Esta circunstancia se da desgraciadamente con excesiva profusión en nuestros días y desde luego que es una causa importante de infelicidad y preocupación extrema en el ser humano, un hecho que hemos de saber afrontar para no caer en males mayores.

Juan se levantó como todos los días a trabajar, eran las siete de la mañana y su jornada comenzaba a las nueve, nada le había hecho sospechar que al poco de llegar a su trabajo iba a tener una llamada de su director de recursos humanos para comunicarle que su posición era prescindible, atiborrándolo de un montón de excusas y razones y entregándole una carta de despido que ponía fin a más de 20 años de dedicación y esfuerzo.

Esta circunstancia es tan solo un ejemplo de la insensibilidad de la sociedad que hemos sido capaces de generar, hoy en día se prima el individualismo y el egoísmo que lleva asociado, amén de otros contravalores que hacen al individuo mucho más infeliz ya que contribuyen a perder el valor de las cosas auténticas y el sentido de la vida.

Nos hayamos inmersos en una sociedad que hace del hedonismo y del culto al ser humano y al individualismo más radical un valor pujante que trata de contagiarnos a todos, hoy por hoy hemos abandonado o al menos nos hemos alejado de valores que lo fueron en otras épocas y momentos pero que desde luego hoy no están muy de moda, la solidaridad, el ponernos en el lugar de otro, el afecto sincero, el diálogo reflexivo y pausado que trata de ayudar al que más lo necesita, la relación de proximidad y complicidad con nuestros congéneres se va perdiendo a favor de otra cultura mucho más expuesta a ese individualismo al que hacen referencia los expertos.

Por el contrario a lo que debería acarrear esa nueva cultura o tendencia vital, en vez de procurarnos mayores niveles de felicidad y confort, provoca justo lo contrario, competitividad, estrés, ansiedad, angustia vital, sentido de frustración, desorientación y ahogo o sensación de falta de aire y espacio en nuestras vidas.

Quizás por todo ello los fenómenos de ansiedad secundaria a circunstancias adversas como la pérdida de un puesto de trabajo o de un ser querido, entre otras, son desgraciadamente cada día más frecuentes y de hecho es una de las patologías más vistas y evaluadas en las consultas médicas, hasta un 18% de la población estadounidense y un 20% de la población española pueden estar afectados por este tipo de desórdenes.

Todo su cortejo sintomático basado en preocupación y embotamiento mental, palpitaciones, respiración rápida, sudoración, temblor, sensación de inestabilidad y mareo, sequedad de boca, cansancio, cierta disfagia o dificultad para deglutir, etc… hace que el individuo sienta un ahogo vital que ensombrece más si cabe su estado de ánimo, pudiendo complicarse en ocasiones con fenómenos de depresión reactiva o llegado el caso con otros problemas de salud vinculados a la denominada medicina psicosomática.

Llegados a este punto la consulta con el especialista se hace indispensable, además de procurar poner en marcha una serie de hábitos que nos ayuden a controlar este proceso, teniendo muy en cuenta que lo que alivia el estrés no es igual para todos, pero es indispensable para superar esta situación hacer ciertos cambios en el estilo de vida, este es sin duda el mejor comienzo, un pensamiento positivo, una alimentación saludable, evitar productos como la cafeína, la ingesta de alcohol o el tabaco, encontrar un cierto equilibrio en la vida personal a través de técnicas de relajación y meditación que identifiquen las causas, procurar equilibrar la vida personal y profesional al máximo dedicando espacios de tiempo a la familia, los amigos o los “hobbies “, etc.

Por último, buscar a alguien de confianza que sea capaz de escuchar pueden ayudarnos sobremanera. Con frecuencia, simplemente hablar con un amigo o un ser querido es todo lo necesitamos para sentirnos mejor, por último los grupos de apoyo y líneas de ayuda pueden contribuir a generar un alivio en los desencadenantes de este tipo de situaciones que en mayor o menor medida afectan a buena parte de la población.


Diego Mugarza

Diego Mugarza

Licenciado en administración y dirección de empresas, master en marketing y direccion comercial. Amante de todo tipo de deportes, de la musica, la naturaleza y viajero empedernido. La felicidad es su objetivo de vida, entiende la salud como una herramienta más para poder llegar a ser feliz.