La Responsabilidad Social (RSE) es un concepto con arreglo al cual las organizaciones deciden voluntariamente integrar las preocupaciones sociales y medioambientales en sus actividades y en las relaciones con todos sus interlocutores, su desarrollo requiere una transformación global de la sociedad.

 

La principal función de las organizaciones consiste no sólo en crear valor añadido con la producción de bienes y servicios que respondan a las demandas sociales, sino también en generar riqueza y empleo en cantidad y de calidad, mediante entornos laborales adecuados, atractivos e incentivadores que permitan un desarrollo integral del individuo en todas sus facetas.

El fenómeno de la globalización motivado en parte por una verdadera revolución tecnológica y un mejor acceso a la información (sociedad de la comunicación), entre ellas la sanitaria, está generando nuevas oportunidades para las empresas, pero está aumentando a la vez el grado de complejidad organizativa. Las nuevas presiones sociales y de mercado están transformando progresivamente los valores y las perspectivas de la actividad empresarial.

La gestión responsable se caracteriza por ser proactiva, por traducirse en políticas de gestión responsable concretas, y por ir más allá de los necesarios proyectos de acción social, filantropía, mecenazgo o donación; teniendo en cuenta que por acción social entendemos aquellas iniciativas mediante las que una empresa colabora con objetivos sociales ajenos al objeto de la misma. El ejemplo clásico son las donaciones, las actividades de mecenazgo y patrocinio, la contribución a fundaciones, etc. Estas iniciativas filantrópicas suelen ser muy bien recibidas por la sociedad, y en ocasiones se consideran parte de la RSE de las empresas, pero aunque la acción social puede ser una parte relevante de la RSE, no es el todo. La RSE comienza por la propia organización y su entorno, y si bien la acción social puede ser un componente de la misma, no es ni un componente central, ni un sustituto de la RSE.

shutterstock_214766110La implantación de sistemas de gestión ética en las organizaciones que fomenten la cooperación institucional, no sólo ayudan a crear mejores entornos laborales y sociales en el plano local, sino que si se ejerce de verdad y con solidez y no son “conjuntos vacíos”, terminan contribuyendo a generar un mundo mejor, un planeta más habitable, más sostenible en definitiva.

El objetivo final de organizaciones comprometidas es el dejar una huella social sólida, sustentada en una contribución local y un legado sostenible. Ese es el gran reto que tendremos que afrontar juntos y que abre el camino del nuevo concepto de organización del siglo XXI.

En el ámbito de la salud, nuestra sociedad inmersa en el proceso de globalización, reclama un incremento sustancial de los servicios sanitarios tanto en cantidad como en calidad, exigiendo unos resultados médicos adecuados y la participación en las decisiones.

El actual usuario de los servicios sanitarios quiere que se le preste la mejor asistencia sanitaria, acorde con los últimos avances y basada en la evidencia científica; quiere que se le trate como persona, por todos los especialistas precisos, de forma multidisciplinar e integral, en centros sanitarios excelentes; exigiendo, finalmente, asegurar la calidad y con los mejores resultados médicos. Además, solicita recibir toda la información de salud posible, así como una educación sanitaria óptima que permita la conservación de la salud y la prevención de las enfermedades.

La suma de voluntades y esfuerzos ante un objetivo común, el ser humano, sin apellidos, sin matices, sin reservas, alcanza todo su significado en los profesionales sanitarios dedicados al cuidado de la salud y por eso ellos merecen todo nuestro reconocimiento y respeto como sociedad y como individuos.