Cada vez es más habitual encontrar productos sin lactosa y asistimos en los últimos años a un incremento del número de personas diagnosticadas de intolerancia a la lactosa.

Y es que la lactosa es una proteína complicada de digerir, pero ¿por qué? ¿qué es lo que hace que sea un elemento que potencialmente nos puede causar intolerancia y un montón de síntomas molestos? Os lo contamos.

La lactosa es el azúcar presente en la leche de los mamíferos. Para que nuestro organismo la pueda digerir, ésta se tiene que descomponer en sus dos elementos: glucosa y galactosa. Y éste proceso tiene lugar en el intestino delgado.

Las vellosidades intestinales del intestino delgado, son las encargadas de producir una enzima llamada lactasa que cumple la función de descomponer la lactosa en esos dos componentes para facilitar la digestión.

Cuando los niveles de lactasa son bajos, no se  puede descomponer la lactosa y ésta sigue su camino hacia el intestino grueso causando todo el cuadro sintomatológico propio de esta intolerancia que va desde el dolor e hinchazón abdominal hasta diarreas y naúseas.

Con lo que la intolerancia a la lactosa está relacionado directamente con un déficit de lactasa que nuestro organismo por la razón que sea, no produce en la cantidad que debería.

Cuando la intolerancia es de origen genético se produce una pérdida de lactasa a lo largo de toda la vida (y esto se puede dar también en personas celiacas).  Pero la intolerancia a la lactosa puede ser también transitoria, es decir, nuestro organismo puede producir menos lactasa a consecuencia de problemas que afectan al intestino delgado, como es el caso de la celiaquía, que directamente afecta a las vellosidades intestinales.

Por eso muchos celiacos a la hora de ser diagnosticados presentan esos niveles bajos de lactasa y pueden ser diagnosticados también de intolerancia a la lactosa.

En ocasiones, con la dieta sin gluten y la mejora de las vellosidades, esa intolerancia se puede llegar a corregir o a ser muy leve. Pero en ocasiones no ocurre eso, por lo que un celiaco con intolerancia a la lactosa, además de llevar una dieta estricta sin gluten, tendrá que eliminar también la lactosa de su dieta.

Otra opción terapéutica para las personas con intolerancia a la lactosa son las pastillas de lactasa. Se trata de cápsulas que aumentan los niveles de lactasa y ayudan a descomponer la lactosa y por tanto a digerirla con normalidad. Pero antes de consumir un producto farmacéutico siempre es recomendable consultar con el especialista.


Lorena Pérez

Lorena Pérez

Licenciada en Periodismo, lleva diez años escribiendo en distintos medios sobre salud, ocio y cine. Aficionada a la buena cocina y la buena comida (sólo si es sin gluten), deportista y cinéfila sin remedio, se acerca al mundo de la salud desde un punto de vista amable y riguroso, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los lectores de Knowi.