Andamos a vueltas con la conformación del nuevo Gobierno para nuestro país, todo es hablar de proyecto y no de sillones, de poner encima de la mesa propuestas y no cargos ni tampoco nombres; eso siempre está bien, se incline la balanza finalmente hacia donde se incline, incluso aunque haya unas nueva convocatoria de elecciones que también entra dentro de lo posible.

De este periodo hemos aprendido un nuevo concepto, y no es otro que el de las tan nombradas “líneas rojas”, ya sabíamos por otras ocasiones aquello de los “cheques en blanco” y nos quedó claro su significado, pero la verdad es que lo de no traspasar ciertas “líneas rojas” es un término que hemos recuperado para la ocasión y que nos permite echar un vistazo histórico para tratar de alcanzar su origen.

El corresponsal William Howard Russell utilizó el concepto “The thin red line”, la delgada línea roja, durante la guerra de Crimea en su reportaje de la revista The Times que hacía referencia a la batalla de Balaclava de 1854, donde una fila de no más de quinientos soldados con casacas rojas del regimiento escocés de infantería consiguieron repeler una carga protagonizada por miles de soldados de la caballería rusa.

Por su parte el concepto “red line” o “línea roja” parece que encuentra sus orígenes en el mundo de la aviación, en concreto en el siglo pasado, en la época de los años veinte, momento en el que se colocaba al parecer una marca o raya de color rojo en los anemómetros de los aviones, marcaba la velocidad máxima a la que podía obligarse al avión dentro de sus cualidades y características técnicas, velocidad que no podía rebasarse en ningún caso.

El término “redlining” fue utilizado también por algunos sectores industriales en el siglo pasado especialmente para determinar los entornos y zonas de exclusión o de alto riesgo para sus negocios respectivos. Se podía considerar como una especie de estrategia discriminatoria dirigida a algunos ámbitos de población de controvertida solvencia.

Si hoy hay una supuesta línea roja es precisamente la de reconocer la ingente y necesaria aportación del sector privado en sanidad, no solo al Sistema Sanitario en su conjunto sino al desarrollo de España en términos de riqueza (PIB), empleo, innovación, investigación, desarrollo de estructuras e infraestructuras productivas, “redarquía” o trabajo en red, internacionalización, contribución social, etc…

Por último según reza también en el boletín terminológico de la UE, las “líneas rojas” suelen hacer referencia a los vetos políticos, tabúes y principios que en ningún caso se pueden transgredir o a los puntos intocables en una negociación”.

En cualquier caso lo que sí parece claro tras este breve reojo al pasado es que las líneas rojas parecen ser en política aquellas que no se deben traspasar bajo ningún concepto si es que no se quiere “entrar en pérdida” como en los aviones y dar al traste con las “características técnicas” del aparato, que no es otra cosa en este símil que la idiosincrasia fundacional y razón de ser de la formación política que sea.

Como médico y como profesional que lleva toda su vida prácticamente en el entorno del emprendimiento privado en Sanidad tengo la sensación de que si hay una supuesta línea roja que concilia a unos y otros dentro del rico espectro político de nuestro país es precisamente la de reconocer la ingente y necesaria aportación del sector privado en sanidad, no solo al Sistema Sanitario en su conjunto sino al desarrollo de España en términos de riqueza (PIB), empleo, innovación, investigación, desarrollo de estructuras e infraestructuras productivas, “redarquía” o trabajo en red, internacionalización, contribución social, etc…

Es difícil encontrar a alguien que no pertenezca al sector del emprendimiento privado, que sea capaz de reconocer en público y mucho menos ante sus electores lo que de positivo tienen estos contextos de desarrollo. Sectores como el de la industria farmacéutica, la farmacia, la industria biotecnológica aplicada a la salud, la sanidad privada en su doble vertiente de provisión y aseguramiento, la industria de tecnología sanitaria, el sector de las TIC aplicadas a la salud (Tecnologías de la información y la comunicación), etc…. así como todos los entornos empresariales que dan servicio directo o indirecto a todos estos ámbitos de alta especialización profesional, contribuyen con su esfuerzo y resultados al impulso de nuestro liderazgo internacional como país.

A muchos dirigentes y políticos se les llena la boca cuando hablan de turismo, de automoción, de grandes infraestructuras, de energía, de transporte, de telecomunicaciones o de nuestro sector financiero y eso está muy bien, pero sin embargo, yo al menos, no percibo esa misma consideración y énfasis hacia el sector privado de la salud. Da la sensación de que la mejor manera de manifestar cierto desapego hacia él es tratando de ocultarlo, no haciendo mención alguna sobre su relevancia y ensalzando en todo caso la vertiente pública del sistema.

shutterstock_123448414Una prueba de concepto está en el tiempo que se ha dedicado al capítulo sanitario en los grandes debates políticos de las últimas elecciones y dentro de él a los guiños tendentes a estimular la inversión de capitales relacionados con este sector en nuestro país, mis oídos al menos en este aspecto concreto no han escuchado nada salvo una reivindicación perenne del carácter público de la sanidad, lanzando mensajes en contra de las bondades de los modelos de sinergia y colaboración existentes, renegando de ellos, en definitiva apostando por todo lo contrario a lo que sucede en los países más desarrollados de nuestro entorno, países que por cierto demuestran con resultados el por qué ocupan las posiciones más destacadas en los diferentes estudios y ranking sanitarios de la Unión Europea.

En fin, supongo que este es el sino que nos toca a los miles de profesionales que trabajamos en empresas y organizaciones dentro del sector del emprendimiento privado en sanidad. Todos nosotros pagamos y contribuimos a sacar adelante a nuestro país en base a afrontar nuestras obligaciones tributarias, aportamos nuestro esfuerzo y conocimiento como los demás, y como el resto tenemos la esperanza de que algún día nuestro trabajo y dedicación sea reconocido públicamente sin líneas rojas, por lo tanto sin vetos políticos, ni tópicos, ni tabúes.

El nuevo modelo económico basado en la especialización y el conocimiento que precisa España requiere que el esfuerzo de todos sea reconocido no solo por nuestra sociedad, sino también por nuestros políticos que se encuentran remisos a reconocer que esta supuesta línea roja debería haberse borrado ya hace tiempo.

 

 

Dr. Fernando Mugarza

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Soy médico (doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid), Médico de Familia y algunas cosas más relacionadas con la comunicación y la empresa. Me gustan cuatro cosas en las que me vuelco, mi familia, mis amigos, un buen viaje a cualquier lugar y una buena mesa, eso sí, con tertulia incluida… ¡Ah!, me encanta escribir, la comunicación y montar en bici. Me apasiona mi tierra, Aragón, cualquier día nos vemos por Pirineos caminando por esos vericuetos cargados de historia y leyenda.