Las personas más inteligentes se sienten atraídos por la noche. Es ese momento y espacio el que favorece su creatividad y desarrollo y es por ello que prefieren dormir poco durante la noche,  e incluso desvelarse. Entre algunos de los grandes nocturnos podemos incluir algunas lúcidas personalidades como William Blake, Edgar A Poe, W.B. Yeats, Brion Gysin,…

Ya se sabe que dormir es un factor fundamental en la biología de los animales, pero existe nueva evidencia que indica que los patrones de sueño y la hora en la que una persona decide ir a dormir están ligados a su inteligencia.  Al parecer la gente con mayor IQ (coeficiente intelectual) tiende a ser más activa durante la noche, mientras que aquellos no tan “agraciados” prefieren acostarse antes.

Aunque este tipo de estudios resultan siempre un tanto cuestionables, e incluso el propio concepto del IQ parece un criterio bastante limitado para pretender medir algo tan abstracto y relativo como la inteligencia humana, lo cierto es que la noche emana singulares frecuencias que magnetizan ciertos tipos de personalidades, entre ellas personas que tienden más a la reflexión y el desarrollo de la creatividad, actividades que en muchas ocasiones se sienten más cómodas cobijadas por la tranquilidad que brinda la noche.

shutterstock_199320320Hay diversos estudios, entre ellos uno de Robert Bolizs de la Semmelweis University, que  han mostrado encefalogramas de gente dormida, comprobando que ciertos elementos del dormir están directamente relacionados con el desempeño cognitivo de la persona cuando está despierta. Otros estudios muestran como los intervalos del dormir están correlacionados con el desempeño académico de estudiantes.

Por otro lado, exhaustivos estudios encabezados por el investigador Satoshi Kanazawa y su equipo del London School of Economics and Political Science han revelado diferencias significativas entre las preferencias de horarios para dormir en referencia a sus puntajes de IQ. La gente con mayores puntuaciones es más apta para producir de noche, mientras que aquellos con menor IQ limitan sus actividades principalmente al día.

De acuerdo con Kanazawa, nuestros ancestros eran típicamente diurnos, y paulatinamente la tendencia se ha vertido hacia ir elevando su actividad nocturna. En este sentido el rumbo de la noche esta de algún modo relacionado con la evolución de la mente humana, y al parecer es claro que aquellos individuos con mayores aptitudes cognitivas se sienten atraídos por el desarrollo personal durante las horas sin sol y sus mentes demuestran un nivel más alto de complejidad cognitiva.

Por otro lado otro estudio dirigido por la psicóloga Marina Giamnietro indica que la gente más nocturna tiene menor estabilidad emocional y tienden más a la depresión y a engancharse con adicciones. Lo anterior tal vez nos confirma que a aquellas mentes más creativas y menos tradicionales, a la vez son más vulnerables a ciertos desórdenes psicológicos.