El mundo pierde a un genio. Macondo se queda huérfano. Ayer fallecía Gabriel García Márquez  a los 87 años  por una recaída del cáncer linfático que se le diagnosticó en 1999 y que en esta ocasión se había extendido a pulmón, ganglios e hígado. El escritor y periodista colombiano será incinerado en privado y el lunes se celebrará un homenaje en el Palacio de Bellas Artes de México D.F.

Gabo dejaba este mundo en su residencia de Ciudad de México y junto a los suyos, su esposa Mercedes Barcha y sus hijos Gonzalo y Rodrigo. Había estado una semana en el hospital a causa de una infección pulmonar, según explicó su entorno en un principio a la prensa, y hacía ocho días estaba en casa. En realidad se fue a casa para recibir los paliativos, ya que la infección pulmonar era el cáncer linfático extendido al pulmón, ganglios e hígado. Su familia decidió dejar de someterle a tratamientos agresivos y que pasara los últimos días en casa.

En la casa de la calle de La Palma del barrio de San Ángel. Residencia a la que llegó en los años 50  huyendo de los dictadores colombianos Laureano Gómez y Gustavo Rojas Pinilla. A la casa a la que llamaba “la cueva de la mafia” y en la que nació Macondo y el coronel Aureliano Buendía. “Cien años de soledad es la mayor revelación en lengua española desde el Quijote de Cervantes”, dijo el gran Pablo Neruda. Para escribir la obra cumbre de su carrera y el buque insignia del realismo mágico, Gabo pasó 18 meses encerrado en esa casa. Sólo escribía y fumaba. Hasta seis paquetes al día. Y en 1967 salió a la venta con una tirada de 8.000 ejemplares. En una semana se vendieron todos. Gabo tenía 40 años y alcanzaba la fama mundial. Lejos quedaban los años del joven reportero que estudiaba derecho para tener contento a su padre.

Con Cien años de soledad el mundo conocía a este autor nacido en Aracataca (Colombia) dedicado durante toda su vida al periodismo y la literatura de manera totalmente vocacional. De hecho sus artículos periodísticos son pequeñas joyas de obligada lectura y el estilo periodístico está presente en toda su obra con títulos imprescindibles como Noticia de un secuestro o Crónica de una muerte anunciada. Todas ellas grandes novelas que siempre ayudaban a mostrar un pedacito de América Latina, de su realidad, de su idiosincrasia, de sus costumbres, de su cultura y de sus políticos. Y también de la América Latina de la imaginación del maestro, creando todo un mundo fantástico poblado por personajes que ya tienen vida propia como el coronel Aureliano Buendía, Úrsula Iguarán, Florentino Ariza, el gitano Melquíades, o el Santiago Nassar de Crónica de una muerte anunciada.

Por su universo literario y periodístico, en 1982 recibió el Nobel de Literatura, “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente”. Era así el primer colombiano y el cuarto autor latinoamericano en conseguir un Nobel de Literatura. Su increíble discurso de aceptación, titulado “La soledad de América Latina”  forma parte también de la historia de los premios, y pone de manifiesto la influencia de los abuelos de García Márquez que le inculcaron su amor por los cuentos y la tradición oral, algo que no ha abandonado nunca y su voz, su tono pausado, cálido y marcado, son tan inolvidables como su obra escrita.

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, decía en una entrevista y és esta frase la que da título al primer tomo de sus memorias, Vivir para contarla publicado en 2002 cuando ya había sido diagnosticado del cáncer. Cuando se enteró de la enfermedad que tenía, explicó a la prensa, le entró una prisa terrible y sólo pensaba en trabajar. “Tenía que acabar los tres tomos de mis memorias y algunos cuentos. Tras tres meses de duro tratamiento me dediqué a cuidarme y a trabajar. Me levantaba y escribía sin pausa desde las 8 de la mañana hasta las dos de la tarde”. Vivir para contarla, es el increíble relato de sus recuerdos, del pasado de su familia, de sus abuelos, de sus padres. Su última novela hasta el momento (y digo bien) es Memoria de mis putas tristes (2004), la historia de “amor” de un anciano de 90 años y su concubina adolescente, una novela que le causó problemas en algunos países como Irán o el mismo México donde fue acusado de apología de la prostitución infantil.

El colombiano más importante de todos los tiempos, según el Presidente de Colombia Juan Manuel Santos nos abandona y nos deja a la expectativa de lo que ocurra con su obra inédita, titulada supuestamente En agosto nos vemos. El último trabajo del maestro es una novela escrita hace unos años que según su editor Cristóbal Pera, “es una obra maestra que ha corregido de manera casi obsesiva”. La leyenda en torno a esta obra dice que Gabo escribió seis finales distintos y que guardó en un cajón para ser publicada tras su fallecimiento. Aún queda magia. De esta manera sólo se van los más grandes. Y en Jueves Santo. Descanse en paz, maestro.