de la Universidad Wake Forest, de Carolina del Norte, planteaba estos temas tan complejos en base a su teoría en la que trata de explicar por ejemplo que “cuanto más lejos miramos en el espacio, más nos damos cuenta de que la naturaleza del universo no puede entenderse plenamente mediante la inspección de las galaxias espirales o viendo supernovas distantes. Se encuentra más profunda, nos involucra a nosotros mismos”. En ese contexto afirma que “la idea de morir es algo que siempre se nos ha enseñado a aceptar, pero en realidad sólo existe en nuestras mentes”, esto es debido a que según el científico, “nos anclamos al concepto de vida y muerte en base a la experiencia corporal que poseemos y todo lo vinculamos a ella, puesto que sabemos que los cuerpos físicos mueren”.

La solución a este arquetipo, a esta cuestión que se plantea de forma constante por parte del hombre consiste en la idea de que el concepto de la muerte puede ser un mero producto de nuestra conciencia, según relataba recientemente la edición digital del prestigioso diario The Independent.

En términos de cómo afecta ese concepto a la vida después de la muerte, el científico explica que, “cuando morimos, nuestra vida se convierte en una flor perenne que vuelve a florecer en el multiverso” (los múltiples universos posibles) y añade que “la vida es una aventura que trasciende nuestra forma lineal ordinaria de pensar; cuando morimos, no lo hacemos según una matriz aleatoria, sino según la matriz ineludible de la vida”.

Al final, al parecer, lo que se plantea es la idea de la posible existencia de multiuniversos desde el punto de vista conceptual, es decir que nuestras vidas están sometidas a múltiples e infinitas decisiones y cada una de ellas está representada y sucediendo en alguno de los universos o dimensiones coincidentes.

¿Existe el tiempo?

Esto significa que tanto la correlación espacio versus tiempo es algo fundamental en la física, pero no tiene porqué ser así en la realidad, ¿existe el tiempo tal y como lo definimos?, ¿existe el espacio tal y como lo conocemos?, a lo mejor esos parámetros solo son válidos en nuestra mente necesitada de comprender, de medir y de ubicarlo todo de una forma racional, la distancia, el peso, la capacidad, el volumen, la velocidad, la aceleración, etc…

Pero ¿y si todo lo que ocurre, ha ocurrido y ocurrirá estuviera sucediendo a la vez?, todas las posibilidades de nuestra existencia, todas las edades del hombre, todos los mundos conocidos y por conocer con o sin vida tal y como la contemplamos y conocemos nosotros ahora. En ese caso la posibilidad de “viajar” al pasado o al futuro sería perfectamente factible, puesto que todo estaría sucediendo a la vez en diferentes dimensiones o universos.

La sensación metafórica correspondería a la visión de un cuadro extraordinario, del que estuviéramos tan solo a dos centímetros de distancia de él, tan solo seríamos capaces de ver esos dos centímetros cuadrados que nuestra vista abarcaría y probablemente esa superficie ínfima podría ser extraordinaria, maravillosa, por su tonalidad, su color, su fuerza en el trazo, etc…, pero qué pasaría si nos situamos a tres metros de ese mismo lienzo, estaríamos contemplando la misma pintura, pero sin duda que nuestra capacidad de expresar toda la riqueza que toda su superficie conlleva sería extraordinaria, inimaginable.

Un ejemplo sencillo pero probablemente válido. Con todo nuestro potencial y con toda nuestra ciencia, seguimos estando a dos centímetros del cuadro, somos incapaces de ver, ni siquiera de adivinar toda la riqueza de la vida en su más amplia expresión. Quizás Robert Lanza ha conseguido con su teoría aproximarse un poco más a la realidad que hoy por hoy sólo gracias a la metafísica (rama de la filosofía que estudia la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad) o a la fe podemos tratar de escudriñar. Tiempo al tiempo, pero el misterio sigue estando ahí.