La lepra siempre ha sido más que una enfermedad contagiosa. Se consideraba como una dolencia de cuerpo y alma, con consecuencias desastrosas para las personas infectadas. La enfermedad y las deformidades por ella ocasionadas a menudo se veían como un castigo de Dios, de manera que la sociedad trataba la lepra aislando a los pacientes en pueblos aparte por miedo a que se extendiera la enfermedad. Los más pobres entre los pobres eran las personas más afectadas por la lepra y por el estigma vinculado a esta enfermedad. Se les dejaba sin medios para ganarse la vida y se les obligaba a vivir en colonias de enfermos de lepra con poca ayuda económica y de personal.

La lepra ya era conocida por las antiguas civilizaciones de China, Egipto y la India. La primera referencia escrita a la lepra se remonta aproximadamente al año 600 a.C. A lo largo de la historia, los afectados por la enfermedad se han visto condenados al ostracismo por sus comunidades y familias.

En el pasado el tratamiento de la lepra era distinto. El primer avance importante se realizó en los años cuarenta con el desarrollo de la dapsona, medicamento que detuvo la enfermedad. No obstante, la larga duración del tratamiento, de años o incluso durante toda la vida, dificultaba su cumplimiento. En los años sesenta, M. leprae empezó a desarrollar resistencia a la dapsona, el único fármaco contra la lepra conocido por entonces. A principios de los años sesenta se descubrieron la rifampicina y la clofazimina, los otros dos componentes de la triple terapia combinada (MDT).

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En 1981, un grupo de estudio de la Organización Mundial de la Salud recomendó el MDT con dapsona, rifampicina y clofazimina, que elimina el patógeno y logra la curación del paciente. La MDT cura a los pacientes de lepra, interrumpe el contagio de la enfermedad y previene las discapacidades. Incluso los pacientes con la modalidad más grave de lepra experimentan una mejora al cabo de unas semanas de haber empezado el tratamiento. Gracias a la MDT y a una dedicación internacional con numerosos implicados, más de 14 millones de personas han podido superar la lepra a lo largo de los últimos 20 años, reduciendo así la carga mundial de la enfermedad en un 95%. La prevención se basa en evitar el contacto físico cercano con personas no tratadas.

lepraSegún de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo se notificaron en el último año 215.656 nuevos casos de lepra (siendo la India el país con más casos) lo que significa un 7,4 por ciento menos respecto al último balance registrado. En España en los últimos años se dan menos de 15 casos al año, según estimaciones de Anesvad.

La lepra está causada por el microorganismo Mycobacterium Leprae. No es muy contagiosa (de difícil transmisión) y tiene un largo período de incubación (tiempo antes de que aparezcan los síntomas), lo que hace difícil determinar de dónde o cuándo se contrajo la enfermedad. Los niños son más susceptibles que los adultos a contraer la enfermedad. La lepra tiene dos formas comunes, la tuberculoide y la lepromatosa, las cuales tienen subdivisiones adicionales. Ambas formas ocasionan lesiones en la piel, pero la forma lepromatosa es la más severa y produce grandes nódulos deformantes y protuberancias (nódulos).

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Todas las formas de la enfermedad llegan a causar daño a los nervios de los brazos y piernas, lo que provoca pérdida de sensibilidad en la piel y debilidad muscular. Las personas con lepra de duración prolongada pueden perder el uso de las manos o los pies debido a las lesiones repetitivas ocasionadas por la falta de sensibilidad.

Los síntomas incluyen: lesiones de la piel en forma de despigmentaciones ligeras, disminución de la sensibilidad al tacto, calor o dolor, lesiones que no sanan después de varias semanas o meses, nódulos, entumecimiento o ausencia de sensibilidad en las manos, brazos, pies y piernas, úlceras cutáneas deformantes, debilidad muscular, etc…

La lepra es común en muchos países del mundo, especialmente en los climas templados, tropicales y subtropicales. Aproximadamente 100 casos cada año se diagnostican en los Estados Unidos. La mayoría de los casos se limitan a los estados del Sur, California, Hawai, EE.UU. y las posesiones insulares.

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La mayoría de los países que los que la enfermedad era endémica han llegado prácticamente a su erradicación (que se define como una tasa de prevalencia registrada de <1 caso / 10 000 habitantes). Durante el año 2007, tanto la República Democrática del Congo como Mozambique, llegaron a conseguir este hito. Los pocos países que aún quedan están muy próximos a erradicar la enfermedad, sin embargo, los focos de alta endemicidad permanecen aún en algunas zonas de Angola, Brasil, República Centroafricana, República Democrática del Congo, India, Madagascar, Mozambique, Nepal y la República Unida de Tanzania. Estos países siguen estando muy comprometidos con la erradicación de la enfermedad, y continúan intensificando sus actividades de control y seguimiento de la enfermedad.

El principal objetivo de la estrategia de eliminación de la lepra consiste en:

Ampliar dicha triple terapia (MDT) a todos los servicios y centros de salud.

Garantizar que se den pautas adecuadas de MDT a todos los nuevos casos existentes y alentar a todos los pacientes a tomar el tratamiento regular y completo.

Promover la conciencia en la comunidad sobre la enfermedad para que las personas con lesiones sospechosas informen voluntariamente para su adecuado diagnóstico y tratamiento.

Fijar objetivos concretos y calendario de actividades y hacer todos los esfuerzos para alcanzarlos.

Mantener un registro adecuado de todas las actividades con el fin de supervisar el progreso que lleve a la erradicación.

Estrechar la vigilancia por la OMS y por los distintos países.

El Grupo Novartis mantiene un compromiso fehaciente con la erradicación de esta enfermedad y por ello suministra gratuitamente el tratamiento MDT hasta que la lepra sea erradicada. Más que nunca, para “recorrer el último tramo”, se necesita reforzar el compromiso de todas las partes implicadas en la solución de esta enfermedad estigmatizada a lo largo de la historia. Trabajando juntos, sin duda que se puede lograr el objetivo común de convertir la lepra en historia.

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