Los sistemas capaces de procesar los pensamientos y traducirlos a un comando para mover objetos son de gran utilidad para las personas que no pueden hablar ni moverse, pero tienen la desventaja de causar fatiga mental. Un investigador de Méjico ha diseñado un interfaz inteligente que es capaz de aprender hasta en un 90 por cierto las instrucciones del usuario,  funcionar de manera autónoma y reducir la fatiga.

Este proyecto, se denomina “Automatización de un sistema de interfaz cerebro-máquina” y lo está desarrollando el investigador Christian Isaac Peñaloza Sánchez, experto en Neurociencia Cognitiva aplicada a la Robótica en la Universidad de Osaka, en Japón.

Christian trabaja desde hace tres años en este proyecto basado en las interfaces cerebro-máquina, cuya función consiste en medir la actividad de las neuronas con el fin de obtener una señal generada por un pensamiento, que es procesada y convertida en una indicación para ejercer un movimiento, por ejemplo, de una prótesis robótica, de un cursor en un ordenador o de accionar electrodomésticos y otras herramientas tecnológicas.

La inteligencia artificial tiene muchas aplicaciones, de hecho es muy posible que dispongamos de aparatos electrónicos que utilicen algún tipo de tecnología relacionada con la inteligencia artificial.

El sistema está constituido por electrodos que se colocan en el cuero cabelludo de la persona, los cuales miden la actividad cerebral en forma de señales electroencefalográficas. Éstas se utilizan para detectar los patrones generados por diversos pensamientos, así como el estado mental del usuario (despierto, somnoliento o dormido, entre otros) y el nivel de concentración. Incluye una interfaz gráfica que muestra los aparatos u objetos disponibles, la cual interpreta las señales del electroencefalograma para asignar las órdenes del usuario y controlar los aparatos. Además, hay sensores inalámbricos distribuidos en la habitación encargados de mandar información ambiental (temperatura, iluminación…); sistemas de “hardware” móviles que reciben las señales para encender y apagar los aparatos, así como un algoritmo de inteligencia artificial de tal forma que “se le otorgan capacidades de aprendizaje al sistema mediante la implementación de algoritmos inteligentes, los cuales aprenden, gradualmente, las preferencias del usuario. En un momento determinado puede tomar el control de los aparatos sin que la persona tenga que concentrarse más para lograr dicho objetivo” apunta el experto.

La inteligencia artificial (IA) trata de mejorar los resultados alcanzados por la mente del hombre a través de la computación. Es un área multidisciplinar que, a través de especialidades como la informática, la lógica o la filosofía, estudia la creación y diseño de entidades capaces de razonar por sí mismas utilizando como paradigma la inteligencia humana. Reúne varios campos (robótica, sistemas expertos, etc…), todos los cuales tienen en común la creación de herramientas que puedan “pensar”.

La inteligencia artificial tiene muchas aplicaciones, de hecho es muy posible que dispongamos de aparatos electrónicos que utilicen algún tipo de tecnología relacionada con la inteligencia artificial, calentadores de agua,  cámaras de video y de fotografía, automóviles modernos, videojuegos, motores de búsqueda de internet, etc… Sistemas de inteligencia artificial se usan en los mercados financieros o como apoyo en consultas médicas para evaluación de los síntomas. En definitiva, una tecnología de presente y futuro con la que nos familiarizamos día a día, que nos envuelve y que puede ser de gran utilidad en diversos ámbitos, pero muy especialmente en el entorno médico, en el de las neurociencias y en el de la salud en general.