Los vulgarmente conocidos como sabañones, conocidos en medicina como “eritema pernio”, aparecen en las zonas distales de las extremidades, es decir en dedos de manos y pies, así como en otras áreas acras o distales como pueden ser las orejas o incluso en la nariz.

La etiología no está del todo clara aunque el desencadenante sin duda es el frío, por ello es mucho más frecuente en los meses de invierno y especialmente en personas predispuestas y que estén expuestas a la intemperie. Parece que podría tener alguna relación con otras patologías que presentan un componente inmunológico evidente, como es el caso de la crioglobulinemia y otro tipo de vasculitis caracterizadas por la inflamación de los pequeños vasos, como los que irrigan las partes más distales o acaras de nuestro organismo.

Sea como fuere, lo que sí es evidente es que se produce una inflamación en la zona de la dermis correspondiente a la ubicación del sabañón o eritema pernio. Además del citado rubor o enrojecimiento consecuente a la inflamación, aparecen otros síntomas característicos como por ejemplo el dolor y el prurito o picor. En ocasiones se pueden producir pequeñas zonas de necrosis con alguna que otra úlcera de dimensiones reducidas y alguna vesícula acompañante.

shutterstock_215885287Por lo general, suelen durar entre cinco y siete días pero, como se dan en los meses más fríos, pueden ir solapándose unos brotes con otros, de manera que hay personas que pueden tener sabañones durante todo el invierno.

En relación con el diagnóstico se realiza por la evaluación clínica de los signos y síntomas, así como por los antecedentes e historia clínica del paciente. El tratamiento se basa en medidas físicas de protección frente al frío, así como en caso necesario y bajo criterio del especialista en el uso de vasodilatadores tópicos y en todo caso y para disminuir la inflamación y/o prevenir una posible infección en el uso de corticoides y antibióticos respectivamente también de uso tópico.

En cualquier caso como en todas las patologías el secreto sin duda puede estar en la prevención, especialmente en personas predispuestas o en pacientes con antecedentes e historia clínica evidente. Entre las medidas que los expertos aconsejan para prevenir en lo posible esta molesta afección, se encuentran:

Evitar la exposición a ambientes fríos.

Realizar ejercicio físico con regularidad que estimule la circulación sanguínea.

• Usar ropa aislante adecuada (guantes, calcetines, gorro, etc…).

Abandonar el consumo de tabaco y el alcohol.

• Incrementar la ingesta de alimentos con vitaminas C y A ya que ayudan a restaurar los tejidos dañados.

• Consumir alimentos ricos en vitamina D puesto que contribuyen a mejorar el flujo sanguíneo.

• Aplicar masaje en las zonas propensas que facilite su irrigación.

• Aplicar cremas hidratantes que palíen la sequedad de la piel (en invierno el frío actúa como un secante).

• No exponer las manos ni los pies directamente al calor que desprende la estufa o al radiador. Los cambios bruscos de temperatura aumentan el riesgo de que se generen estas lesiones.

En cualquier caso y ante las primeras lesiones sospechosas, es muy importante acudir al especialista para que las valore, de esta forma facilitaremos no solo un correcto diagnóstico y tratamiento, sino que además evitaremos que se cronifiquen y se puedan llegar a infectar.


Diego Mugarza

Diego Mugarza

Licenciado en administración y dirección de empresas, master en marketing y direccion comercial. Amante de todo tipo de deportes, de la musica, la naturaleza y viajero empedernido. La felicidad es su objetivo de vida, entiende la salud como una herramienta más para poder llegar a ser feliz.