Llegó el fin de las vacaciones. Han sido breves, pero seguro que intensas, y si hay niños en casa, con la vuelta al “cole” nos daremos cuenta del estirón que han pegado. ¿Por qué han crecido tanto? ¿Por qué nos hacemos mayores? Muchos de nosotros daríamos lo que fuera por volver a ser niños y seguro que al terminar este artículo odiaréis un poquito a la hormona culpable de hacernos mayores.

Hay muchas cosas que implica pasar de la vida de niño a la vida de adulto, muchas cosas cambian. Vamos a centrarnos en una parte del cambio físico: ¿Por qué crecemos? ¿Por qué aumenta nuestra altura, nuestra corpulencia? ¿Cómo aumentan de tamaño los tejidos del cuerpo del ser humano? ¿Cómo pasamos de medir ese medio metro aproximado que mide el ser humano al nacer, a medir más de metro cincuenta, metro sesenta, metro setenta…? En el siguiente post explicaremos qué cambios se producen a nivel celular.

La culpa de nuestro crecimiento la tienen las hormonas. Las hormonas son sustancias secretadas por células especializadas localizadas en glándulas. Todos los organismos multicelulares producen hormonas, incluyendo las plantas (fitohormona), ya que éstas actúan como mensajeros químicos y son necesarias para que las células puedan comunicarse entre sí.

shutterstock_165893006Aunque en el ser humano siempre es difícil determinar una única causa de algo ya que al final casi todo acaba estando relacionado entre sí, puede decirse que la principal culpable de que dejemos de ser Peter Pan es la hormona del crecimiento, somatotropina o GH (del inglés Growth Hormone).

La hormona del crecimiento es una hormona producida por la hipófisis o glándula pituitaria, situada en la base de nuestro encéfalo que conecta con el famoso hipotálamo. El hipotálamo, a su vez, regula su secreción o no secreción a través de la Hormona Liberadora de la Hormona del Crecimiento o Growth Hormone’s Releasing Hormone (GHRH) y de la Hormona Inhibidora de la Hormona del Crecimiento o Growth Hormone’s Inhibiting Hormone (GHIH). Cuando el hipotálamo segrega GHRH, la hipófisis, concretamente en una parte suya denominada adenohipófisis, produce y segrega la Hormona del Crecimiento.

Las principales dianas de esta hormona son los huesos y el hígado. En los huesos, la GH se une al receptor de ciertas células del cartílago que hay entre huesos (cartílago de crecimiento) “obligándoles” a su multiplicación. En el hígado, la GH estimula la producción de otra hormona, la somatomedina C o factor de crecimiento insulínico tipo 1, que a su vez es secretada para estimular el crecimiento del resto de tejidos de forma sistémica cuando se une a los receptores celulares de los mismos.

La época en la que esta hormona está presente en mayores cantidades en nuestra sangre es, por supuesto, la edad de los cambios: la pubertad. Su déficit en esta edad produce enanismo, mientras que su exceso produce gigantismo. Si el exceso ocurre en la edad adulta, en la cual la mayoría de los tejidos han dejado de ser sensibles a la presencia de esta hormona, se produce gigantismo sólo en las zonas que siguen siendo sensibles.

Debido a sus efectos sobre los tejidos, esta hormona es empleada ilegalmente como anabolizante de uso deportivo y engorde de ganado.

Aunque crecer físicamente no es lo único que nos conduce a ser adultos, ahora ya sabemos que parte de nuestra vida tiene que ver con esta “dichosa” Hormona del Crecimiento. Y si ya se le puede tener manía con lo dicho, cabe decir que su “producto” en el hígado, la somatomedina C, tiene que ver también con el envejecimiento biológico, es decir, con hacernos viejos.