El asma es un proceso de carácter crónico caracterizado por una hipersensibilidad bronquial que hace que determinados estímulos (ácaros, pelo de mascotas, medicamentos como el ácido acetilsalicílico y otros AINES, cambios en el clima, contaminación, ejercicio, moho, polen, infecciones respiratorias, emociones, estrés, humo del tabaco, etc…) puedan desencadenar un ataque de asma, con broncoconstricción, dificultad a la entrada de aire (inspiración), con la consiguiente alteración de flujos aéreos y la sintomatología característica.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran, la dificultad respiratoria que empeora con el ejercicio, la noche o la actividad motivada por la constricción de las vías respiratorias especialmente en la inspiración con “tiraje intercostal” de los músculos que participan en el proceso inspiratorio tratando de introducir más aire en los pulmones, tos productiva o no (con o sin producción de moco), sibilancias por el paso de aire a través de las vías respiratorias estrechadas, sensación de falta de aire (disnea) con polipnea y taquipnea. Otros síntomas frecuentes son la sensación de opresión y dolor en el pecho, así como intranquilidad, nerviosismo y sensación de ansiedad y agobio.

Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU (CDC), el asma podría afectar a más de 25 millones de adultos y niños solo en los EE.UU. Es responsable de 14,2 millones de visitas al médico cada año, así como de 1,8 millones de urgencias. Desde un punto de vista global el proceso afecta al 3-7% de la población, con especial incidencia en las edades infantiles (es la enfermedad crónica más frecuente en los niños).

El asma podría afectar a más de 25 millones de adultos y niños solo en los EE.UU.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que en la actualidad hay 235 millones de pacientes con asma. Es una enfermedad que está presente en todos los países, independientemente de su grado de desarrollo y más del 80% de las muertes por asma tienen lugar en países de ingresos bajos y medios-bajos (OMS).

A menudo el asma no se diagnostica correctamente ni recibe el tratamiento adecuado, creando así una importante carga para los pacientes y sus familias, y pudiendo limitar la actividad del paciente durante toda su vida.

shutterstock_115055539Con este volumen creciente de enfermos con asma y los costes asociados de tratamiento, la vigilancia y el control de esta enfermedad se está convirtiendo en una necesidad. Healthcare Originals ha presentado un nuevo dispositivo, ADAM (Intelligent Asthma Management) un sistema diseñado para detectar síntomas de asma con antelación, proporcionar alertas y ayudar a gestionar esta patología.

ADAM es un parche que se aplica sobre la piel (wearable) y tiene la capacidad de detectar con antelación la tos incipiente, controlar el ritmo respiratorio, advertir los primeros síntomas de alerta, el ritmo cardíaco asociado a la frecuencia respiratoria y detectar las primeras sibilancias.

Se espera que el dispositivo y la aplicación estén disponibles en el segundo trimestre de 2015. Para entonces se espera que el sensor que utiliza el dispositivo también sea capaz de controlar el uso de inhaladores en el tratamiento, proporcionar alertas de inminentes ataques de asma para que el paciente pueda transmitir esa información a su médico de atención primaria o especialista, de tal forma que el especialista pueda proporcionar la estrategia y el plan terapéutico más adecuado a cada tipo de paciente.

ADAM es un ejemplo más de cómo este tipo de dispositivos (wearables) están empezando a revolucionar la atención de los pacientes crónicos, reduciendo la frecuentación y el coste asociado, haciendo el acto médico mucho más eficiente, aportando confortabilidad y confianza al individuo al sentir que realmente su médico está más cerca de él en cada momento.